miércoles, 30 de enero de 2008

Clamando a Herodes

Tarde movidita, noche movidita y, para no perder el ritmo, mañana movidita. Ayer los monstruos de El Ñeru casi acaban a cuchilladas. Ni siquiera sabemos por qué. En plena cena, con todos parlando infiel y nuestro Abderramán volviéndose loco para traducir semejante galimatías, parece ser que alguien le mentó la madre a alguien y poco faltó para terminar cenando, literalmente, pinchos morunos. En realidad la cosa prometía, dado el colocón de disolvente que traían todos tras su paseo vespertino (esa mierda les está fundiendo el cerebro clarísimamente). Tras la oportuna contención, que acabó con un sopapo involuntario a Madrid, y la pertinente y sosegada charla ("pero qué coño os pasa, joder? Estáis mal de la cabeza?") parecía que todo volvía a su cauce. Pero no. El Guapo, anonadado ante semejante violencia gratuita y, pensando seguramente que al final el único medio normal era él mismo, el homicida, anunció que se largaba de allí. Dicho y hecho. Siguiendo los pasos de Houdini, se adentró valerosamente en la fría noche de Vetusta.

Para cuando llego con Burgos, todos están de la ceca a la Meca, viendo la tele y enredando por las habitaciones. Mientras Madrid, Rastas y Abderramán nos ponen al corriente, oímos los espeluznantes chillidos de Canijo, y deducimos que le están despellejando, que, finalmente, ha llegado la hora fatal en la que los mayores se han hartado de sus incansables tocamientos de gónadas. Volamos por la escalera para comprobar que nada más lejos de la realidad. Canijo, Chiqui y Fantasma juegan a la lucha libre. Les reprendo por el escándalo y no tardo en comprobar que el ambiente está cargadito. Nada que ver con otras veces en las que, al menos, te toman por el pito del sereno con una sonrisa amable. Esta vez ni se molestan. Miradas aviesas, silencio demoledor. Fantasma me agarra del brazo, me pega un tirón y me lo dobla a la espalda. Jugando. Sin jugar un pijo le advierto que, o me suelta, o va a tener un problema mucho más allá de su imaginación. Me suelta. En ese momento, Canijo empieza con su retahíla de arabescos. Me encojo de hombros y le digo que no entiendo y que, ya puestos, tampoco me importa un pijo. Me mira retador desde su metro y medio escaso y me espeta: "que te largues de aquí". Claro, yo lo entiendo. Hasta ahora sólo les sufrían los esforzados compañeros del turno de mañana, tarde y findes. Con los de la noche todo es guasa. Algún día tenían que medirse con nosotros también. Aprovechemos el factor sorpresa, ya que nunca nos han visto en plan cafre. Le lanzo una mirada asesina y le digo con tono meloso: "disculpa? Que te quede claro que me largaré cuando me dé la real gana, y casi mejor que no quieras demostraciones". Canijo pone cara de susto. Esta vez ha colado. Me digo a mí misma que mañana no colará, y, para variar, tengo razón.

Mantengo una charla telefónica con la jefa que, olvidando toda diplomacia, suelta múltiples blasfemias sobre el comportamiento del Canijo. Creo entender algo así como "castigado hasta que se jubile". Poco después llama Boabdil, el otro traductor, y me hace morir de risa con dos perlas que tampoco suenan muy pedagógicas: "a la puta calle, hombre ya!!" y "estoy hasta las narices de estos marroquíes". Viniendo de un tío de Tánger, la cosa tiene guasa.

