viernes, 1 de febrero de 2008

Fin de la autopsia


Terminé la autopsia y llegué a muchas conclusiones. La principal, la más importante, es que sí, en efecto, de todo se aprende. Incluso de la no-ruptura de una no-relación puedes aprender. Admito que estaba cabreada, que me quedé con la sensación de haberme llevado un suspenso injustísimo. Porque hacía exactamente año y medio de una señora ruptura tras una relación real, una de diez años. Porque el dolor de aquella vez fue intenso, ya lo creo. Porque el sentimiento de orfandad, de indefensión, de fracaso, de absoluta y aterradora soledad, me dio vértigo. Porque me asaltaron todos esos miedos que, una vez curada, me parecieron absurdos por completo, pero en aquel momento, sangrando todavía, resultaban auténticos e indiscutibles. Qué voy a hacer. Qué va a ser de mi vida. Cómo voy a superar esto. No sabré vivir sin él, no podré. No seré capaz de ser feliz, sola, después de diez años a su lado. Me falta la mitad del cuerpo, la mitad del alma. Nunca más querré a nadie, nunca sentiré otra vez ilusión por nadie. Quién me va a querer a mí. No habrá otro capaz de sacarme una sonrisa, de hacerme saltar si suena el teléfono. Es imposible. Dónde voy a encontrar a alguien con quien empezar de nuevo, desde cero, construyendo la magia, los secretos, las miradas, las bromas...

Pero pasó. Pasó el dolor, y me levanté cada día, y fui a trabajar, y volví a comer, y a reír incluso, y a pegar saltos en las fiestas de prao, y un día se me quitó el rencor, el odio y el asco porque miré a un tío y pensé: "mmmmmmm..." Y vaya que si supe vivir sola. Y no estaba rota, estaba muy entera. Y me buceé, y me conocí mejor, y entré, salí, y disfruté como una enana de mi nueva vida, mía, sólo mía. Y le perdí mucho miedo al dolor. Aprendí a aceptarlo, a no tragarlo, a llorar si lo necesitaba y blasfemar si me venía bien, con la tranquilidad de que cada momento era único, real y fruto de la fase en curso. Que hoy tocaba querer morir y mañana partirse de risa, y todo era sano y normal. Y que, aunque me empeñara en que no podía ser, aunque se me hiciera eterno, pasaría. Y al mirar atrás pensaría: "no fue para tanto, joder. Aquí estoy". Obviamente, ya daba esa lección por sabida. Me habían dejado para septiembre, pero al final había aprobado. Así que me convencí de que el curso siguiente sería estupendo. Pero no. Llegó un nuevo golpe y me pareció innecesario, cruel, injusto. Por qué me hacían repetir? Ya me sabía todo eso del desamor, de las fases, del dolor atroz, de la curación, de que no se acababa el mundo... Qué más tenía que aprender?

Pues aprendí. Aprendí otra vez y mucho más que otras veces. Esta vez no me conformé con bucear, me saqué las tripas. Vi cosas mías que me encantaron. Decidí que era mucho mejor persona, más feliz, más sabia, más lista, más guapa, mejor que la de antes. Hasta aprendí a quitarme las púas cuando no eran necesarias. Sigo con mi lucha personal contra la ira, la impaciencia, el pesimismo, ya sabéis, todo eso del karma. Creo que soy menos intratable. Que estoy aprendiendo a dominar el carácter ese de la puta que me parió, aunque aún me queda mucho camino. Pero es que, además, también vi cosas que no me gustaron nada, cosas que no sabía de mí, cosas menos evidentes que la mala leche. Y me hice mi propio código.

