lunes, 31 de marzo de 2008

Yo soy la otra, la otra...


Avilés es el Santo Job, sin ninguna duda. Obra milagros con su bendita paciencia. Que los Valar le colmen de gracias por regalarnos la primera noche tranquila en siglos. Os he dicho ya que, al fin, he conocido a Elvis? Es uno de los seguratas. Como una cabra, os lo juro. Da más guerra que los propios monstruos. Te despistas un momento y organiza un sarao en los dormitorios bailando la danza del vientre. Los chiquillos se parten el eje. No sé yo qué clase de autoridad les va a imponer un tipo que imita a Rambo y a Chiquito de la Calzada. Esto no es serio. Pero bueno, al menos hay buen rollo... Se fue Huelva y llegó Málaga (esta casa parece la ONU) Y éste viene para quedarse, al menos un año. Tiene unos ricitos negros y unas pestañazas pa caerse de espaldas. Cosa fina. La pena es que, igual que Augusto y Harry Potter (lo juro, tengo de segurata a Harry Potter) ya ha sido convenientemente advertido por Elvis de que a la Morena ni mirarla. Supina escojonación entre los Men in Black. Hala, otro. Para la colección. Este lo cambio encantada, por si a alguna le interesa.

Pero bueno, hoy no quería yo hablar de curro. Vamos a desarrollar una de mis absurdas teorías, que, como todas las mías, me salen por la boca sin pensar y sin que tenga la más remota idea de por qué, ni de dónde salen. La cosa empezó charlando con Hulk y se matizó charlando con el Peque, que asentía con la cabeza declarando "curioso... curioso... pos lo mismo va a ser eso, tía". Resulta que me dio por pensar que, antiguamente, los hombres tenían querida por un motivo muy obvio. Dejemos a un lado la cosa del rey de la selva, el harén, la conquista y demás, que me temo que nunca cambiará porque es cosa de genes, o vaya usted a saber. Hablemos de costumbres, de la parte social del asunto. Nuestros padres, nuestros abuelos, tenían querida para suplir ciertas cosas que no les daba su santa esposa. Y que no les daba porque estaba feo. Tampoco a ellos se les habría ocurrido pedírselas. Hablamos de sexo, evidentemente. De la parte divertida, además, la que se consideraba sucia y viciosa. Parece claro que ningún tío de nuestra generación está en condiciones de lamentarse por tal laguna erótico festiva (salvo que se haya echado la novia más rara del mundo) Las tías hacemos de todo y con gusto. Gracias a los dioses, por otra parte. Ya no es pecado, y si lo es, mejor.

Pero hete aquí que me encuentro con una realidad asombrosa. Que soy la querida, y lo he sido muchas veces, pero en cuanto me dan ese título desaparece el componente sexual. Por eso mismo, claro, porque la novia, la oficial, ya se encarga del asunto sin complejos. Que las hay con suerte. No, resulta que a mí me buscan para otras cosas. Para charlar. Para reírse. Para los secretos escabrosos. Para los miedos y las dudas. Para las verdades incómodas que ninguna novia parece querer oír. Para esos temas de conversación que ellas encuentran un peñazo. Para quitarse según qué máscaras, dejar de meter barriga y ponerse machos, pero muy machos, aunque sin sexo, quede claro. Conclusión: no era bastante con ser la mejor amiga, la perfecta ex, el rollete eterno, la inquerible inolvidable, la nunca novia... encima soy una querida emocional!! Se trata de un extra inherente a toda Wendy??? Impresionante documento, oiga. Y ni un mal polvo que compense tanta lealtad... Es o no es para cabrearse???

viernes, 28 de marzo de 2008

Un propósito

No se me apasillen


Sienta bien descansar. Aunque se me hayan terminado los capítulos de CSI, aunque me jodan el jueves con la maldita reunión. Pero no me quejo. Pude ver a Custom y despedirme de Alicante. Disfruta de tu aventura, niño. Mándanos postales para matarnos de envidia. A cambio, prometemos buscar a fondo tu alianza (anda que ya te vale, colega, perder el anillo en semejante cueva de avispados, y a dos días de irte... tu mujer te despelleja!) Más alicientes? Las bromas de Boabdil (te echaba de menos, cabronazo) y, al fin, luz verde para denunciar a Chiqui. Os aseguro que cruzo los dedos para que la amenaza haya sido suficiente. Creedme, no quiero llegar a ciertos extremos. Pero lo haré si no queda más remedio.

Noche de puterío con el porteño, las italianas, el mexicano, el polaco y la madre que los reparió. Y algún que otro chocolatín de esos que hacen que la heterosexualidad de una, como poco, se ponga en entredicho. Qué cuerpo tienen algunas, por los dioses!!!!

Mañana, más descanso. Un café con el Dalai Lama. Posibles cañas con una pariente lejana, y muy cercana. Cena con la Masturpandi (eso mejor os lo explico otro día) Puede que incluso copas, si me suelto la melena.

Semana curiosa. Dos nuevos bebés en camino. La sorpresa de tu mensaje y la oportunidad de vernos, tan normales ya y tan extraños todavía. Con el interés añadido de ser tres, que se pasa mejor. Gracias por intentarlo, por andar por algún rincón de mi vida y no querer salir. A veces es un problema, pero es mío. Y me compensa.

Mientras escribo todo esto, Hulk me envía mensajes al móvil. Son casi las tres de la mañana y el tipo me pide que me tiña el pelo de violeta. Cuando le explico que, lamentablemente, estoy convencida de que a Shakira le queda mejor que a mí, me responde que prefiere mil veces a Lenka sin color que a Shakira de violeta, aunque eso sólo represente un cuarto de sus razones. Alguien podría explicarme qué les pasa a los tíos últimamente??? Por qué están tan raros??? Por qué les ha dado por hablarme en clave??? Qué quieren??? Y, lo más inquietante, por qué todos parecen querer algo??? No recuerdo la última vez en mi vida que tuve tanto éxito!!! Será la primavera??? Calor no hace, bien lo saben los dioses... Qué ha cambiado en tres meses, sin que me diera cuenta??? No puede ser sólo por el pelo... verdad??? Era así de fácil y yo sin enterarme??? Por qué nadie me lo dijo antes???

Momento "autoestima estupenda". Foto al canto.

martes, 25 de marzo de 2008

Primera rendición

Otra nochecita bereber... Como ya viene siendo costumbre, los principios parecen tranquilos. Salvo por el cabreo de Hulk, a quien la jefa le ha dicho que le toca doblar turno toda la semana, lo que significa entrar a las tres de la tarde y salir a las nueve de la mañana del día siguiente. Cherokee hace un perfecto análisis de la situación: "tío, tú siempre aquí! Tú aquí tardes, tú aquí noches, tú aquí mañanas... tú vas a morir en este curro!!!" El pequeñín está como para recogerlo con pala. Criaturita. Hay pescado para cenar (bueno, total, ya no recuerdo la última vez que esa banda de fieras me dejó tiempo para llenar el estómago, una noche más no importa) y Hulk es alérgico. Dada la deprimente situación, me anuncia con voz lastimera que va a proceder a suicidarse. Me lo tomo a rechifla, claro. Pero no. El tarado mental (carbayón tenía que ser) se zampa un trozo de pez infecto y, casi de manera instantánea, empieza a llenarse de ronchas. Me alarmo ligeramente cuando me pregunta: "has visto la peli de La Mosca??" Tapum dima cabronazo, tú lo que quieres es ponerte enfermo y dejarme sola! Los chiquillos alucinan ligeramente cuando ven el espectáculo. Hulk encerrado en el baño (las manillas rotas son un peligro) aporreando la puerta, Huelva y yo partiéndonos de risa fuera. Cuando al fin me compadezco y libero al mutante, me agarra por el cuello al grito de: "mala mujer!!" lo que hace que los monstruos alucinen todavía más.
Todo es alegría y buen rollito. Fumamos un cigarro en el porche oyendo las batallas amorosas de Mudito. Aparece Rambo (al principio pensábamos que, sencillamente, era más pesado que una vaca en brazos, que sí, que lo es, pero ahora, además, tenemos claro que le falta un hervor y no rige mucho más allá que Bobo) y empieza con su cantinela de siempre. "Morena buenas noches trabajo cuenta Hulk chicos ruina nunca tranquilo yo solo ver película". Traducidlo si osáis. A lo que se refiere el angelito es que yo, que lo sé bien, debo contarle a mi compañero las trifulcas que montan los chicos cada noche en el salón, y cómo no dejan que el pobre Rambo vea sus películas en paz, esas películas que se compró con su paga y nos hace tragar cada maldita noche (Rambo I, Rambo II, Rambo III y un bodrio de Jackie Chan). Os habéis quedado con la frase? Pues imaginad esto repetido doscientas mil veces cada noche. Ayer, además, teníamos una variante: "compra Hulk prisa rápido tienda pequeña no quiero pantalón". Ahí queda eso. Me mata este crío. Lo juro. Por si no era bastante con darnos el coñazo, de repente se empeña en que la sudadera que lleva Mudito es suya. Mudito le explica con calma que no, que se equivoca, que esa sudadera se le regaló un amigo de otro centro. La respuesta de Rambo es un cabezazo en plena cara. Ya está liada.
Si ni siquiera Hulk es capaz de separar a los dos micos, os podéis imaginar lo útiles que resultábamos Huelva y yo. Me dio tiempo a calcular que lo mismo me llevaba otro gancho, pero la verdad es que no sirvo para estarme quieta. Además, ya vienen los refuerzos escaleras abajo. Melé, para variar. Al montonín. Distingo a Chino en la refriega, que me mira pasmado y espeta: "pero otra vez?" Otra vez, campeón. Lo estáis poniendo de moda. Y estos dos ni siquiera consumen, así que... Casi me da un síncope cuando veo que Rambo se pone a escupir dientes. Me quedo pálida. No me puedo creer que se hayan dado hasta ese extremo. Estoy completamente paralizada ante la magnitud de la escabechina, convencida de que se me ha desgraciado un chiquillo. Hulk me tranquiliza por lo bajo: "son postizos. No lo sabías?" No, no lo sabía. Pero ahora sé que aquí el Rambo debe tener un problema de actitud cuando ya nos llega así de Tánger. Sin piños. Consigo apartar a Mudito, que está fuera de sí, como nunca le habíamos visto. Tiene toda la cara arañada, un ojo hinchado, sangra por doscientos sitios. Me encierro con él en la sala de educadores y ejerzo de educadora, chantajista profesional y enfermera. Me asegura que va a matar a Rambo. De alguna manera, no sé cómo, consigo quitarle la idea de la cabeza y mandarlo a la cama.
Muy orgulloso de la que acaba de liar, Rambo sigue dando la paliza con sus jodidas pelis. Se me crispan hasta los dedos de los pies y le espeto que si no se mete en su habitación antes de diez segundos no volverá a ver una televisión cerca hasta que me den la jubilación. Como lo único que le interesa a este cafre en la vida es la caja tonta, la amenaza funciona. Una vez separados los boxeadores, podría parecer que todo quedará en calma. Pero no, Chiqui y Fritz aprovechan ese momento para sobarme más que a un pasamanos. Se me acaba la paciencia. Los aparto a empujones y les aseguro que la próxima vez que me pongan una puta mano encima, los denuncio. Fritz se pega a la pared y sale por patas (ya me imaginaba que no sería tan difícil disuadir al enano) pero Chiqui me mira de arriba abajo y lo encuentra muy gracioso. Bien. Vale. Si te crees que esto no va a pasar de palabrería, lo tienes claro. A lo mejor el juez lo encuentra gracioso también. Dejo a Hulk medio desmayado en el sofá y me las ingenio para que todos se acuesten. El resto de la noche, asumo el mando. Sé que algunos se están poniendo ciegos en su habitación, pero Hulk no está en condiciones de seguir la guerra, y, mientras no toquen más las pelotas, por mí se pueden beber el puto disolvente. Paz y tranquilidad y sólo es la una y media. Al menos podremos dormir unas horas. Me comprometo a madrugar yo sola y despertar a los estudiantes, darles el desayuno y toda la pesca. El mutante, conmovido, me asegura que soy la Reina del Mambo, que me adora, que soy la mejor y que me va a erigir un monumento en la puerta. Tío, qué esperabas? Yo ya no pringo hasta el sábado, y tú vas a doblar hasta caerte. Solidaridad ante todo.
Mañana tranquila. Me reencuentro con Alicante, que vuelve de sus vacaciones. Achuchones varios. A renglón seguido, me confiesa que lo deja. No puede con esto, está harto, su chica no encuentra curro y han decidido atreverse con un proyecto que tienen aparcado hace años. Se largan a sudamérica, mochila al hombro. De Tierra de Fuego a Cuba. Sin prisa, sin planes. Me deja con la boca abierta. Le aplaudo la decisión pero no me privo de montar la escenita. Deleitamos a Hulk con todo un melodrama. Me dejas, Alicante de mi corazón? Me dejas para irte de aventura por el mundo? Quién nos va a hacer caricaturas ahora? Quién me va a matar de risa blasfemando contra esta tierra en la que "llueve de lado"? Con quién voy a hacer guerras de piropos? Quién me pagará ahora todas esas apuestas de "ya verás como te pongo colorada", seguidas de una burrada mía, tu cara color granate y un quejumbroso "venga, vale, ganaste otra vez"? Quién nos va a dejar anónimos amenazantes en el ordenador? Quién nos contará chistes escatológicos? Quién, salvo tú, tendrá ese salero al decirnos "guapa", "reina" y "morenaza"? Quién te sustituirá ahora haciendo diagramas en forma de espinas de pescado? Quién nos va a regalar el oído con lo de que las asturianas somos las tías más guapas de España? Quién me va a dejar en la taquilla dibujitos de Lenka en plan guerrera gótica y vampira siniestra? Tragedia sin precedentes en El Ñeru. Se nos va uno de los mejores, y, para más inri, el más guapo. Con quién voy a pastelear yo ahora? El mutante, no sólo no nos aplaude el teatrito, sino que, encima, nos echa una mirada asesina y espeta: "qué buen despertar tenéis todos, no? Cuánto amor y buen rollo, majos, qué asco!!" Desde luego... qué poca sensibilidad.
Se me va Alicante y, aunque me alegro por él, esto no será lo mismo cuando nos falte. Le hice jurar que se acordaría de nosotros. "Lo dudas?" Me promete postales, para matarnos de envidia. Llega el Rubio, a quien no veo hace siglos. Nos echamos unas risas. Les paso el testigo y salgo cantando bajo la lluvia. Cuatro días seguidos de descanso. Y tú doblando, Hulk, pobrecito mío. Que no te pase nada.