A las doce se van a la cama sin que tengamos que decírselo, excepto el Ermitaño, claro, que, como siempre, duerme tranquilamente desde hace horas. A las dos de la mañana suena el teléfono. Un amable nacional me comenta entre risas que tienen dos regalitos para nosotros, recién adquiridos en la estación de autobuses. Al cabo de una hora nos traen a Houdini y al Guapo. Al menos estos maderos vienen bromeando con ellos y haciendo comentarios tipo: "ay, estos críos..." Nada que ver con la panda de subnormales que nos escoltaron al Novato. Seis tíos para acompañar a un chaval de cincuenta kilos, algunos vestidos de calle, haciendo el imbécil sin el más mínimo sonrojo, "reconociendo el terreno" y dándose instrucciones por los walkies, con gafas de sol a las cuatro de la mañana y poniendo esas caras de Harry el Sucio que dan ganas de vomitar o de partirse el eje. Eso por no mencionar el simpático comentario del jefecillo de turno: "Venimos tantos para pegarle cuatro tiros si intenta escapar, que estos putos moros corren mucho". Alá, dame paciencia. Dame paciencia porque hoy termino en comisaría, pero este subnormal profundo se traga la orden de fiscalía, la porra y hasta las putas gafas.

Houdini y el Guapo llegan encantados con su aventura y muy contentos de haber hecho amigos. "Estos polis son buenos". Les comento que estoy terriblemente feliz de que lo hayan pasado bomba y que me siento muy realizada por haber tenido que levantarme a esas horas, vestirme y salir a la calle a congelarme el alma para esperarlos. Ponen cara de pena y se disculpan. Hombre, algo es algo. Houdini comenta muy serio: "mañana hablo con la jefa para que me castigue". Burgos y yo hacemos esfuerzos sobrehumanos para no morirnos de risa.

Por la mañana lo de siempre, nadie quiere levantarse. Les enchufamos a Tino Casal a todo meter por megafonía, rezando para que no nos denuncien por tortura. Resulta de lo más efectivo, salen de la cama por patas. Incluso Houdini y el Guapo, con cara de estar pensándose muy mucho lo de las aventuras nocturnas. Canijo la vuelve a montar. Al señorito no le da la real gana de hacer sus tareas. Incluso le levanta la mano a Burgos (total, ya lo había hecho antes con Galicia, Alicante y Ricitos, supongo que el chaval sólo intenta ser equitativo) De nuevo toca charla sosegada y pedagógica ("si no os gusta estar aquí ya sabéis dónde está la puerta, aunque muy lejos no vais a llegar, preguntadle a Houdini. La pasma os va a estar devolviendo hasta que os salgan canas, campeones y a nosotros nos pagan lo mismo. Y tened en cuenta una cosita: éste sitio es de paso. De aquí van a salir informes recomendando a dónde tenéis que ir y esos informes los escribimos nosotros, por si no habíais caído. Si cumplís con lo vuestro se aconsejará que os manden a un sitio abierto, con pagas de fin de semana, donde os consigan los papeles, os enseñen un oficio y os dejen salir de julandreo. Si os empeñáis en tocar los cojones lo mismo se nos ocurre la feliz idea de mandaros a Sograndio y, por si alguno no lo sabe, eso es una cárcel de menores, con sus celdas de castigo, sus seguratas con porra y su alambrada. Vosotros mismos". Tienen que haber cometido un delito gordo para ir a Sograndio, pero ellos no lo saben. Tampoco saben que, al final, Consejería hará lo que se le cante, pasándose nuestros informes por el arco del triunfo. Pero esto es la guerra y vale todo. La charla cunde entre los mayorcitos. Canijo, para variar, ni las ve venir ni las piensa)

Allí estaba Pola soltando el discurso con un careto de lo más convincente, cuando el enano ya se había largado y se había metido en la cama. Comer, dormir y tocar las narices es lo único que motiva al pequeño zampabollos este. Le digo que baje inmediatamente a limpiar el comedor. Me mira de arriba abajo con un desprecio y una guasa como para no dar crédito. Sabía yo que la segunda no colaba. Agarro el edredón y se lo quito. En dos segundos lo tengo hecho una fiera, dando tirones por el otro extremo y chillándome que suelte. "Lo has pagado tú? No has pagado ni tus putos calzoncillos, así que relájate o te relajo". Levanta el brazo para sacudirme (no vaya a ser que me ofenda yo por ser la única en no ser convenientemente amenazada) y antes de que me dé tiempo a nada, Houdini suelta la fregona, se lanza sobre Canijo, lo agarra y se baja al santoral entero en perfecta parla bereber. El Chiqui, hasta ese momento de morros con todo el mundo, entra como una tromba y se lleva al matón en miniatura, le obliga a coger una escoba y le vigila mientras hace su trabajo. Les agradezco a ambos la ayuda y salgo con Pola a fumar un cigarro, todavía las dos con tembleque de canillas. No me asusta un crío de 13 años que me llega por las tetas. Lo que me asusta es perder el norte un día y sentarlo de un guantazo.

