lunes, 3 de marzo de 2008

Arañazos


Como cada mañana, la leche hirvió y se salió de las tazas, dejando el microondas mojado y pringoso. Traté de secarlo con una bayeta, mientras cargaba con Claudia apoyada en la cadera y sujetaba el teléfono con el hombro. La niña estaba enferma, resultaba obvio. Tenía fiebre y lloriqueaba. Traté de explicarle a mi madre que no tenía tiempo para charlar, pero ella seguía y seguía al otro lado de la línea, exponiéndome todas sus insólitas teorías sobre cómo curar los resfriados. Y entonces, cuando estaba convencida de que nada podía complicarse más, mi hijo mayor, Marcos, me tironeó de la bata.
- ... No, mamá, no ha vomitado. Espera un segundo, ¿quieres?
Aparté el auricular. La vocecita de mi madre continuó, implacable.
- ¿Qué quieres, cariño?
- Mami, hay un animal que quiere salir.
Me enredé con el cable del teléfono y estuve a punto de caer con Claudia.
- ¡Por el amor de...! Lo siento, cielo, ¿qué decías? ¿Un animal? ¿Dónde? ¿En el desván? Habrá entrado un pájaro...
- Está en mi cuarto, mami.
Le miré fijamente. Sabía muy bien cuándo Marcos fantaseaba o mentía con descaro. Esta vez parecía muy serio.
- ¿En tu cuarto? ¿Lo has visto? ¿Qué es, cariño, un ratón?
- No le he visto, mami. Me da miedo. Creo que es muy grande, está dentro del armario. Por las noches araña la puerta...
Lo que me faltaba para redondear aquella mañana. Sonreí a mi hijo y le acaricié el pelo.
- Bueno, Marcos, no debes tener miedo. Esta noche papá y yo iremos a echar a ese animal de tu armario, ¿vale?
Se quedó más tranquilo. Lo hablé con mi marido. Mostró bastante interés, lo cual es digno de elogio en él, que pasa más de la mitad de su vida dedicado a un trabajo agotador que, dicho sea de paso, nos permite vivir muy bien. Supongo que por eso no suelo quejarme de sus habituales “faltas de atención”. Por eso y porque le quiero, naturalmente. Aquella vez escuchó sin interrupciones, me pidió detalles, se asombró de la fabulosa imaginación de nuestro hijo, me preguntó si no sería una forma de reclamar más atención, quizá por celos hacia Claudia... Vamos, resultó todo un despliegue de psicopedagogía paterna. Y me encantó.
Por la noche, ambos representamos la comedia. Golpeamos el armario, amenazamos al monstruo y le exigimos que se fuera de nuestra casa. Marcos nos miraba atentamente. Raúl, mi marido, pareció entusiasmarse con la experiencia y tomó la voz cantante, en su papel de padre de familia.
- Escúchame bien, bestia asquerosa – exclamó con voz lúgubre -. Te has equivocado por completo si creías que podías entrar en nuestros armarios y quedarte tan tranquila. No nos das ningún miedo y no puedes hacernos daño. Así que vuelve al apestoso lugar de donde hayas salido y púdrete. ¿Entendido? ¡No nos das miedo!
En ese momento, mi hijo Marcos parecía lleno de orgullo hacia su padre. Yo, en cambio, sentí un escalofrío que me dejó helada. Tapé bien a mi hijo, Raúl y yo le besamos deseándole las buenas noches y volvimos a nuestra habitación.
- ¿Qué te pasa, cielo? Estás pálida.
- Creo que has sido demasiado duro con el animal. Quizá le hayas molestado, y una bestia herida es peligrosa...
Raúl reía a carcajadas.
- ¡Cariño! ¿Te has vuelto loca? ¡Es el monstruo del armario! Todos los niños hemos tenido el nuestro. No existe. ¿Es que voy a tener que repetir esa payasada tipo cow-boy en nuestro empotrado?
Reí con él, pero seguía intranquila. Al día siguiente, mi hijo estaba pálido, ojeroso y demacrado. Creí que se había contagiado del resfriado de Claudia. Le pedí que no fuera al colegio, que se quedara en la cama. Se negó. Me encogí de hombros. Caprichos de niños. Marcos ya se vestía solo, pero aún pedía ayuda para bañarse. Por eso hasta aquella noche no vi los arañazos.

14 comentarios:

Salem6669 dijo...

Menos mal que hace tiempo que soy "amigüito" del monstruo de mi armario (cosas de vivir a caballo entre varias ciudades,como no me veía pues se ve que me tenía morriña y luego como le hablaba de los monstruos de las otras casas pues... ;oP ),que si no hoy mismo dormía en el sofá, o en la escalera ;o)

Esperando más cartas a los búhos.

Besinos, Paz y Amor.

Lenka dijo...

Me da un corte del quince, pero de vez en cuando me animo a colgar algún cuento para mis bloggeros favoritos. Espero que te haya gustado. Besos, motero.

Rogorn dijo...

Joé, telepatía. Justo acabo de ponerme con lo tuyo que me diste, jeje. Que ya te lo comentaré, ;)

¿Este es nuevo? ¿Hay algún nombre significativo, jeje? ¿Los arañazos tienen significado oculto, más o menos?

Lenka dijo...

Aquí nada significa nada, sólo son historias que salen.
Me hago autopsias a mí misma, pero con los relatos nunca lo he intentado.

;-)

Salem6669 dijo...

Tanto mi monstruo del armario como yo afirmamos que nos ha gustado el cuento,además de estar convencidos de que las historias que salen si que significan algo,....que tienes un talento del carajo ;o).

Besinos

Guaja dijo...

Por eso nunca quise tener armerio en la habitacion. Y ahora que dispongo de 3 habitaciones para mi sola, una de ellas esta destinada unicamente para el armario (y pata algun que otro invitado, jeje).

Gracias por seguir colgando estas cosas, Le! ;)

Lenka dijo...

Gracias, chicos!!

(Es que hoy estaba muy vaga) ;-)

Lenka dijo...

Por cierto, Ro, que no te respondí, los cuentos estos que voy colgando son del 2.004 nada menos, así que NO, ningún nombre significativo, jejejeje. Salvo que ESE en concreto, siempre me ha encantado. (No creas, que al releerlo hoy me hizo cierta gracia eso de tener que ayudar al niño a bañarse... Jodido cosmos, ya me vacila a años vista!!!!)

;-)

Anónimo dijo...

Que bueno Len.... Tienes que poner más.

Un besito

Marechek

Wendy Pan dijo...

JEJEJE

ESos niños deberían adscribirse a MONSTRUOS, S.A. pero ahora mismito.
Besotes

Anónimo dijo...

Espectacular relato, aunque eso ya lo deberías saber por lo mucho que los que te leen te lo decimos.

En otro orden de cosas.... Si Guaja tiene una habitación solo para el armario y para los invitados... este relato... a ver si va a ser por eso que... o no... o sho qué sé

Lenka dijo...

Qué? Nos aburrimos en la oficina???

;-)

Besitos!!!

Anónimo dijo...

Uuuupsss

Lenka dijo...

Jejeje, te tengo fichado, compañero. Son muchos años.

;-)