lunes, 24 de marzo de 2008

Cuando me faltas


Supongo que será el cansancio y que mañana todo parecerá más fácil. Pero a veces te echo tanto de menos que me cuesta creerlo. Aunque, francamente... no sé si te echo de menos a ti o quien pensaba que eras. Que serías. Que querías ser. Y me detesto por haberlo creído.

domingo, 23 de marzo de 2008

A puñetazos


En su día aluciné con el Rifeño rubio de ojos azules, pero lo del pelirrojo con pecas me parece ya el colmo. Tengo un monstruito nuevo y, lógicamente, le voy a llamar Pumuki. La semanita ha estado bien, sí señor. Momentos mágicos, como las clases de "ligar en asturiano" impartidas por Hulk a un Senegal que se tiraba por el suelo de risa, o las charlas con Mudito y Chino sobre sus ligues, sus planes de futuro, sus vidas en Tánger. Por haber, hubo hasta un milagro: Bobo, en persona, en carne mortal, ese niño que me odia a muerte y con el que llevaba semanas sin intercambiar palabra, ese que le pedía a la jefa que me despidiera porque estoy loca, el que sólo de refería a mí para recordarme el nombre de la profesión más vieja del mundo, el tarado de los empujones, los gritos y los colocones superlativos, se me presenta en la sala de educadores, me mira, sonríe y me espeta: "Morena, perdona por todo". Y, no contento con eso, me da un abrazo. Mi cara de sorpresa fue tal que Avilés tuvo que salir a reírse al pasillo. Impresionante documento.

Obvio, no todo iba a ser bonito. Ni en sueños. Guinea está cada vez peor y parece confirmarse la sospecha de que arrastra consigo algún tipo de enfermedad tropical o una infección seria. Cruzamos los dedos para que no sea nada, y, entretanto, se repiten los viajes a urgencias, siempre con Senegal de intérprete y ejerciendo de hermano mayor. Otro momento impagable, ver cómo desaparece el pánico y el dolor de la carita de Guinea cuando nuestro futbolista favorito le hace muecas, le cuenta chistes y le consuela. Que los dioses me sigan dando imágenes así, niños así, para poder seguir creyendo que lo hago tiene algún sentido.

Chiqui se colocó como de costumbre, o puede que más. La noche estaba tranquila, dejando a un lado sus acosos habituales. De pronto, una palabra de más y todo salta por los aires. El Ermitaño sujeta a Chiqui, yo le pregunto a Chino qué demonios les pasa, el ambiente se va caldeando y algo me roza la cara. Se oye un estrépito. Vaya, acabamos de sustituir las chanclas por un mp3. Nueva arma arrojadiza. Reconozco el cacharrito de Fritz, que el encantador de Chiqui acaba de hacer pedazos contra la pared, justo entre mi cabeza y la de Chino. Ya no hay quien pare la bronca. Y esta vez va en serio. Chiqui comete la osadía imperdonable de arrearle a Chino un guantazo en la cara, a mano abierta. Es la peor de las afrentas. A un tío no se le abofetea jamás, son sus leyes. Empiezan los puñetazos. Huelva es el segurata de guardia esta noche y temo por él. Es un hombre de casi sesenta años, acostumbrado a trabajar en centros comerciales. Esto le queda grande, lo reconoce abiertamente. Chiqui es demasiado enclenque como para suponer una amenaza seria, pero Chino está como una mula y muy cabreado. Como soy imbécil y debo creerme Superwoman, no me conformo con dejar que Huelva y Ermitaño intenten separarles, y tampoco se me ocurre salir corriendo para avisar a Avilés, que ve una película con los demás. No, para qué? Me meto en el fregao sin pensármelo dos veces, y claro, acabo recibiendo un gancho en el estómago que me deja doblada y sin respiración. La tropa ha oído el escándalo desde arriba y bajan en tropel por la escalera. Alguien me saca de la melé, no sé ni quién. Alucino al verles a todos tratando de poner paz en lugar de jalear la pelea. Incluso Bobo se mete en medio. Como no tenía bastante con el puñetazo, vuelvo a verme en el sarao, sujetando a Chino contra la pared (se le sale el corazón del pecho) y pidiéndole que me mire, que hable conmigo, que se calme, rezando para que no se emplee a fondo y despanzurre al cabrón de Chiqui.

La marabunta se divide. Unos se llevan al cizañas arriba, otros nos quedamos con el orgullo herido de Chino, fumando un cigarro. "Es el disolvente. Es esa mierda. Ese hijoputa me tiene hasta los cojones". Por un momento parece que va a llorar de pura rabia, así que les pido a los chicos que le dejen solo. Al rato me llama, nervioso. "Creo que yo no te pegué, pero no lo sé. Me vas a denunciar?" Le quito la idea de la cabeza. Ha sido un accidente, no pasa nada. Además, no hay forma de saber quién ha sido, y tengo claro que ninguno de los dos pretendía sacudirme a mí. A pesar de que no hubo intención, es lo que más ofendió a la tribu. Les parece muy serio lo que ha pasado, están indignados (no doy crédito) y hasta tuve que convencerles de que no necesitaba un médico. Veremos qué medidas se toman ante el incidente. Por lo pronto, yo he sugerido que se prohíban las pelis de Jackie Chan. Qué le voy a hacer? Habrá que tomárselo a risa.