Mi viejo tenía razón: Herodes fue un santo incomprendido. Habrá que buscar su número en la guía y pedirle que se dé una vueltecita por El Ñeru.

martes, 29 de enero de 2008

Berrinche

Qué le vamos a hacer... me levanté guerrera de la siesta. Cuidado, que pincho. Para ti, corazón.



Dudas, motines y bodas de oro


El resultado es que no hay resultado. Al menos de momento. Más pruebas, cosas que hay que analizar y a sentarse con paciencia. Si no hay nada grave, no tendré noticias en seis meses. Y tocará nueva revisión. Si hay algo malo, llamarán antes. Supongo que me quedan un par de meses de incertidumbre. Veremos. Aunque, la verdad, qué les costaba llamar para decir que no hay nada de importancia? Tampoco creo que sea tanto pedir.

El Ñeru está en pie de guerra. Pero no contra los educadores, no, entre los propios críos. Es tiempo de alianzas, posiciones, cargos y jerarquías varias. El Guapo y el Ermitaño terminaron a palos el otro día. Resultado del combate? Guapo con brecha en la cabeza, Ermitaño con nariz rota. No ganamos para sustos. Y, a todo esto, los demás atacados de los nervios. El Chiqui pegando alaridos, increpando al Guapo con declaraciones inquietantes: "ya mataste a un tío en Sevilla, quieres matar a otro?" Bien, eso confirma la versión de la policía. Estábamos al día de la cuestión y nos preguntábamos cómo era posible que, sabiendo tal cosa las autoridades, nos dejaran a semejante elemento en un centro abierto. Curioso. Algo falla en el sistema, obviamente. El Guapo, como es lógico, nos dice desde el principio que está limpio, que no tiene antecedentes, que jamás ha estado involucrado en nada ilegal. Que pasaba por allí y le interrogaron. Policías cabrones. Bien, no sería la primera vez. Aunque resulta curioso que se nos venda como un cachorrito inocente mientras cuenta a sus compañeros que ya ha matado a alguien. Qué versión es la buena? Nos miente a nosotros por puro interés? Les miente a ellos para que se crean lo chungo que puede ser? No pasa nada. El Guapo ha sido, hasta ahora, el más formal y colaborador de todos, el más amable, el más cachondo, el más liante. "Rubio, te machaco al parchís y me invitas a una coca-cola. Reina, dame besitos de buenas noches". Tela, el angelito. Da igual. Es nuestro. Nos lo quedamos.

Es extraño lo del Ermitaño. Un tío que es todo silencios, amabilidad y respeto a todos. Que cumple con cada tarea, se acuesta a las once en punto y madruga para los rezos. Lo peor es que nunca sabremos qué pasó en realidad. Mentir a los educadores es casi una obligación para ellos. Está dolorido, no se encuentra bien. Entre ellos dos, ni una palabra, ni un mal gesto, ni una mirada torcida. Leyes curiosas las suyas. No se delatan jamás. Son capaces de abrirse en canal y luego se disculpan dándose la mano, como hombres. El Guapo, de hecho, nos pregunta cada día cómo le vamos a castigar. Y le ha ofrecido al Ermitaño que le devuelva el golpe. Si es necesario, que le rompa la nariz para quedar en paz. Habrá que vigilarles, porque son capaces. Leyes curiosas, desde luego.