Soy una completa imbécil cuando me enamoro. Tengo el síndrome de Wendy y voy por la vida recogiendo a los Niños Perdidos, cuidándolos cuando están rotos y viendo cómo se van después. No pido nada y lo doy todo, con la esperanza de que me quieran, de ser digna de ser amada. A toda costa. Soy sumisa. Debajo del mal genio, de la rebeldía, de cuestionarlo todo, de no ceder en mis parcelas sagradas, debajo de las púas, había una completa imbécil, una yonqui de las mariposas, una vampira famélica que desangraba el amor hasta volverlo ceniza. De qué servía el silencio, la entrega, el "lo que tú quieras", el darles a ellos las riendas, el adaptarme a sus necesidades, el pavor a pedir, a molestar, a invadir, el exigirme ser la más solícita, la más tolerante, la más comprensiva, la mejor amiga, nada de escenas, nada de morros, nada de celos, no pidas, no reclames, no molestes, quizá así te llegue a querer, de qué me servía todo eso, si al final lo confundían con miedo, con indiferencia, o si lograban oler el hambre voraz de la vampira? Supongo que unos no me quisieron porque les hice creer que no hacía falta. Y otros, los más listos, alcanzaron a ver la monstruosa dificultad, el terrible esfuerzo de dar a quien no pide, de hacer feliz a alguien que teme no merecerlo, de querer a alguien que parece no necesitarlo y que lo clama por cada poro, que nunca tendrá bastante, que siempre estará hambrienta y aterrada.

En cualquier caso, se acabó. Estoy harta de Niños Perdidos. De consentirlos, de mimarlos, de enternecerme con sus heridas, de curarlos, de aceptar sus "ahora no puedo comprometerme". Soy lo bastante inteligente como para saber que no existen los Príncipes Azules, pero me niego a seguir durmiendo con ranas. Me niego a que me salten. A ser una tirita entre la anterior y la siguiente. Me niego a pagar por las heridas que les causaron otras. Y me niego a cicatrizarlos para que los disfrute la próxima. Sobre penas de amor ninguno va a enseñarme nada. Tengo miles. Y no por eso culpo al nuevo. Ni busco una metadona que me consuele hasta que llegue alguien mejor. A partir de ahora, las cartas se pondrán boca arriba desde un principio. No quiero enfermos ni mutilados. Ni señales de prohibido con la primera copa. El que sólo quiera sexo, eso tendrá. Sin quedarse al desayuno, sin cafés, sin contarme su vida. Si no te conozco no cometeré el error de quererte. Dejémoslo todo claro. Por mi propio bien y por el tuyo. El que quiera quedarse tendrá que venir sin equipaje. Ni rencores viejos, ni tragedias griegas, ni miedos egoístas. Para todo eso, al psicólogo. No creo que sea tanto pedir. El que quiera quedarse no tendrá que aparecer con un anillo, pero al menos que no traiga un mantra. Alguien que se quede, sin más, con la sencillísima promesa de que, si la cosa va marchando bien, si nos gustamos, veremos qué sale. Alguien que no me plante un "no" como carta de presentación. Alguien que no tenga miedo a que pueda ocurrir, a que pueda funcionar. Tal vez a los dos días nos tiremos la vajilla, o no haya magia, o todo se quede en nada. Bien. Pero quiero a alguien que venga sin lastres, alguien que no me espete: "hagas lo que hagas, me empeñaré en no quererte". A eso, señores, ya no juego.

Esto es lo que pido, esto es lo que doy, esto es lo que hay. Sin trampas, sin máscaras, sin partidas de ajedrez, sin dejarme el alma para nada, confiando como una imbécil en que, al final, lo mismo me merezco una caricia. Por primera vez en mi vida voy a poner las reglas. No pienso apostar con los ojos cerrados. No quiero ambigüedades. O una cosa o la otra. Nada de terminar con los deberes de una novia y ningún derecho. Nada de jugar al escondite. Nada de "déjame, no me abandones". Nada de "eres la mejor, pero me voy con otra". Soy lista, soy medianamente mona, soy divertida, soy buena amiga, la mejor escuchando, soy buena enfermera, tan "buen colega" como el mejor de los tíos, soy abierta, osada, peleona, me dejo la piel cuando quiero a alguien, entiendo todo, respeto todo, no invado, no monto escenas, no quiero regalos en San Valentín y soy cojonuda en la cama. Y no muto en ogro cuando me dan título de pareja. No cambia nada. Soy la misma. Soy tan buena como cualquiera y mejor que muchas. Así que no voy a consentir que ningún imbécil vuelva a saltarme.
Acabo de matar a Wendy.