Pasó la semana, hay nieve al rededor de El Ñeru, esta noche podré dormir en mi cama y ni me explico cómo me mantengo en pie. Pero bueno, aquí estamos. Esperando a los Búhos.

viernes, 21 de marzo de 2008

Ridículas culpas

Y presumíamos de tener el turno más tranquilo... en fin, qué ingenuidad! Os ahorraré los detalles porque a estas alturas los conocéis de sobra. Nada nuevo. Es lo que tienen los monstruos, que son muy poco originales. Me centraré en mi duda existencial de hoy.
Una se acostumbra medianamente a las juergas, los motines, a que revienten sistemáticamente las normas (qué clase de adolescentes serían si no lo hicieran?) e incluso a los insultos y las broncas cuando les mana disolvente del cerebro. Pero hay cosas a las que no, definitivamente, ni puedo ni quiero acostumbrarme. Que me toquen es una de ellas. Ya me pasó una vez, en el otro centro, con el Rifeño rubito de ojos azules, aquel que me explicaba con cara de confusión supina que yo le recordaba a su madre y por eso quería abrazarme, pero que luego, no sabía por qué, ya no le recordaba nada a su madre. En fin, cosas que pasan. Niños que no son hombres, hombres que no son niños. Estaba convencida de que sería un hecho aislado, y que ese empeño suyo en que parezco de los suyos me ayudaría a entenderme con ellos. Craso error.
La situación está llegando a límites insostenibles, lo cual es para pasmarse, teniendo en cuenta que trabajo con otro educador y con un segurata. Pero claro, no puedo llevármelos de la mano a todas partes. No es de recibo (por más que ellos se ofrecen) que me tengan que acompañar a la cocina a por un vaso de agua, o a la lavandería a por una toalla. Y es que, además, es imposible. Los monstruos lo saben y lo tienen perfectamente estudiado. Si hay trifulca en el salón y al mismo tiempo suena el teléfono, es la ocasión perfecta para jugar a cazar a la educadora por el pasillo. No necesitan más de medio minuto. Esto acaba con los nervios de cualquiera, y acabas moviéndote por tu centro de trabajo como si fuera una jungla.
Sientes rabia, impotencia y ganas de romperles el cráneo. Miedo no, al menos de momento, aunque te asusta un poco la posibilidad de que, en medio de agarradas y empujones termines por cruzar los cables y solmenar un guantazo. Eso tendría consecuencias imprevisibles, pero graves, sin duda. Y, sin embargo, lo peor es la culpa. Un sentimiento absurdo que no puedes evitar. Te preguntas si has sido demasiado amable, si te has extralimitado, en qué has podido equivocarte. El hecho de que la jefa haya decidido fingir que no pasa nada, quitarle importancia, no ayuda. Además de culpable te hace sentir imbécil. Como si te quejaras de una nadería. Así que decides que vas a actuar por tu cuenta y te planteas empezar con las amenazas de denuncia. Y de nuevo, la culpa. Porque el Chiqui es carne de cañón y sabes que un borrón más en el expediente no significa gran cosa, por no mencionar que le importa un cuerno. Pero el Ermitaño es buen chaval, cumple con todo y con más y tiene un futuro aquí. Así que, encima, te sientes una mala persona.
Luego te cabreas y piensas: "será encantador, pero no sé de dónde ha sacado la idea de que puede ponerme las manos encima". Calculas las consecuencias de que él, o cualquier otro, asuman que pueden hacerlo siempre que se les antoje, contigo, con otra educadora, con una compañera de clase o una chica que se crucen por la calle. Y, obviamente, no, no pueden. Y lo saben, desde luego, pero no estaría de más que lo supieran mejor. Que entendieran que esa clase de conducta es intolerable y, además, implica un castigo. Y no hablamos de quedarse sin tele. Hablamos de que están cometiendo un delito, y no deberían verlo como algo normal. Así que llegas a la conclusión de que les fallas más como educadora dejándote llevar por culpas que no son las tuyas, y que al final estamos fallando todos, por omisión, por dejadez, por cobardía o por lo que sea. El resultado es que te cabreas aún más y explotas: "qué cojones, por qué no van a meterle mano a la madre que los parió?" Al final ya no piensas como educadora, sino como mujer, como persona sin más. Por qué coño estás aguantando esto?
Lo insólito es que Custom, siendo tío, sea capaz de entenderlo mejor. Así que hablaré con él, porque necesito sentirme respaldada en esto. La jefa haría bien en no tomárselo a broma, salvo que quiera quedarse sin plantilla femenina a base de bajas por depresión. Supongo que estoy haciendo lo correcto, aunque, llegados a este punto, francamente me da igual.

jueves, 20 de marzo de 2008

El retorno de Morena


No se puede tener más sueño. O serán los efluvios del disolvente?? Voy a terminar tarada, como Bobo (que, por cierto, sigue igual de animal de bellota, y ahora, pa más inri, politoxicómano perdido. Entre lo que inhala y las pastis que se mete por prescripción facultativa, vive permanentemente en un colocón guapo, pero guapo, guapo...)

La noche prometía. Lo primero que me encuentro, nada más llegar, es al Chiqui (peso piojo) encarándose con Hulk (peso trailer). Que hay que tenerlos cuadraos, francamente. El Segurata del nocturno (os había dicho ya que, tras las últimas agresiones, tenemos seguratas??) se fumaba un cigarro intentando contener la risa. Lo que escucho es lo siguiente: "este tío está aquí contratado para evitar que yo te mate". La primera en la frente. No me da tiempo ni a saludar y ya me estoy descojonando viva detrás de una columna. El pobre chaval me mira, sonríe y asegura: "yo a este no le sujeto, eh????" No le culpo, la verdad.

Me llena de orgullo y satisfacción comprobar que Chiqui sigue en su línea. Habría sido terrible volver tras once días y encontrármelo civilizado. Eso sí, sus golpes de ingenio tampoco se han perdido, aunque nos mate reconocerlo. Eso de que se quedara mirando a Hulk y le espetase: "ya tenemos un Calvo Enorme, tío, tú qué haces aquí?" demostrando su amor fraternal por Galicia, fue como para llorar de risa. Mis compañeros me cuentan las novedades: los muebles del comedor destrozados tras uno de tantos motines, los consumos habituales, el traslado de Canijo al centro de contención (pobre, él se pensaba que aquello iba a ser una fiesta y nada más llegar unos tíos con porra le despelotaron. Creo que anda más derecho que una vela), lo bien que se portan los de siempre en sus cursillos, el primer cabreo supino de Senegal ante una de las habituales verbenas del calcetín (me juraron y perjuraron que el tipo levantó una cama con su ocupante encima con una sola mano, y lo peor de todo es que me lo creo) y demás jolgorios típicos.

No fue una noche especialmente conflictiva. Cherokee anda desaparecido, el trío Lalalá (Chiqui, Novato y Bobo) flotando en el éter y un nuevo experimento educativo cortesía de Hulk. Cada vez que alguien se porta mal, castigamos al de al lado. Divide y vencerás. Parece que la cosa funciona, ahora resulta que se paran los pies entre ellos. Que le den a este chico una medalla. Por lo demás, todo bastante tranquilo. Hulk y Segurata le explicaron con gran sutileza a Chiqui por qué no es buena idea intentar echarle un polvo a la educadora (aunque semejante punto no aparezca en el reglamento). La sorpresa me la dio Ermitaño, el siempre formal, siempre atento y siempre encantador, mi niño mimado. Nota mental: no se mima a los niños, y menos a los que van camino de los dieciocho. Espero que haya sido la emoción del reencuentro, porque ya bastante tenía con el Chiqui como para andar parándole las manos y los morros a otro, que, para más pitorreo, hasta me monta una escenita para declararme su amor.

Ya tenemos internet (hurra y bravo) aunque funciona cuando le apetece. Me tiré hasta las tres de la mañana leyendo el diario y comprobando que no me han echado de menos, no. Ni tiempo han tenido. Brutal el descubrimiento del talento oculto de Alicante (este tío es un artista!!) que nos ha decorado el corcho con una obra maestra impagable: caricaturas de todos los educadores hechas con el paint. Están logradísimas!! Parecemos los muñecos del Quién es quién. La verdad es que la mía era fácil: la cara blanca, el pelo negro y ojeras. Qué cabrito. Y encima, qué cosas, se olvidó de hacerse la suya. Qué descuido más tonto.

Por la mañana llega Custom al grito de "fuego, fuego!" dejándome medio infartada (tanta histeria para comprobar que necesitaba un mechero, la verdad es que a veces somos peores que los guajes) y tenemos una charla estupenda en el porche. Hay que aprovechar los momentos de paz. Las fieras duermen. Ahora se impone una siesta en condiciones y esta noche los dioses dirán. Estamos de vuelta, señores, y esto promete dar para muchos tecleos. Que los Búhos os den paciencia!!!

miércoles, 19 de marzo de 2008

Se acaba lo bueno...

Otro día divertido. Pasé media noche recreándome con Warrick (y comiendo chocolate; es lo que tiene este chico, que le veo y me apetece... el chocolate). Me levanté a las mil y me encontré a mi pater en el salón (tocaba colada y charla, que, para variar, fue sobre motos y moteros, con los consiguientes consejos del viejo, siempre tan pedagógicos y paternales, del tipo: "leña que no rompen, cómetelos vivos a todos"). El Porteño me hizo cambio de look (cambio pequeñito) y me dejó más gótica que antes. Cotilleamos, nos reímos y vimos un concierto de U2, porque, como bien dice él siempre: "pide y se te dará". Después tocó correr como locos debajo de un paraguas, porque el peluquero no estaba dispuesto a que los caprichos del clima le jodieran su obra de arte. Faltaría más. Cena con la Rubia, el Peque y el Emperador (cómo me encanta tenerte aquí, Nano!!) Consejos amorosos a un camarero cachondo que andaba metido en un berengenal romántico con una clienta de armas tomar (estamos guapos pa dar consejos cualquiera de los cuatro, pero oye, cuando se trata de otros... lo listos que llegamos a ser!!!) Y, por fin, a casita con mi alfil a charlar de lo de siempre y un poco más. No desesperes, Nano, que ya sabes que no tengo remedio. Ya te tocará tirarme de los pelos (tan negros y tan divinos que me los dejaron).
Y mañana es el último día. La jefa me estuvo poniendo en antecedentes y me sorprendí de mí misma. Hasta qué punto necesitaba despejar, alejarme de los monstruitos, que hasta olvidé algunos de sus nombres!!! Estos once días me han sentado de lujo. Hay novedades por El Ñeru. El Canijo atacó directamente a Madrid, que está de baja, completamente saturada (que los Valar se apiaden de nosotros... dos meses y ya hay bajas por depresión, esto es muy serio y llevamos tiempo avisando, pero en fin). No me sorprende, aunque me entristece. Me entristece que ambas estuviéramos viviendo la misma historia en distintos turnos (eso de que alguno de los pequeños cabrones nos quisiera pegar y algún otro nos quisiera follar) y advirtiendo de la que se nos venía encima para encontrarnos una y otra vez con la indiferencia más absoluta. Recuerdo mi última noche, reina, y no te envidio ninguna de tus tardes. Siento que al final te tocara a ti reventar. Tú, que eres de las más fuertes y de las más chulas, madrileña. Qué putada. Espero que recuperes las ganas pronto, porque sería una cabronada que la incomprensión de compañeros y jefes nos privaran de una tía así. Al menos ha servido de algo. Se acabó el rollito cool que nos encantaba (y que no nos llevaba a ninguna parte, por mucho que nos jodiera admitirlo). Ahora hay seguratas y el tapum dima de Canijo está ya sabes dónde, en centro de contención. Allí trabaja un señor calvo con barbas, el culpable de mi vocación, mi tío Javi. Te aseguro que el enano tocapelotas no sabe con quien se las va a gastar a partir de ahora. Se acabó lo de medirse con novatos llenos de ideas buenrollistas. Educadores de la vieja escuela, con treinta años rodados a la espalda. Tela, Canijo. Acabas de ascender a primera división. Que lo disfrutes. Ya preguntaré por tus andanzas.
No me apetece, lo confieso. Cambiar mates y motos por disolvente, ambulancias y quinceañeros salidos. Sólo de pensarlo, me da fatiguita, que diría el de Cádiz. Y, para más inri, empezar una semana con cuatro noches seguidas. Espero que me toquen con Hulk (el que le da vacaciones a los chicos del nocturno), porque entre él y el de la porra voy a estar más tranquila que nunca. Pero ganas, lo que se dice ganas... ay, ningunas, oiga. Lo bien que estaba yo con Warrick!!! En fin, fue bonito mientras duró y siempre habrá más vacaciones. Además, seguro que mi búho me ha echado muchísimo de menos.

martes, 18 de marzo de 2008

Qué quiero ahora?