El Cherokee sigue ejerciendo de líder, y no es el que más nos gusta. Es huraño, malencarado, exigente. Le gusta retarnos y soliviantar a las masas. Amenaza con irse cada dos por tres. Le abrimos la puerta. "Anda, lárgate. Nadie te obliga a estar aquí. Vive tu vida, campeón". Hasta ahora nunca se ha ido. Ayer se lió a patadas con una puerta. "Qué tal si llamamos a la policía y les cuentas lo malos que somos contigo?" Mano de santo. Sólo está tranquilo en la cocina. Es su dominio, ni siquiera deja que le ayuden allí. Le encanta andar entre fogones. Igual sacamos algo bueno de eso.

Canijo es insufrible. Insufrible como sólo un niño de 13 años puede llegar a ser. Molesta a todas horas, tiene rabietas, se mide con los mayores. Cree que retando a los educadores se gana un lugar en El Ñeru. De momento, lo único que ha conseguido es que los demás le llamen al orden y le recriminen con saña. "No se habla así a los mayores" le dicen. Pero él no se rinde. También ellos le tienen que aguantar. Es un auténtico coñazo de crío. De momento no le han partido la cara porque es el pequeño. Le aguantan como se aguanta a un hermano menor caprichoso. Pero no creo que resistan mucho más. Cualquier día le darán un susto. Le dejarán muy claro que es el último mono, que haría mucho mejor en no buscarles las cosquillas. La jerarquía está clara y para ellos es palabra de Alá. Canijo no debería estar aquí. No es su sitio. Tiene que ir al colegio y estar con chavales de su edad. Pero Consejería no tiene prisa ahora que se ha quitado el problema de encima, así que calculo que va para largo con todos ellos, incluso con éste.

Mudito, Fantasma y Novato no dan problemas. El primero porque apenas se maneja en castellano, así que no puede ni discutir, al menos con nosotros. Fantasma no se deja marcar, va a lo suyo y parece tranquilo. Mira mucho y habla poco. Novato, claro, acaba de llegar. Todavía está haciendo cálculos. Y de nuevo estamos sin noticias de Houdini. Tres veces se escapó y apareció a la mañana siguiente en su cama. La puerta está cerrada con llave toda la noche, así que no nos lo explicábamos. Al final, claro, sólo hay una posibilidad. Suponemos que llama a alguno de los otros para que le abran una ventana del segundo piso, trepa como un chimpancé y se cuela en un dormitorio. Esta noche comprobamos que la ventana de la 2 estuviera cerrada, y también cerramos la puerta con llave. Si volvía, tendría que compartir cama con alguno. No estaba por la mañana, así que supongo que, o bien no vino, o no le gustó el plan. No acabo de entender bien a Houdini. Parecía de los más serios. Tiene estudios, ya pasa de los 18 y, oyéndole hablar, cualquiera diría que tenía las cosas muy claras. Con todo y con eso, siendo educado, encantador y muy noble, me temo que su afición a inhalar disolvente y al escapismo nos lo van a poner difícil. Cuando vuelve, soporta la bronca sin una mala cara. Y asume el castigo sin problemas. Pero de pronto le da la neura y vuelve a desaparecer. A lo mejor El Ñeru tampoco es sitio para él.

Por lo demás, todo bien. La noche fue tranquila. De hecho, el único incidente lo protagonizó el Rubio, que se cayó del sofá cama y quedó atrapado contra la pared, soltando quejidos lastimeros y alguna blasfemia. Lástima no haberlo visto! Oírse se oyó, doy fe. Es lo que tiene dormir encima de él. En el segundo piso. Encima de su habitación. (Guarros! Que todo lo hay que explicar!)

Mi amado Paul Newman celebra sus bodas de oro tal día como hoy. Él y Joanne Woodward llevan medio siglo juntos. Es increíble, pero hay gente que se ama, se necesita, se comprende o se soporta durante cincuenta años. Incluso en Hollywood.