14 comentarios:

Anónimo dijo...

Ole, ole y requeteole. Me parece estupendito oiga. Di que sí.

Marechek.

Anónimo dijo...

Me alegro!

Y Wendy...que descanse en paz!

Quercus

Wendy Pan dijo...

Perdona bonita..., pero Lucas (pan) me quería a mi!

Una cosa es matar el "sindromé wendy" y otra matar al mensajero.., digooo al portador del anillo..., lechesmaricarmen al portador del nombre.

Lenka dijo...

Pero a ti no, boluda. He matado a mi Wendy. Ya sabes. La mía particularísima. La tonta esa del bote que algunas llevamos dentro. Y que, en el colmo de la desfachatez, te había robado el nombre!!!!

Vamos, cómo se me iba a ocurrir a mí cargarme a la Princesa Mapache??? Ni hablar del peluquín.

;-)

Anónimo dijo...

Me alegro. Wendy D.E.P. Yo lo intento con la mía particular, pero la jodía parece inmortal... Di que sí, con dos cojones. Besos. Carlota.

Rogorn dijo...

Juas, Lenka Wendycida.

Pero todo esto lo confirmaremos cuando llegue(n) el/los siguiente(s). ;)

Cojonuda en la cama... Hmmm... Jeje.

Lenka dijo...

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!!!! (Y eso que aún me quedan las dos abuelas!!!)

;-)

Alberich dijo...

Ok.
Pero lo de "cojonuda en la cama" tendrás que dmostrármelo...

;-)

Lenka dijo...

Maaaaadre, cómo está el patioooooo!!!!

;-)

Guaja dijo...

Ay, Le, ¡que alegria me acabo de llevar con tu entrada!.
Pon tus normas, tus cartas sobre la mesa, y no te encariñes de ranas, que en un segundo pegan un salto y desaparecen.

Se acabo de estrategias eternas para no saber si estas logrando lo que quieres. Basta de darle mil vueltas a un mensaje, a una frase o a un puto gesto.
Y a tu Wendy, una patada en el orto y la mandamos a la puta que la pario.

Animo Le, esa puerta ya casi no existe!! ;)

corsaria dijo...

Qué buena noticia, Len!!! Muerte a la Wendy esa!!! Y después, a releer tu post a ver si aprendo yo...

Lenka dijo...

Claro que lo aprenderás, Socia. Es cuestión de decidirse. Por aquí, no. Innegociable. Total, qué nos cuesta? Hay que plantarse antes de quererles, hermana. Si esperamos media hora, se nos va al carajo. Porque somos unas taradas. Porque primero les jodemos a ellos y luego dejamos que nos jodan ;-) Y, en el colmo de la estupidez, encima les terminamos queriendo!!!!

No, no sirve, hay que plantarse antes. Cuando aún no se les quiere. En plan Alatriste. "Hay unas reglas". No piden otras? Pues nosotras también. (Además... no dicen que les encanta lo difícil???? Leña. Sin piedad!)

Corsaria dijo...

Seguiré esos sabios consejos, Socia!!! Mientras practico (porque supongo que, como siempre, la práctica hace al maestro) me sigo alegrando de tu alegría!

Nebroa dijo...

Joder lenka... Es impresionante este texto. Es afirmación, es seguridad, es directo, es la esencia plena de lo que busco. Hay una Ana, aun pequeña que puede esbozar eso, y la haré más grande. Joder, quiero hacerla más grande. Esas palabras son para imprimirlas, quiero que sean mias, que se repitan cien veces, mil, siempre...
Que gracias, gracias y de nuevo gracias...