Ya empiezo otra vez. De nuevo me pongo a hacer cálculos, a mirarlo todo con lupa, a poner cuanto veo al microscopio. Ya empiezo con mis por qués y mis miedos, paranoica porque las piezas no me encajan, inquieta porque me faltan datos. Quiero saberlo todo y no entiendo a qué viene esta necesidad de control. Supongo que obedece a fracasos ya vividos, a la colección de monstruos del armario y al terror de seguir acumulándolos. Se aprende, desde luego. De cada golpe, de cada dolor. Pero también se va llenando el vaso, y saltan las alarmas, y se erizan las púas, y algo te dice: no, no, escóndete, escapa, esto vuelve a ser extraño, sal corriendo.

Y al mismo tiempo, la maldita curiosidad. La Gata, siempre ronroneando y preguntándose qué habrá al otro lado del jardín. La Vampira sigue aporreando puertas cerradas, sin esperanza, pero terca y hambrienta como siempre. La Bruja se cruza de brazos, alza una ceja y me dice: "ni se te ocurra, pequeña, ya sabes cómo termina esto". La Hechicera, bendito sea su optimismo, me azuza encantada: "vamos, lánzate, por qué no? Seguro que esta vez nos ha tocado una buena mano!!". Y, mientras tanto, esa estúpida de Wendy se preocupa por quien no debe, para variar. A cuál de todas estas taradas haré caso ahora?

Quiero pasar página y estar en paz. Pero cómo? Y quiero jugar? A qué, exactamente? Y por qué razón? Porque, ya de jugar, debería ser por una buena razón. Y no conozco otra mejor que divertirse. Es eso, en realidad? O es algo más oscuro que me pica por dentro y me recuerda esa vocecita sarcástica? Intento engañarme una vez más, aun sabiendo que la razón mala no sólo es egoísta e injusta, sino que, además, es patética y estéril?

Cómo se llega a la paz pidiendo guerra???

lunes, 17 de marzo de 2008

Buenos planes


No resultó un mal finde, desde luego. Motos y mates. El sábado empezó tronando pero tuvimos suerte. Ya sólo por asomarse cual koala y ver al Nacho Vidal (jejejejeje) enlazar una proeza tras otra, merece la pena todo. Y encima, un buen jinete. No me puedo quejar, qué chicos más majos. La verdad es que lo pasé en grande. Por no mencionar el alivio de comprobar que Peter Pan y Wendy pueden llevarse bien. Todavía falta un poco, obvio, y hubo alguna metedura de pata y alguna cara de: "ay, joder, perdón!!! Se me escapó!!!" Era una comedia verle dejar las frases a medias y ponerse granate, pero no importa. Ya llegaremos.

En fin, que buen tiempo, buena compañía, treinta segundos de gloria delante del capo, un camión llamado "Montse" que nos dio el susto de rigor y un coche dando las largas al que le dimos el susto nosotros. Lo normal. Y hoy, claro, unas agujetas mortales. Pero merece la pena, siempre merece la pena. Es un vicio.

Esta tarde, plan alternativo e inesperado. Mateando en la playa, viendo estrellas, con la Guaja, la Rubia, el Porteño y su Niño. Charlas sobre trabajo, sobre amantes, vikingos, viajes... de todo un poco. La verdad es que no me extraña, che. Los ojos de este tío no son normales. Te dejan clavada en el sitio. Ya no es que sea guapo, es que el cabrón brilla. Brilla él, entero.

Y ahora... toca arrebujarse en la cama, ronroneando como un gato, con la radio bien cerquita, escuchando al Cebri contándome cosas desde el más allá. Bendita tecnología que nos deja la ilusión de que no se ha ido ni se irá nunca. Y bueno, aún me quedan dos días de vacaciones. Habrá que disfrutarlos!

viernes, 14 de marzo de 2008

Pleno al 15

De repente me dio por echar cuentas y me entró un ataque de risa. La de cosas que nos van pasando el 15, campeón. A ver si el porteño tiene razón con sus pájaras!! Serán señales del cosmos? Pero claro, señales de qué????
La primera noche fue un 15. El accidente, un 15. Y mañana qué es? Primera rodada juntos desde entonces, y cae precisamente un 15. Ya van tres (conga!!) Tiene su gracia.
Jejejeje... acabo de entender el mensaje. Tanto 15, tanto 15... y al final se lo llevó la Niña Bonita.
(Me escojono!!!!!!) Habrá que cantar bingo????

jueves, 13 de marzo de 2008

Socorro

Qué hago, corazón, si huyo de Nunca Jamás y me sigues por la autopista???
Vas a acabar conmigo. Quizá hubiera sido mejor idea echarle tus tripas al cocodrilo. Pero, qué le voy a hacer, si, encima, te adoro????
Que los dioses se apiaden de mí, necesito un final para esta historia. Siempre fallo en los finales y eso no es nada bueno para una aspirante a escritora. Necesito a los Alfiles, a la Reina, a los Jinetes de Rohan en sus Caballos, necesito el ajedrez entero, a los GEOS, los Piratas, a las Brujas, los Blasfemadores, a los Bravos y las Damas y a cualquiera que pueda darme de guantazos y convencerme de que ESTO ya no me afecta.
Joder, llevo todas las vacaciones blasfemando!!!!

miércoles, 12 de marzo de 2008

Petardas estupendas


Vamos a seguir con las blasfemias, queridos míos, que la primavera acecha y este año parece que viene calentita. Un momento, que me crujo los dedos. Listo. Ahí voy.

Lo que le pasa, a la pobre, es que llegó tarde. Se perdió la trifulca, el amago de naufragio, la oportunidad de comer pipas encantada con el fregao y, ya de paso (me juego el respetable) de meter cizaña, que es lo que le pone. Por algo es una de esas iluminadas gafapasta que presume de oveja negra, de visionaria, de salirse irremediablemente de la masa aborregada (luego resultó que era homófoba y nos dejó con la boca abierta! Toma ya intelectualidad y libre pensamiento. Cómo era aquello, Guaja? "Mariconas locas que se mean en las bragas"??) Porque se cree que ser grosera y maledicente es símbolo de "auténtica". Es de esa clase de gente que te mete un ladrillazo en los cuernos y luego te espeta: "es que soy así". Ya sabéis, lo de siempre. Luego le pateas la crisma y oye, no le vale que le aclares: "es que soy asá". Seguro que habéis conocido a muchos. Te miran de arriba abajo y, con la sonrisa en la cara, te cascan que eres gilipollas integral, pero no te ofendas, chata, que va sin acritud, te lo digo así de clarito porque soy una persona honesta y sincera. Y suelto verdades como puños. Por eso no le gusto a la gente, oh, la gente, es siempre tan hipócrita...

No, hija, no. No es que la gente sea hipócrita. Es que tú eres una vaca burra maleducada. Que son dos cosas muy distintas. Es que se puede ser honesta sin ser grosera, pero se ve que el día que explicaron eso faltaste a clase. Lástima. Pero a lo que iba. La tipa anda encendida porque, me barrunto, ha leído, o le han contado, que poco más y nos rebanamos los gaznates unos a otros. Y se lo perdió. Que ya es mala suerte, hombre. Cuando volvió (Hereje, que te lo dije, macho, que tengo poderes, que salen de la cueva al oler sangre) se encontró el hacha de guerra bien enterradito y a los supervivientes fumando la pipa de la paz. Al menos en teoría, claro. La mayoría (de eso estoy convencida) nos damos por satisfechos con haber charlado entre nosotros, habernos comprendido y haber vivido para contarla. Por haber sido capaces de ponernos en los pellejos ajenos, decidirnos por el buen rollo, tirar palante, mantener los lazos que ya había e incluso estrechar otros nuevos. Y, de cara a la galería, parece que ese es el sentimiendo general. Y digo "parece", porque a la primera chispa de mal rollo (por ejemplo, el que está intentando provocar la penca esta, sacando a relucir cosas que no tienen nada que ver con nada ahora mismo, y si no, que alguien me explique, por favor, qué cojones tiene que ver la bronca del chandal gris entre un recién llegado y una de las habituales más tranquilas y correctas del mundo con todas las chuminadas que están saliendo) nunca faltan tres o cuatro escuderas (cómo me jode, carajo, pero es que nueve de cada diez veces, son tías) que se apresuran a saltar detrás. Luego, si llueven hostias, son las primeras en salir corriendo, como ya se vio en otras ocasiones.

Pero ojo, que eso no es amiguismo!!! Eso no es de hacer bandos ni hacer pandis. Eso no es remover mierda ni sacar historias que no vienen a cuento, no (ni siquiera cuando las dos personas implicadas resolvieron su malentendido tranquilamente demostrando mucha educación y madurez, pero eso le importa un pijo a la Justiciera, que está como loca a ver si vuelven las piñas y puede meter alguna) No, porque esas cosas tan feas, las hacemos nosotros, los de siempre. Y entonces, se tira del refranero popular. "Quien calla, otorga", dice la tipa. Y casi a renglón seguido "el que se pica, ajos come". Es decir, que si pasamos de entrar al trapo, es porque ella tiene razón. Y si le rebatimos, es porque ella tiene razón. Grandiosa paradoja!!! Ella SIEMPRE tiene razón!! Sí señor, a eso le llamo yo un argumento bien atado. Recuerdo haber leído alguno parecido en el Manual del Perfecto Inquisidor. Si la acusada confiesa, es bruja. Si se niega a confesar, es bruja. Está claro, no? Pues eso. Una actitud enteramente abierta al diálogo, que demuestra una falta total de prejuicio. Ella tiene razón, suya es la verdad. Mejor nos vamos de Zarzuela.

