domingo, 23 de marzo de 2008

A puñetazos


En su día aluciné con el Rifeño rubio de ojos azules, pero lo del pelirrojo con pecas me parece ya el colmo. Tengo un monstruito nuevo y, lógicamente, le voy a llamar Pumuki. La semanita ha estado bien, sí señor. Momentos mágicos, como las clases de "ligar en asturiano" impartidas por Hulk a un Senegal que se tiraba por el suelo de risa, o las charlas con Mudito y Chino sobre sus ligues, sus planes de futuro, sus vidas en Tánger. Por haber, hubo hasta un milagro: Bobo, en persona, en carne mortal, ese niño que me odia a muerte y con el que llevaba semanas sin intercambiar palabra, ese que le pedía a la jefa que me despidiera porque estoy loca, el que sólo de refería a mí para recordarme el nombre de la profesión más vieja del mundo, el tarado de los empujones, los gritos y los colocones superlativos, se me presenta en la sala de educadores, me mira, sonríe y me espeta: "Morena, perdona por todo". Y, no contento con eso, me da un abrazo. Mi cara de sorpresa fue tal que Avilés tuvo que salir a reírse al pasillo. Impresionante documento.

Obvio, no todo iba a ser bonito. Ni en sueños. Guinea está cada vez peor y parece confirmarse la sospecha de que arrastra consigo algún tipo de enfermedad tropical o una infección seria. Cruzamos los dedos para que no sea nada, y, entretanto, se repiten los viajes a urgencias, siempre con Senegal de intérprete y ejerciendo de hermano mayor. Otro momento impagable, ver cómo desaparece el pánico y el dolor de la carita de Guinea cuando nuestro futbolista favorito le hace muecas, le cuenta chistes y le consuela. Que los dioses me sigan dando imágenes así, niños así, para poder seguir creyendo que lo hago tiene algún sentido.

Chiqui se colocó como de costumbre, o puede que más. La noche estaba tranquila, dejando a un lado sus acosos habituales. De pronto, una palabra de más y todo salta por los aires. El Ermitaño sujeta a Chiqui, yo le pregunto a Chino qué demonios les pasa, el ambiente se va caldeando y algo me roza la cara. Se oye un estrépito. Vaya, acabamos de sustituir las chanclas por un mp3. Nueva arma arrojadiza. Reconozco el cacharrito de Fritz, que el encantador de Chiqui acaba de hacer pedazos contra la pared, justo entre mi cabeza y la de Chino. Ya no hay quien pare la bronca. Y esta vez va en serio. Chiqui comete la osadía imperdonable de arrearle a Chino un guantazo en la cara, a mano abierta. Es la peor de las afrentas. A un tío no se le abofetea jamás, son sus leyes. Empiezan los puñetazos. Huelva es el segurata de guardia esta noche y temo por él. Es un hombre de casi sesenta años, acostumbrado a trabajar en centros comerciales. Esto le queda grande, lo reconoce abiertamente. Chiqui es demasiado enclenque como para suponer una amenaza seria, pero Chino está como una mula y muy cabreado. Como soy imbécil y debo creerme Superwoman, no me conformo con dejar que Huelva y Ermitaño intenten separarles, y tampoco se me ocurre salir corriendo para avisar a Avilés, que ve una película con los demás. No, para qué? Me meto en el fregao sin pensármelo dos veces, y claro, acabo recibiendo un gancho en el estómago que me deja doblada y sin respiración. La tropa ha oído el escándalo desde arriba y bajan en tropel por la escalera. Alguien me saca de la melé, no sé ni quién. Alucino al verles a todos tratando de poner paz en lugar de jalear la pelea. Incluso Bobo se mete en medio. Como no tenía bastante con el puñetazo, vuelvo a verme en el sarao, sujetando a Chino contra la pared (se le sale el corazón del pecho) y pidiéndole que me mire, que hable conmigo, que se calme, rezando para que no se emplee a fondo y despanzurre al cabrón de Chiqui.

La marabunta se divide. Unos se llevan al cizañas arriba, otros nos quedamos con el orgullo herido de Chino, fumando un cigarro. "Es el disolvente. Es esa mierda. Ese hijoputa me tiene hasta los cojones". Por un momento parece que va a llorar de pura rabia, así que les pido a los chicos que le dejen solo. Al rato me llama, nervioso. "Creo que yo no te pegué, pero no lo sé. Me vas a denunciar?" Le quito la idea de la cabeza. Ha sido un accidente, no pasa nada. Además, no hay forma de saber quién ha sido, y tengo claro que ninguno de los dos pretendía sacudirme a mí. A pesar de que no hubo intención, es lo que más ofendió a la tribu. Les parece muy serio lo que ha pasado, están indignados (no doy crédito) y hasta tuve que convencerles de que no necesitaba un médico. Veremos qué medidas se toman ante el incidente. Por lo pronto, yo he sugerido que se prohíban las pelis de Jackie Chan. Qué le voy a hacer? Habrá que tomárselo a risa.

Pasó la semana, hay nieve al rededor de El Ñeru, esta noche podré dormir en mi cama y ni me explico cómo me mantengo en pie. Pero bueno, aquí estamos. Esperando a los Búhos.

4 comentarios:

Salem6669 dijo...

Bueno, por lo que cuentas va a resultar que después de todo algo están aprendiendo ( y no me refiero a boxeo ;o))
si son capaces de reconocer que aunque haya sido un "accidente" el pegar a uno de sus educadores es pasarse de la raya y han colaborado para sofocar la refriega, yo me quedaría con eso, una pelea entre dos adolescentes que a lo mejor sirve para que podais marcar mejor las pautas educativas,
aunque eso de no dejarles ver pelis de Jackie Chan no se yo, muchos crecimos viendo las posesiones diabólicas de El Último Guerrero y con el gran Bruce Lee y a parte de algún mamporrito tonto creo que no ha sido demasiado traumático, además recuerda la gran filosofía de "Be water, my friend" ;oP

Esperando más cartas a los búhos, y que las noches de descanso en tu camita te traigan los Dulces Sueños que necesitas y te den fuerzas para lo de retorcer orejillas ;oP

Besinos

Lenka dijo...

Ay, sí, camita, camita, camita...
Mmmmmm... moto, moto, moto...
Juas, esto ya es vicio!!!
Besos, Motero.

Wendy Pan dijo...

Que la fuerza y los búhos estén contigo Len.

Lenka dijo...

Gracias, Wendy Lerendy!!! ;-)
Qué tal los blasfemators??