lunes, 10 de marzo de 2008

Balas de fogueo

Parece mentira que pueda haber diferencias tan abismales entre cómo nos vemos y cómo nos ven. Cómo la misma historia, exactamente la misma, muta radicalmente dependiendo de quién nos la cuente.
En este caso, querida, supongo que no puedo ser imparcial. En primer lugar, seamos francos, porque nunca me gustaste. Contigo me ocurrió lo que me pasa muchas veces. Que me erizabas la piel y no de gusto, precisamente. Como me la eriza el barrer una alfombra. Se llama dentera. Es lo que yo defino como "no me llegas". Ese conjunto de sensaciones que no se pueden explicar y que hacen que una persona, desde el primer momento y sin motivo aparente, te provoque cierta reserva, te haga mantener las distancias. Es como un flechazo, pero al revés. Obvio, cuando el angelote ridículo nos clava una flecha no nos sentimos perversos. El amor es taaaaaan bonito... para qué molestarse en explicarlo? En cambio, el mal rollo nos menea la culpa. Joder. Ya me vale. Por qué le tengo manía? Qué borde que soy. Si no me ha hecho nada. Esto no son más que prejuicios. Déjate de gilipolleces, no te adelantes. Dale tiempo, date tiempo.
Pero, sabes qué? Que nunca me equivoco. No es por presumir, lo cierto es que es una jodienda. Te sientes como un pérfido buitre a la caza del error ajeno, esperando la confirmación de tus sospechas, muriéndote de ganas de saltar con el dedo acusador en ristre y sentenciar: "ya os lo decía yo!!!" Te dejaría eso más tranquila? No fue así. No soy así. Miro hacia dentro, me reviso, no me engaño y no me paso una. Me reprendo y me saco los colores. Cierro el pico y no aireo mis suspicacias, porque, fíjate, soy buena gente. Mis maldades son otras. Sopeso las cosas y pienso. "No es justo, desde luego. No tienes derecho a desconfiar. Cierto, tus sentidos no suelen fallar. Tus ojos ven cosas que tu cerebro archiva sin que seas consciente de ello. Es tu piel la que te avisa, la que dispara las alarmas. No eres capaz de razonarlo, pero ahí está. Pero sabes que, aunque la estadística lo desmienta, puedes meter la pata esta vez. Así que cállate. Espera. Y si comete un error, no la juzgues con las tripas. Júzgala con la cabeza. Pregúntate si te molestaría tanto si ese error fuera de otra, de una de tus adoradas. Sé justa".
Siempre he tenido claro que si A es amigo de B, y B es amigo de C, eso no implica que A y C deban ser amigos. Es más, quizá ni se soporten. Pero, si tienen dos dedos de frente y un mínimo sentido del respeto, envainarán las espadas por el bien de ese B que tienen en común y al que dicen querer. Porque la educación no cuesta tanto. Y porque una sonrisa no significa que estemos cediendo en lo que no nos apetece. Yo puse límites contigo. Límites emocionales. Hasta aquí. No me apetece conocerte más. No me costó demasiado, porque tampoco tú te acercaste nunca. Por desinterés, porque yo te provocaba el mismo yuyu, por falta de tiempo, porque coincidió así, por el motivo que fuera, tan lícito como el mío. Y quizá igual de inexplicable. Tú y yo jamás fuimos amigas, ni lo intentamos. Teníamos varias letras B en común, y yo te respetaba por eso. Por ellos.
Alguna vez charlamos tú y yo? Nos tomamos algún café juntas? Recuerdas alguna llamada? Sólo hubo una, y ni siquiera fue directa. El día de tu rabieta, el día que, sin esperarlo, pasaste de verdugo a víctima, llamaste a alguien que no era yo y le pediste que me pasara el teléfono. Ese día, curiosamente, el dolor te hizo muy amiga mía. Y yo, que, obviamente, estaba del otro lado, del lado de mi B más enorme, te recibí y te escuché. Porque no era mi guerra. Porque, si había guerra, ya tendría tiempo de posicionarme si me daba la gana. Porque todos merecen un hueco en un sofá, un hombro, un par de orejas. Ya te digo que mis maldades son otras. Te abrí mi casa, montaste tu séquito, te escuchamos, te dijimos que los sentimientos no entendían de derechos, que no te justificaras por sentir lo que no debías. Que pensaras en lo mejor para ti, y que te apoyaríamos en eso. Mi corazón, evidentemente, estaba con la otra parte. Pero mis manos (porque tengo dos) podían estar con ambas. Tomaste tu decisión y parecía sensata, noble, generosa incluso. Eso me gustó y te sumé puntos. Pensé que me había equivocado contigo. Recuerdas qué hiciste luego? Luego mentiste, manipulaste, chantajeaste a mi B preferida. Aunque, evidentemente, tú no lo verás así. Ni mucho menos. Será que todos los demás entendimos mal. No nos lo tengas en cuenta, últimamente nos pasa mucho.
Sinceramente, no me fui a ninguna parte, porque nunca estuve. Al menos no más allá de lo que las normas sociales y las buenas maneras me podían exigir sin que me jodiera aceptarlas. Querida mía, una llamada cuando estabas puteada no nos convierte en amigas. Nunca me hiciste nada. Ni bueno ni malo. Se lo hiciste a alguien que me importa, y como tú no me importabas, lo dejé correr. No te eché de mi vida, ni me fui de la tuya. Nunca estuvimos. Ni tú ni yo. No fue una pérdida, y me dejó indiferente. Del resto, no digo nada. Cada cual tendrá sus razones, ellos sabrán, tú sabrás. Por qué te saludan por la calle o por qué no lo hacen. No es mi problema. Yo hablo por mí. Y, como hablo por mí, te pido que no me metas en según qué sacos. Si es que lo haces, que no lo sé. Por las dudas, te lo repito: nunca fuimos amigas. Pretender otra cosa sería de un cinismo repulsivo. Yo lo sé, y tú lo sabes. Nunca supe nada de ti, ni tú de mí, ni nos esforzamos por cambiarlo. Ya nos iba bien así, seguro que lo recuerdas.
Si quieres puedo decirte qué cosas de ti no me gustaban, aunque sospecho que eres de esas que, al escucharlas, te reafirmas. El mundo se equivoca. Me odian y me tienen envidia. Soy perfecta, no tengo ningún defecto. Al menos, no esos. No esos tan feos que me ven otros. No, esos no me gustan. Ya me buscaré yo unos defectos más molones, de esos de currículum, de los que a todos nos gusta admitir porque les damos la vuelta para que parezcan virtudes. Ya sabes. Cosas como: "soy super perfeccionista. Cuando quiero algo, no me rindo. A veces soy demasiado fría, no es que lo haga a propósito, es que la vida me ha hecho dura". Ohhhhh, qué cool. Sí, todos hemos jugado a vendernos así alguna vez. Es normal, ojo. Somos humanos. Quién podría disfrutar machacándose la autoestima? Aunque, te confieso una cosa. Es bueno, a veces. Mirarse con lupa y eso. Admitir cosas feas, quitarse las máscaras, aprender. Decir: "joder, qué asco me doy en esto, colega, me niego, a cambiarlo pero que ya!!" Tal vez me equivoque, pero creo que no eres de esas. Eres de las que se crecen. De las del yo contra el mundo. Qué sabrán ellos. Será bueno para el ego, pero es humo, es maquillaje y no enseña nada. Lo descubrí hace tiempo haciéndome autopsias. Yo ya no me engaño. No me lo consiento.
Pero, qué demonios, estoy que lo tiro, te lo diré de todos modos, por si te sirviera de algún modo. No me gustabas porque te pasabas la vida mirándote el ombligo. Porque, no sé bien por qué ni en qué momento, te inventaste un personaje trilladísimo y aburrido de loba marchosa, de mala malísima, con el que parecías querer justificar el "hago lo que me da la gana, a costa de quien sea, y al que no le guste, que no mire". Está muy visto, reina. Y además, hay que saber jugarlo. Las malas molan mucho en las novelas, pero hay que saber. Cuando se es mala, o se disfraza una de mala, hay que asumir que las demás pueden ser malas también, porque tienen el mismo derecho que tú. Por eso las malas se encabronan solas y no patalean. No cuando otra decide ser mala. Para ser mala no sólo hay que saber ganar. Hay que saber perder. Una mala de verdad no puede permitirse juzgar a otra, ni exigirle que sea buena. Por eso no me gustan las malas de pega. Porque disparan con balas de fogueo, se enfurruñan como las buenas y siempre hablan de lo mismo. De ser malas. Me aburren.
Piénsalo, por si te sirve. O no lo pienses. Disfruta de tu verdad, de tus juegos, de tus disfraces. De todo lo que te hace ser tú. Y, ya que pareces tan convencida de ser auténtica, de tener razón, no lo expliques tantas veces. Camina, tía. Supéralo. No lo justifiques más. No merecemos tantos recuerdos, ni tantas palabras. Tener razón y estar segura de ello, debería ser mucho más fácil.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Permisito..... juasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuas

Muy bueeenoooo

Marechek

Anónimo dijo...

Genial, Len!
Yo también me enfado conmigo misma cuando tengo esa sensación inexplicable con alguien... y luego me enfado aún más por desoír los avisos que me daba la intuición o lo que sea, cuando se demuestra que tenía razón y la persona en cuestión me jode todo lo que puede. Sólo de imaginarme que la interesada lo pueda leer... juasjuasjuas. Bravo!
Por cierto, tienes telepatía o algo? Anda que no me he acordado yo estos días de ciertas elementas de este tipo! Besos. Carlota

Lenka dijo...

Vaya por delante que en esta entrada no hay mala leche, ni enfado, ni rencor, ni nada de eso. Sorpresa, en todo caso. Se lo escribo a una persona que nunca me resultó cercana ni importante, las cosas como son, y cuya salida de mi vida no me afectó en absoluto, por lo que digo: nunca llegó a entrar. Por eso me sorprende que se le haya dejado tanta huella, tanta como para no ser capaz de pasar del tema. Máxime cuando está tan convencida de haber salido ganando con la nueva situación. Me sorprende mucho, en serio.

Hola a las dos! Tomaos algo!! ;-)

Lal dijo...

Me lo voy a estudiar para cuando me toque a mí pasar por una situación de esas (que me tocará, ya lo creo...) porque me ha encantado.
Besitos y a disfrutar de las vancances!

Salem6669 dijo...

Sigues asombrandome, ya no es que seas capaz de analizarte a ti misma, sino que analizas perfectamente a otros, ( y eso a más de un@ le puede dar algo de miedo jejeje )

Pd.- En el hipotético caso de que la analizada leyese esto se debería dar con un canto en los dientes por recibir un psicoanálisis sin que le cobren por ello, ;oP

Esperando más cartas a los búhos.

Besinos

Lenka dijo...

... o de como poner a alguien a parir y encima soltarle "agradéceme que no te pase la factura!"

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!!!!

Motero, eres increíble. Besos!!!

Guaja dijo...

Le, sea quien sea tu B preferida, seguro que se siente halagada por ello.;)

Gracias por todo. Mil besos.

Lenka dijo...

Gracias por qué?? Si yo no hice nada...

;-)