Intentaba yo explicarlo en la entrada sobre La Corte Imperial. La gente, decía yo entonces, se toma las cosas demasiado en serio. Se han empeñado (ellos) en que hay grupos exclusivos (que sólo ellos ven) y viven rabiando con el convencimiento (ellos) de que no les dejamos entrar. A dónde, me pregunto. No hay tales grupos. Hay un montón de gente que entra, sale, habla, opina, cuelga fotos, canta, cuenta chistes, debate, hace el tonto... Hay charlas, malentendidos, afinidades, filias y fobias, lo normal en cuanto un grupo de sapiens decide comunicarse, por el medio que sea. Algunos hasta se ven en directo. Otros, pasan. Algunos se han hecho amigos. Otros no se conocen de nada. Este y aquel se llaman por teléfono, aquellos cuatro charlan por el messenger, esas dos ya se consideran íntimas. A Fulana le chifla cómo escribe Mengano, pero a Mengano le pone de los nervios Zutano. Los dos del fondo se hicieron novios, fíjate, qué cosas pasan. Aquellas cuatro tuvieron bronca una vez. Estos suelen ir al cine, porque resulta que son casi vecinos. Hay una peña que juega al rol, y otra que se va de copas. Algunos hasta han cruzado el charco aprovechando para verse. Los hay incluso que han follado, no te digo más. Como la vida misma, sí, pero con matices.

Sigo sin entender por qué hay que explicar la relación que cada cual decida tener con quien le dé la real gana. Por qué el simple hecho de que, casualmente, una peña decidiera verse los caretos en el estreno de una peli, y que, a partir de ahí, y antes incluso, surgieran ciertos lazos, le quita el sueño a tanta gente. Por qué ofende que esta y el otro siempre estén de acuerdo, o aquellos dos se manden privados. Tenemos que ser igual de amigos, o igual de extraños, los dos mil? No es posible, oiga. Hablaré por mí: ni me cabe tanta gente, ni me da tiempo, ni me apetece, ni me da la gana. Seguro que me estoy perdiendo a personas maravillosas, pero es que mis días tienen 24 horas. Tampoco conozco a fondo a mis vecinos y no pienso ir puerta por puerta, ni se me ocurre imaginar que se sienten dolidos y desplazados cuando mis amigos vienen a cenar a casa. Sí, es cierto, esto es como la vida, pero hay vida más allá. Esto tiene la ventaja de que cierras, apagas, desconectas, decides quién quieres que sea colega, amigo, amante, compañero de tecleos o un simple avatar, sin más.

Que haya gente calculando quién habla con quién, quiénes tienen mejor o peor rollito, y hasta viendo en ello conspiraciones y luchas palaciegas, demuestra que se tiene un verdadero problema en el tarro. Que luego encima se atrevan a llamarnos raros y a decir que preferimos cobardemente evadirnos para no sufrir las crudas realidades de la vida real, es que tiene unos cojones de tamaño superlativo. Pero de qué hablas, tía? De qué puñetas estás hablando? A quién conoces tú aquí para juzgar cómo es su vida real y si huye o no de ella y de sus crudezas? Y, en cualquier caso, qué carajo te importa si así fuera? Hay dos mil personas pululando por estos lares, vas a adivinar tú las razones de cada una? Pues deja que te ahorre trabajo: desde la quinceañera que viene a ver fotos de Viggo a la universitaria que se rompe la cabeza con su tesis, pasando por el que llegó de chiripa, el que no se pierde una patente, ese al que degolló el Capi en persona o la que pasaba por aquí y se colgó de uno de Sevilla. Qué más te da? Qué te importa, si es un sitio para charlar, para darle a la tecla? Todo lo demás va surgiendo, es un extra y es optativo. Qué quieres? Hacer amigos? Pues hazlos, tronca, no te cortes. Te aseguro que no hay grupos VIP ni nada que se le parezca. Ni derechos de antigüedad. Tengo a un hermano en Cádiz con el que no hablo hace siglos y una prima en Madrid con la que charlo hace un mes y ya la siento de mi sangre. Por qué ella y no otra que a lo mejor lleva por aquí dos años? Qué sé yo, reina, es la vida. Si crees que me voy a tomar la molestia de explicarlo, o más aún, de justificarlo, vas lista. Ni yo misma me paro a pensarlo. Igual que no me molesto en pensar si la niña de los pájaros quiere a otra más que a mí.

Es el mundo real, sí, pero tan real como a cada cual le dé la puta gana, ni más ni menos. Si alguien está esperando que pidamos perdón porque estos se han hecho amigos de aquellos, de verdad, que se lo haga mirar. O que apague un rato el ordenador, salga a la crudeza del mundo real y se dé una vuelta. Con cinturón, a poder ser, no sea que se le caigan los pantalones y se quede en braguitas.

martes, 11 de marzo de 2008

Nunca Jamás


Acercaos, niños, que la abuela os va a contar un cuento...

Érase que se era en un tiempo para nada lejano, una chica llamada Wendy, especialista en cuidar Niños Perdidos, cantarles nanas para dormir, coserles la sombra a los zapatos y otra serie de habilidades que no vienen... al cuento... y que ya entenderéis cuando seáis mayores. Wendy no era más guapa, ni más lista que ninguna. Era una de tantas, simplemente. Cierto que prefería jugar con sables antes que con muñecas, le aburrían las cosas "de niñas" y se subía el vestido para trepar a los árboles. Cosas que, de entrada, solían impresionar a los Niños Perdidos, haciéndoles afirmar cosas como "eres la mejor!". Wendy no era la mejor, ni estaba dispuesta a creer que lo era. Sólo pretendía, eso sí, que la quisieran por sí misma. "Debe ser bonito que la quieran a una", pensaba.

Wendy tenía una virtud de la que se sentía especialmente orgullosa. Sabía escuchar. Conseguía meterse de un brinco y sin esfuerzo en la piel de los demás, entender sus problemas, sus necesidades y sus miedos, e incluso encontrar la palabra precisa para espantarlos de un manotazo. Eso, obviamente, hacía que los Niños Perdidos se reafirmasen: "eres la mejor!" Wendy seguía sin creerlo, pero a veces se atrevía a soñar que, con ese don tan estupendo, no sería muy difícil que llegaran a quererla. Lo malo es que no hay cara sin cruz, y, en el caso de Wendy, las dos iban de la mano. Porque cuando Wendy detectaba qué buscaban los Niños Perdidos, qué querían, qué necesitaban, se lo daba sin más, convencida de que ese era el camino del amor. Me querrás si te doy lo que precisas. Y no funcionaba. Ella no entendía la razón. Tardó mucho tiempo en comprender que el amor no se gana a cambio de algo, ni siquiera a cambio de amor ni de hermosas intenciones. Y tampoco se consigue negándote a pedir. No funciona, por generoso y noble que parezca, darlo todo y no pedir lo que necesitas. No garantiza nada, sencillamente porque el amor no tiene garantía. Surge cuando se le antoja y no atiende a nuestros deseos.

Wendy sentía predilección por los Niños Perdidos, que eran traviesos, divertidos, un tanto huraños, felinos, aventureros, pero tiernos de alguna manera. Y, de entre todos ellos, el mejor, sin duda, era Peter Pan. Porque Peter Pan resultaba todo un reto. Había que quererle sin quererle, cuidarle sin cuidarle, mimarle sin avergonzarle, entenderle sin preguntar, pedirle sin que lo pareciera, conquistarle sin invadirle. Tantas condiciones imponía Peter Pan (seguramente sin darse cuenta), que, para Wendy, resultaba un desafío. Pero, a la larga, se convirtió en una tortura, en un laberinto, en una carrera en círculos que no llevaba a ninguna parte. Y Peter Pan, que es caprichoso, como todos los Niños Perdidos, tal vez se hartó de que le esperaran, le adoraran y se lo pusieran todo tan fácil. Tal vez se perdió la emoción. El caso es que el amor nunca llegó. Y se acabó la Magia.

Peter Pan se largó con Campanilla, que era más mona, más rubia, llevaba la falda más corta y, seguramente, por qué no, era mejor que Wendy. O no. Simplemente era distinta. Le gustaba más. Y Wendy, harta de los Niños Perdidos, de todos ellos, y sobre todo de sí misma, se tiñó el pelo de negro gótica, se hizo una promesa firme, preparó el equipaje y abandonó Nunca Jamás. En su huída, conoció a varios Piratas que le parecieron de lo más interesante. Y decidió que tal vez no sería mala idea darle una oportunidad al Capitán Garfio. Por qué no probar? Por qué no intentarlo, de una maldita vez, con alguien que no fuera uno de los Niños Perdidos? Sabéis lo que pasó entonces? Que Peter Pan llegó de visita y se puso a hacer preguntas, a cuestionar a los Piratas, a recordar viejos tiempos. Y, entonces, Wendy sacó la espada y lo abrió en canal, echándole sus tripas al puto cocodrilo.

No, mentira, no fue así. Nada que ver. No importa que Wendy se haya teñido el pelo y lleve las uñas pintadas de negro. Quizá se haya hecho más dura, quizá haya aprendido ciertas lecciones, pero la pobre sigue siendo una buenaza. Adora a Peter Pan y a todos los Niños Perdidos, y siempre les recordará con cariño. Pero al menos tiene muy claro que hay ciertas cosas que ninguna adoración va a consentir. Ya no. Porque le hacen daño, porque se le llena la cabeza de dudas que no desea tener, de acertijos a los que ya no quiere jugar, porque retrocede en su camino, se pierde, tropieza, se confunde. Y está muy harta. Porque no entiende nada y no tiene ganas de que se lo expliquen. Porque no concibe que Peter Pan le venga con gilipolleces a estas alturas, teniendo en cuenta que fue él quien decidió salir volando, a tanta velocidad que se olvidó la sombra detrás. Y ahora que Wendy estaba consiguiendo olvidar esa sombra, no tiene ninguna necesidad de que se la recuerden.

Por eso, queridos míos, Wendy decidió que tal vez resultara un poco excesivo descuartizar a Peter Pan, ya que había soluciones más cívicas y menos sangrientas. Sencillamente se prometió a sí misma que, si el chiquillo persistía en sus celos a destiempo, sus preguntas inoportunas y su resucitación de mariposas muertas, le miraría de lado (con esa mirada que él entendía tan bien) y le diría dulcemente: "por qué no me dejas tranquila con mi vida y con mis Piratas y te vuelves a Nunca Jamás? Para ya de joderme y vete a joder a tu Campanilla".

lunes, 10 de marzo de 2008

Balas de fogueo

Parece mentira que pueda haber diferencias tan abismales entre cómo nos vemos y cómo nos ven. Cómo la misma historia, exactamente la misma, muta radicalmente dependiendo de quién nos la cuente.
En este caso, querida, supongo que no puedo ser imparcial. En primer lugar, seamos francos, porque nunca me gustaste. Contigo me ocurrió lo que me pasa muchas veces. Que me erizabas la piel y no de gusto, precisamente. Como me la eriza el barrer una alfombra. Se llama dentera. Es lo que yo defino como "no me llegas". Ese conjunto de sensaciones que no se pueden explicar y que hacen que una persona, desde el primer momento y sin motivo aparente, te provoque cierta reserva, te haga mantener las distancias. Es como un flechazo, pero al revés. Obvio, cuando el angelote ridículo nos clava una flecha no nos sentimos perversos. El amor es taaaaaan bonito... para qué molestarse en explicarlo? En cambio, el mal rollo nos menea la culpa. Joder. Ya me vale. Por qué le tengo manía? Qué borde que soy. Si no me ha hecho nada. Esto no son más que prejuicios. Déjate de gilipolleces, no te adelantes. Dale tiempo, date tiempo.
Pero, sabes qué? Que nunca me equivoco. No es por presumir, lo cierto es que es una jodienda. Te sientes como un pérfido buitre a la caza del error ajeno, esperando la confirmación de tus sospechas, muriéndote de ganas de saltar con el dedo acusador en ristre y sentenciar: "ya os lo decía yo!!!" Te dejaría eso más tranquila? No fue así. No soy así. Miro hacia dentro, me reviso, no me engaño y no me paso una. Me reprendo y me saco los colores. Cierro el pico y no aireo mis suspicacias, porque, fíjate, soy buena gente. Mis maldades son otras. Sopeso las cosas y pienso. "No es justo, desde luego. No tienes derecho a desconfiar. Cierto, tus sentidos no suelen fallar. Tus ojos ven cosas que tu cerebro archiva sin que seas consciente de ello. Es tu piel la que te avisa, la que dispara las alarmas. No eres capaz de razonarlo, pero ahí está. Pero sabes que, aunque la estadística lo desmienta, puedes meter la pata esta vez. Así que cállate. Espera. Y si comete un error, no la juzgues con las tripas. Júzgala con la cabeza. Pregúntate si te molestaría tanto si ese error fuera de otra, de una de tus adoradas. Sé justa".
Siempre he tenido claro que si A es amigo de B, y B es amigo de C, eso no implica que A y C deban ser amigos. Es más, quizá ni se soporten. Pero, si tienen dos dedos de frente y un mínimo sentido del respeto, envainarán las espadas por el bien de ese B que tienen en común y al que dicen querer. Porque la educación no cuesta tanto. Y porque una sonrisa no significa que estemos cediendo en lo que no nos apetece. Yo puse límites contigo. Límites emocionales. Hasta aquí. No me apetece conocerte más. No me costó demasiado, porque tampoco tú te acercaste nunca. Por desinterés, porque yo te provocaba el mismo yuyu, por falta de tiempo, porque coincidió así, por el motivo que fuera, tan lícito como el mío. Y quizá igual de inexplicable. Tú y yo jamás fuimos amigas, ni lo intentamos. Teníamos varias letras B en común, y yo te respetaba por eso. Por ellos.
Alguna vez charlamos tú y yo? Nos tomamos algún café juntas? Recuerdas alguna llamada? Sólo hubo una, y ni siquiera fue directa. El día de tu rabieta, el día que, sin esperarlo, pasaste de verdugo a víctima, llamaste a alguien que no era yo y le pediste que me pasara el teléfono. Ese día, curiosamente, el dolor te hizo muy amiga mía. Y yo, que, obviamente, estaba del otro lado, del lado de mi B más enorme, te recibí y te escuché. Porque no era mi guerra. Porque, si había guerra, ya tendría tiempo de posicionarme si me daba la gana. Porque todos merecen un hueco en un sofá, un hombro, un par de orejas. Ya te digo que mis maldades son otras. Te abrí mi casa, montaste tu séquito, te escuchamos, te dijimos que los sentimientos no entendían de derechos, que no te justificaras por sentir lo que no debías. Que pensaras en lo mejor para ti, y que te apoyaríamos en eso. Mi corazón, evidentemente, estaba con la otra parte. Pero mis manos (porque tengo dos) podían estar con ambas. Tomaste tu decisión y parecía sensata, noble, generosa incluso. Eso me gustó y te sumé puntos. Pensé que me había equivocado contigo. Recuerdas qué hiciste luego? Luego mentiste, manipulaste, chantajeaste a mi B preferida. Aunque, evidentemente, tú no lo verás así. Ni mucho menos. Será que todos los demás entendimos mal. No nos lo tengas en cuenta, últimamente nos pasa mucho.
Sinceramente, no me fui a ninguna parte, porque nunca estuve. Al menos no más allá de lo que las normas sociales y las buenas maneras me podían exigir sin que me jodiera aceptarlas. Querida mía, una llamada cuando estabas puteada no nos convierte en amigas. Nunca me hiciste nada. Ni bueno ni malo. Se lo hiciste a alguien que me importa, y como tú no me importabas, lo dejé correr. No te eché de mi vida, ni me fui de la tuya. Nunca estuvimos. Ni tú ni yo. No fue una pérdida, y me dejó indiferente. Del resto, no digo nada. Cada cual tendrá sus razones, ellos sabrán, tú sabrás. Por qué te saludan por la calle o por qué no lo hacen. No es mi problema. Yo hablo por mí. Y, como hablo por mí, te pido que no me metas en según qué sacos. Si es que lo haces, que no lo sé. Por las dudas, te lo repito: nunca fuimos amigas. Pretender otra cosa sería de un cinismo repulsivo. Yo lo sé, y tú lo sabes. Nunca supe nada de ti, ni tú de mí, ni nos esforzamos por cambiarlo. Ya nos iba bien así, seguro que lo recuerdas.
Si quieres puedo decirte qué cosas de ti no me gustaban, aunque sospecho que eres de esas que, al escucharlas, te reafirmas. El mundo se equivoca. Me odian y me tienen envidia. Soy perfecta, no tengo ningún defecto. Al menos, no esos. No esos tan feos que me ven otros. No, esos no me gustan. Ya me buscaré yo unos defectos más molones, de esos de currículum, de los que a todos nos gusta admitir porque les damos la vuelta para que parezcan virtudes. Ya sabes. Cosas como: "soy super perfeccionista. Cuando quiero algo, no me rindo. A veces soy demasiado fría, no es que lo haga a propósito, es que la vida me ha hecho dura". Ohhhhh, qué cool. Sí, todos hemos jugado a vendernos así alguna vez. Es normal, ojo. Somos humanos. Quién podría disfrutar machacándose la autoestima? Aunque, te confieso una cosa. Es bueno, a veces. Mirarse con lupa y eso. Admitir cosas feas, quitarse las máscaras, aprender. Decir: "joder, qué asco me doy en esto, colega, me niego, a cambiarlo pero que ya!!" Tal vez me equivoque, pero creo que no eres de esas. Eres de las que se crecen. De las del yo contra el mundo. Qué sabrán ellos. Será bueno para el ego, pero es humo, es maquillaje y no enseña nada. Lo descubrí hace tiempo haciéndome autopsias. Yo ya no me engaño. No me lo consiento.
Pero, qué demonios, estoy que lo tiro, te lo diré de todos modos, por si te sirviera de algún modo. No me gustabas porque te pasabas la vida mirándote el ombligo. Porque, no sé bien por qué ni en qué momento, te inventaste un personaje trilladísimo y aburrido de loba marchosa, de mala malísima, con el que parecías querer justificar el "hago lo que me da la gana, a costa de quien sea, y al que no le guste, que no mire". Está muy visto, reina. Y además, hay que saber jugarlo. Las malas molan mucho en las novelas, pero hay que saber. Cuando se es mala, o se disfraza una de mala, hay que asumir que las demás pueden ser malas también, porque tienen el mismo derecho que tú. Por eso las malas se encabronan solas y no patalean. No cuando otra decide ser mala. Para ser mala no sólo hay que saber ganar. Hay que saber perder. Una mala de verdad no puede permitirse juzgar a otra, ni exigirle que sea buena. Por eso no me gustan las malas de pega. Porque disparan con balas de fogueo, se enfurruñan como las buenas y siempre hablan de lo mismo. De ser malas. Me aburren.
Piénsalo, por si te sirve. O no lo pienses. Disfruta de tu verdad, de tus juegos, de tus disfraces. De todo lo que te hace ser tú. Y, ya que pareces tan convencida de ser auténtica, de tener razón, no lo expliques tantas veces. Camina, tía. Supéralo. No lo justifiques más. No merecemos tantos recuerdos, ni tantas palabras. Tener razón y estar segura de ello, debería ser mucho más fácil.

domingo, 9 de marzo de 2008

Churri y Flaquito


Esto ya es el acabóse. Ligando en las elecciones. Como viene siendo habitual, las tres o cuatro familias de siempre nos hemos dedicado hoy a pasear por Gigia, representando a la administración en esto del proceso electoral. La historia consiste en que nos pagan una pasta gansa por aparecer cinco minutos a las ocho de la mañana, a las dos y a las seis preguntando si todo está en orden y cuántos han votado. Y, oh, sí, a las ocho de la tarde, ayudar a abrir sobrecitos, echar cuentas, rellenar papelitos y entregarlos en el ayuntamiento. Un chollo. Una mafia. Me encuentro a todos mis primos por la calle (ay, cómo crecen estos chiquillos, parece que fue ayer cuando iban en pantalón corto y ahora me sacan dos cabezas cada uno), y con los primos de Guaja. El clan de las carpetas azules.

Este año, nos hemos modernizado, oiga. Ya ni siquiera tenemos que llamar por teléfono para cantar los datos. En cada colegio hay uno o varios representantes provistos de PDA, a los que les espetamos los resultados para que los envíen. Tecnología punta. Lástima que, en mi caso, dicha tecnología cayó en manos de una batracia con pinta de Choni tan, pero tan inútil, que fui yo la que tuve que explicarse qué hacer. Pero claro, no iba a dejar a sus dos pobres mesas abandonadas ante el peligro, cuando la pava se puso como un puma a darles gritos porque les faltaba un papel... un papel que debía tener... ella. Y ni lo sabía, la imbécil. También tuve que vérmelas con un interventor sabihondillo que no se conformaba con mandar en su mesa (quién sería él para mandar, me pregunto) sino que pretendía mandar en la mía. Aquí viene la parte divertida, con mi segundo vocal diciéndome por lo bajo: "pero muérdele, churri. Si la jefa eres tú. Usa el poder de la carpeta. Acaba con él". La verdad es que el tío me mató de risa. A ultimísima hora decidió votar a los antitaurinos (según él, vio la luz) y se puso a hacer campaña de mesa en mesa. Ante mis recursos infalibles para hacer cuadrar los números (y, por si no lo sabéis, queridos míos, esto lo hacemos todos y en todas las mesas de nuestro hermoso país, cosas de la democracia), le entró como un desvarío de la emoción: "buf, esto me pone. La erótica del poder, tía. Vamos a cargarnos el sistema. Total, yo no he quedado con nadie, y tú?" La primera vocal lloraba de risa, el ancianito del PP se asustó pensando que hablábamos en serio, el del PSOE no entendía nada y el presidente rellenaba un acta, lo perdía, agarraba un boli, lo perdía, contaba los votos en blanco, los perdía, sumaba y sumaba, se perdía... Llega otro interventor espontáneo. "Quién manda aquí?" "La churri. La churri es la jefa. Si me pide que barra, yo a barrer". Cara de estupor. "No, a mí de barrer no me han dicho nada, yo venía a ayudar con las cuentas..." Por el suelo, literalmente. Las diez de la noche. Había que reírse o empezar a pensar en el suicidio. Me lamento de estar perdiéndome el Moto GP. Una carrera nocturna, momento histórico!!!! El susodicho me mira con embeleso, suelta un suspiro atronador y me espeta: "tienes prisa? Nos casamos? Que oficie el de Los Verdes, que tiene pocos votos y se aburre". La primera vocal se nos añusga con el zumo, y entre carcajadas y estertores nos riega una de las actas por aspersión. Menos mal que siempre ponen de más!

Por fin cuadra todo. Hace media hora que mi primo-gemelo (ese que tuvo el detallazo de nacer el mismo día que yo, pero varios años más tarde) me espera pacientemente con la bondadosa intención de hacerme de chófer. Me despido de mis compañeros. Hala, señores, hemos salvado la democracia. Podemos dormir tranquilos. El flaquito me da un par de besos y suelta la traca final. "Tía, ha sido super bonito. Podrá haber más mesas, pero ninguna como la nuestra". Ni siquiera nos presentamos, campeón, estaba muerta de sueño, apijotada, cabreada con la Choni y hasta la peineta de sobres. Pero me alegraste el día. Ya estrenaremos otra legislatura.

(Sí, ya sé, podría haber hablado de política, pero otro día. Hoy me apetecía contar las chuminadas que pasan entre bastidores, donde el debate más enconado suele girar en torno a si se pillan bocatas de lomo o de tortilla. Con ustedes, el pueblo)


sábado, 8 de marzo de 2008

Huyendo sin moverme


Tengo once días para no pensar en esa banda de monstruos. No sé qué haré con tanto tiempo y tanto cansancio, con tantas ganas de salir corriendo y las pocas fuerzas (y medios) para hacerlo. Pero bueno, no importa demasiado. Las ganas de huir no son nuevas, las dificultades tampoco lo son, y hace muchos, muchos años, que aprendí de escapar de otras maneras. La mayoría de las veces, sin moverme de donde estoy.

Os contaría la noche que he pasado, pero sería un post interminable. Mencionemos, por resumir, toneladas de disolvente, fugas, policía, teléfonos sonando, el Conserje tocando las narices, más policía, cacheos, broncas, nuestro Fantasma desaparecido porque nos lo quitan, se lo llevan al Sur y no quiere irse, la llegada de Guinea (de nuevo estamos a full), el endosamiento del número 13, por toda la jeta, movida con la patrulla, sin camas, el chaval instalado en el sofá del salón, no hay mantas, le dejamos las nuestras, total, no parece que vayamos a dormir hoy, y, para rematar, intento de agresión física por un lado y de agresión sexual por el otro. Nos han dado casi las seis de la mañana en danza. Como despedida no ha estado mal, no.

Hablemos de lo bonito. Charlar con mi Emperador, que siempre ayuda a curar el alma, y con el Peque, que haría cualquier cosa por no verme como me ve. Con el Hereje y la Piratilla, uno razonando y la otra clamando sangre y haciéndome morir de risa. El hecho asombroso de que Cherokee esté encantador. La escojonación mortal con él y Ermitaño en la cocina, bebiendo menta poleo con leche, sus caras de asco y su concierto de estómagos cantando a dúo. Lo útil que resulta una simple mirada y un "por favor" para que Ermitaño ponga orden entre los pequeños piojos revoltosos y hasta con los yonkis. Sus disculpas y sus abrazos, como si se avergonzara del comportamiento de los otros y ya no supiera qué hacer para ayudarnos. El regalo de Mudito, su pulsera, hecha por él y su frase genial: "pero aunque te queda grande no se la regales a tu novio". Ver a Senegal, aplicado como siempre, rompiéndose los cuernos haciendo ecuaciones, y olvidando los ataques racistas del pasado para animar a Cherokee y decirle que él también podrá hacer cursos muy pronto. Notar que falta la play y tener la sospecha fundada de que se la han pulido para darle dinero a Fantasma, para que pueda huir de esos tapum dima que nos lo quitan. Y, por qué no? Acostarse por fin, de amanecida y oyendo pájaros. Aun sabiendo que sólo serán dos horas y media de sueño.

Sobrevivimos. Estoy en casa. Mi cama, la mía, me espera por fin. Once días de tranquilidad, sin horarios ni autobuses. Sorprendentemente, estoy menos hundida que ayer. No me explico cómo, en mi estado, soporté una noche semejante. Pero el caso es que lo hice. Quizá por eso la pena dio paso al cabreo, y el cabreo a la simple determinación. Se acabó. Se acabaron muchas cosas. Quizá no necesite salir corriendo para huir. Sólo tenerlo así de claro, cerrar de un portazo y tirar esa puta llave donde nunca más pueda encontrarla. Es posible que algo totalmente nuevo empiece hoy.

viernes, 7 de marzo de 2008

Ruinas


No ves que por dentro estoy en ruinas?
No sé restar tu mitad a mi corazón.
Siempre quiero, lobo hambriento.
Nunca pido nada a cambio, eso es algo que he aprendido.
Después de un invierno malo, una mala primavera.
No me des más esperanzas, sé que todo son mentiras.

Gracias, Fito, por cantar mi vida.

El mejor de los pecados, el haberte conocido.
Vuela, Bicho.




miércoles, 5 de marzo de 2008

Pánico al silencio


Qué bien sienta descansar, no tener prisa, sacarse ciertas cosas de la cabeza. Acostarse tarde, por ejemplo. Aunque eso implique quedarse dormida antes en el sofá y despertarse a las ocho de la mañana con el cuello destrozado. Señores, nos hacemos viejos. Recordáis cuando podíamos pasarnos horas sentados en el suelo con las piernas cruzadas sin saber lo que era un calambre, una punzada o un "crack" en las rodillas? Recordáis cómo nos reíamos de nuestros padres cuando se les dormía un pie o tenían que tomar impulso para levantarse?? Ya está aquí!!! Bueno, tuvo su compensación. Volver a ver a Warrick en camiseta, con guantes de boxeador, arreando puñetazos. Pura pornografía.

Levantarse tarde. Escuchar la radio desde la cama. Desayunar donuts (algo que no comía desde niña, y si conocéis a mi madre sabréis que en toda mi infancia logré devorar dos o tres). Darse un baño de una hora. Esas cosas. Tomé un gigantesco Black Ice con las brujas que me supo a gloria. Y fuimos de trapos, por propia voluntad. Que nadie se asuste, no me he vuelto femenina de repente. La cosa tiene truco. Ya os contaré.

Acompañar a la Guaja a su trabajo y quedarnos allí hasta el cierre, cafeteando. Y filosofando, porque estaba el porteño. Una charla agradable sobre revelaciones, casualidades, autopsias, lecciones, moléculas, puentes de agua, física cuántica y la bendita madre del cordero. Entre unas cosas y otras salió una reflexión que llevo días haciéndome, a ratitos, durante la casi media hora que me lleva ir de Gigia a Vetusta las noches de curro. He recorrido ese pedazo de autopista miles de veces por miles de motivos distintos. La conozco de memoria. Encima, cuando viajas de noche, no hay mucho que ver. Las chimeneas de Blade Runner, la luna, si la hay, los faros de los coches y poco más. Tu reflejo en el cristal. Aún así, miro por la ventanilla cada vez y dejo que la mente vuele donde quiera. Al menos hasta que suena un móvil. Y entonces me cabreo.

La realidad es esta: miro a mi alrededor y descubro que siempre hay alguno que lee. Son los menos, quizá una sola persona en todo el autobús. Suelo envidiarla sanamente porque no puedo hacer lo mismo. Me mareo si lo intento. Luego hay unos cuantos, casi siempre jóvenes, que van con los auriculares puestos. A veces puedes hasta distinguir lo que escuchan, lo que nos da una idea del volumen, teniendo en cuenta que esa carretera es la más ruidosa de España. No me molestan especialmente, pero tampoco puedo imitarles. La música es algo que siento con demasiada intensidad. La que no me gusta, me enferma. La que me gusta (y eso puede ir, según el momento, de Silvio a System pasando por la Callas) me hace flotar, me eriza la piel, me hace bailar, gritar, llorar, reír, cerrar los ojos, cantar, pegar brincos, comportarme como una tarada. La música es como un chute y nunca sabes qué clase de viaje te va a provocar. A mí al menos me pasa eso. Por eso no puedo escucharla en público. Por eso nunca en mi vida he llevado auriculares por la calle. Por eso en los bares intento no escucharla demasiado, o, si la escucho, me esfuerzo por no hacer el ridículo. La música es algo que escucho a solas, cuando nadie me ve.

Y luego están los del jodido teléfono. Los que reciben cuatro llamadas y seis mensajes en media hora (esos al menos son inocentes, quizá es simplemente que la gente no puede vivir sin ellos). Y los contrarios, los que en esa media hora necesitan llamar a la mitad de su agenda, o a uno sólo de sus contactos, pero para charlar durante todo el viaje. A gritos. De nada. Hola. Qué tal? Estoy en el bus. Sí, llegaré en media hora. No, no hay mucho tráfico. Qué haces? Ah. A que no sabes a quien acabo de ver? A Tere. No, no, iba sola. Se cortó el pelo. La encontré bastante bien, sí. Me comentó que no sabía nada de Pili, no es raro? No sé, tía, ya sabes que esa en cuanto se echa novio... Qué me dices? Que lo dejaron? Pero cuándo? No sabía nada!! Que está con otra? Venga ya! Pero tan pronto? Anda, tía, eso es que le ponía los cuernos. Fijo. Vamos, anda, apuesto la cabeza.

Con que apostaras la lengua, me valdría. Lo sé, ya lo sé, soy intransigente, una borde y una radical. Vaya que si lo sé. Me molesta la gente. Me ofende la gente. A veces tengo la sensación de que son todos iguales. Las mismas charlas estúpidas, las mismas frases, el mismo vacío, la misma nada. Los mismos gestos, idénticas situaciones, la misma historia repetida hasta el infinito. Es de un aburrimiento mortal. Antes, en la maravillosa época premóvil, me encantaba observar a la gente e imaginar sus vidas. Ahora no es posible porque, salvo raras excepciones, ya no hay nada que observar. No hay misterio. Cualquiera puede sentarse a tu lado y escupir su vida entera (o la del vecindario) en apenas 28 kilómetros. Cualquiera puede estropearte la película, joderte la diversión, bajarte de las nubes, fastidiarte el ejercicio de inventiva demostrándote en dos minutos que no tiene el más mínimo interés. En fin, a lo de intransigente, borde y radical añadid arrogante, soberbia, engreída y con aires de superioridad. Seguramente también padezco de todo eso.

Qué me hace pensar que soy mejor que ellos, que mi vida es más fascinante, que mi inteligencia es mucho mayor que la suya? En realidad nada. Probablemente no sea así. Probablemente lo único que me diferencia de esos, es el pudor. Que yo, por pudor, no tendría esa charla, ni ninguna otra, en un autobús lleno de extraños. Que me sentiría incómoda. Que pensaría que estoy molestando a alguien que quiere dormir, leer, mirar el paisaje o pensar. Yo soy de esas personas que dirían: te llamo luego. Y si sólo es pudor, por qué me ofenden tanto, por qué me cabrean y me incomodan así? Por qué tanta intolerancia? Quizá sea porque no soporto la superficialidad y soy una auténtica talibán a la hora de juzgarla. Pero acaso la gente no puede hablar de lo que le dé la gana? Yo no hablo nunca de estupideces? De qué voy? Debería ir la gente en el autobús charlando con su cuñada sobre política exterior? No es humano, y normal, y sano seguramente, el charlar sin más? Probablemente. Lo que me molesta, creo, es que tengo la sensación de que, cada vez que recorro esa autopista, escucho la misma conversación. No importa que el hablante sea un adolescente con gorra de pandillero, una cuarentona con uñas de porcelana, una pija rubia platino meneando la melena, un currele con ojeras, una abuela chillona o un jubileta panzudo. Cambia el tono, los nombres de los protagonistas, pero el resto es siempre igual. Es la superficialidad absoluta y eterna. Estoy en el autobús. Llegó en media hora. No hay mucho tráfico. Cotilleo insulso. Y nueve de cada diez veces, y esto es lo que más me enferma, se despiden con un "venga, te veo en un rato". O sea, que encima os vais a ver en cuanto llegues? Y no puedes esperar treinta jodidos minutos para parlotear?

No puedo menos que pensar que hablamos por hablar. Que, en realidad, no tenemos absolutamente nada que decir. Que ni siquiera escuchamos al otro. Que nos importa muy poco lo que pasa, lo que pasa de verdad. Sólo nos interesa la superficie, lo banal, la estupidez, el marujeo, escuchar el sonido de nuestra propia voz. Ni siquiera nos importa qué coño le pasó a Pili con su novio. Lo que queremos es enterarnos de la parte morbosa y fea del asunto. La conclusión que saco, en definitiva, es que la gente de hoy en día le tiene pánico al silencio. La gente ni quiere ni sabe estar callada, pensar, cerrar los ojos media hora de todo un día, relajarse un poco, desconectar, mirarse hacia dentro, oírse hacia dentro, dejar sencillamente la mente en blanco o mirar las nubes por la ventanilla y salir volando. La gente odia estar consigo misma. Por eso llenan el silencio de músicas atronadoras y charlas insustanciales. Cualquier cosa con tal de no quedarse a solas. Por qué ese terror? Qué es lo que temen? No gustarse? Y por qué? Quizá porque saben que no tienen nada que decirse, ninguna pregunta que hacerse, ninguna respuesta que buscar? Quizá porque son muy conscientes de su absoluta falta de imaginación, de que su cerebro está atrofiado por falta de uso, de que tienen la profundidad de un bolsillo? No hay nada dentro y por eso sólo miran y oyen hacia fuera?

En cualquier caso, qué fue primero? Uno es superficial y se queda vacío, y por eso luego evita echarse una ojeada? O nunca sintió esa necesidad y por eso se quedó tan vacío y superficial? Es la pescadilla que se muerde la cola? Hay gente que no entiende el concepto "pensar". Pensar en qué? Pensar por qué? Pero te pasa algo? Por qué tienes que pensar? En qué tienes que pensar? No "tengo que", ni "me pasa nada". Pienso. Pienso porque estoy viva y desde que tengo conciencia de mí misma me recuerdo pensando. En cosas de lo más sesudas y en cosas de lo más idiotas. Pero pensando todo el rato. A lo mejor es por eso que valoro el tiempo que paso conmigo, y me encanta el silencio, y me revienta que me lo rompas con tus parrafadas estúpidas. A lo mejor es por eso que soy tan sobrada y me creo mejor que tú. Porque no temo al silencio, ni al vacío, ni a bucearme, ni siquiera a dejar la mente en "pause" durante un rato. No necesito llenar mi vida de ruido constantemente, ni invadir con mis estruendos a los demás. No soy de esa gente que no sabe estar sola ni callada. Y sí, creo que eso hace que yo, y muchos como yo, seamos mejores que otros.

Un beso enorme para Lala, que ha tenido que despedirse de uno de sus bichitos, esos seres increíbles que siempre saben callarse, pensar y soñar con nosotros.

lunes, 3 de marzo de 2008

Arañazos


Como cada mañana, la leche hirvió y se salió de las tazas, dejando el microondas mojado y pringoso. Traté de secarlo con una bayeta, mientras cargaba con Claudia apoyada en la cadera y sujetaba el teléfono con el hombro. La niña estaba enferma, resultaba obvio. Tenía fiebre y lloriqueaba. Traté de explicarle a mi madre que no tenía tiempo para charlar, pero ella seguía y seguía al otro lado de la línea, exponiéndome todas sus insólitas teorías sobre cómo curar los resfriados. Y entonces, cuando estaba convencida de que nada podía complicarse más, mi hijo mayor, Marcos, me tironeó de la bata.
- ... No, mamá, no ha vomitado. Espera un segundo, ¿quieres?
Aparté el auricular. La vocecita de mi madre continuó, implacable.
- ¿Qué quieres, cariño?
- Mami, hay un animal que quiere salir.
Me enredé con el cable del teléfono y estuve a punto de caer con Claudia.
- ¡Por el amor de...! Lo siento, cielo, ¿qué decías? ¿Un animal? ¿Dónde? ¿En el desván? Habrá entrado un pájaro...
- Está en mi cuarto, mami.
Le miré fijamente. Sabía muy bien cuándo Marcos fantaseaba o mentía con descaro. Esta vez parecía muy serio.
- ¿En tu cuarto? ¿Lo has visto? ¿Qué es, cariño, un ratón?
- No le he visto, mami. Me da miedo. Creo que es muy grande, está dentro del armario. Por las noches araña la puerta...
Lo que me faltaba para redondear aquella mañana. Sonreí a mi hijo y le acaricié el pelo.
- Bueno, Marcos, no debes tener miedo. Esta noche papá y yo iremos a echar a ese animal de tu armario, ¿vale?
Se quedó más tranquilo. Lo hablé con mi marido. Mostró bastante interés, lo cual es digno de elogio en él, que pasa más de la mitad de su vida dedicado a un trabajo agotador que, dicho sea de paso, nos permite vivir muy bien. Supongo que por eso no suelo quejarme de sus habituales “faltas de atención”. Por eso y porque le quiero, naturalmente. Aquella vez escuchó sin interrupciones, me pidió detalles, se asombró de la fabulosa imaginación de nuestro hijo, me preguntó si no sería una forma de reclamar más atención, quizá por celos hacia Claudia... Vamos, resultó todo un despliegue de psicopedagogía paterna. Y me encantó.
Por la noche, ambos representamos la comedia. Golpeamos el armario, amenazamos al monstruo y le exigimos que se fuera de nuestra casa. Marcos nos miraba atentamente. Raúl, mi marido, pareció entusiasmarse con la experiencia y tomó la voz cantante, en su papel de padre de familia.
- Escúchame bien, bestia asquerosa – exclamó con voz lúgubre -. Te has equivocado por completo si creías que podías entrar en nuestros armarios y quedarte tan tranquila. No nos das ningún miedo y no puedes hacernos daño. Así que vuelve al apestoso lugar de donde hayas salido y púdrete. ¿Entendido? ¡No nos das miedo!
En ese momento, mi hijo Marcos parecía lleno de orgullo hacia su padre. Yo, en cambio, sentí un escalofrío que me dejó helada. Tapé bien a mi hijo, Raúl y yo le besamos deseándole las buenas noches y volvimos a nuestra habitación.
- ¿Qué te pasa, cielo? Estás pálida.
- Creo que has sido demasiado duro con el animal. Quizá le hayas molestado, y una bestia herida es peligrosa...
Raúl reía a carcajadas.
- ¡Cariño! ¿Te has vuelto loca? ¡Es el monstruo del armario! Todos los niños hemos tenido el nuestro. No existe. ¿Es que voy a tener que repetir esa payasada tipo cow-boy en nuestro empotrado?
Reí con él, pero seguía intranquila. Al día siguiente, mi hijo estaba pálido, ojeroso y demacrado. Creí que se había contagiado del resfriado de Claudia. Le pedí que no fuera al colegio, que se quedara en la cama. Se negó. Me encogí de hombros. Caprichos de niños. Marcos ya se vestía solo, pero aún pedía ayuda para bañarse. Por eso hasta aquella noche no vi los arañazos.