lunes, 28 de enero de 2008

Resultados

Dentro de unas horas me darán una noticia. Puede ser buena o mala. Llevo pendiente de esta historia cinco meses. Antes tenía muchos motivos para sonreír, así que no le presté demasiada atención. Ahora el ánimo es distinto, y debo confesar que sí, que estoy un poco asustada. No demasiado, porque no serviría de nada. Pero sí, temo que mañana otro de los supuestos pilares se tambalee. Porque últimamente lo hacen todos. Vivo en un estado de desamor, salud dudosa, penuria económica e inestabilidad laboral. Y yo que me obligaba a no decaer, aferrándome al trabajo soñado, al único logro... Si mañana la noticia es mala, serán demasiadas cosas malas al mismo tiempo. Y no sé qué cuernos haré entonces para seguir empeñada en creerte, Porteño. No sé cómo haré entonces para continuar con esto que tanto deseo creer. No sé qué haré para seguir engañándome.
A qué me agarro mañana si son malas noticias? Nunca tuve tantos deseos de equivocarme.

domingo, 27 de enero de 2008

Disparando


Una afición que siempre tuve aparcada. No supe que se me daba bien hasta el viaje de estudios del instituto. Tenía una cámara vieja, sin zoom. Su único extra era el flash incorporado. Hice unas fotos que pasmaron a mi familia. Y bien catalogadas. Las de "haciendo el mono con los colegas" por un lado, las "serias" por el otro. Estas últimas parecen de anuncio. Sobre todo las de Delfos. Cientos de estudiantes de todos los rincones de Europa dando el coñazo por allí, y yo conseguí hacer fotos en las que no salía nadie. Como postales. Y con paciencia de artesano. Si quería tal detalle, debía esperar a estar lo bastante cerca para encuadrarlo. Si no quería que saliera la horrenda señal de tráfico, debía apuntar hacia allá. Si quería librarme de la turista del vestido floreado, mejor subirme a una piedra, pedir a alguien que me agarrara para no perder el equilibrio y disparar justo ahora y en este ángulo.

Soy maniática para las fotos. No soporto que salga gente si yo no quiero. Odio las señales de tráfico, los cables, los coches, la modernidad. Me gustan las fotos de ciudades irreales, atemporales y desiertas. Los paisajes. Y sí, también ciertos experimentos. Pero me quedé sin cámara. Aquella reliquia rindió el alma y no podía permitirme una. Para compensar, durante diez años tuve una pareja con un buen equipo y conocimientos suficientes como para hacer estupendas instantáneas. Y eso sí, muchas veces fui sus ojos. "Saca aquello. No, el farol. Desde ahí. Pero que se vea sólo el farol y la pared, vale? Súbete al escalón y apuntas desde aquí. Y se puede hacer que aquello de detrás quede como borroso?" Lenguaje chapucero. Él me entendía. Sacaba la foto y quedaba magnífica. Es cierto, tengo buen ojo. Si supiera dibujar, haría maravillas. Pero se me da fatal. Así que, ahora que por fin tengo una camarita digital, como todo el mundo (nada del otro jueves, pero tiene zoom, el colmo, ya no habrá quien me pare!!) quiero empezar con esta nueva afición. A ver hasta dónde llego.

Así que salimos los dos a callejear. Y a disparar a todo lo que se movía. Reconozco que lo pasé en grande y que, dados mis nulos conocimientos y el hecho de que disparo por puro instinto, sin preocuparme mucho de encuadres, como se me canta, como me da la gana, empeñada en congelar instantes, una luz, un reflejo, la salpicadura de una ola, haciendo experimentos extraños, a ver cómo quedan, la verdad es que me gusta el resultado. Técnicamente son malas, seguro. Llenas de fallos. Pero aprenderé. Y el ojo ya lo tengo, así que... Lo dicho, una afición aparcada que al fin puedo estrenar. Ya no tendré que dar la lata a la gente para que hagan las fotos que yo querría hacer. Ahora soy yo la que dispara.

sábado, 26 de enero de 2008

Días para olvidar

Ayer fue un día como para borrar del calendario.
De mi vida amorosa, mejor ni hablemos. Ya sabéis todos cómo le va últimamente (habitualmente, debería decir)
El tema de la salud lo dejo entre interrogantes, al menos hasta el lunes. Me habia hecho el firme propósito de no preocuparme demasiado, pero la racha que llevo me está agotando el ánimo. Y el saber que tú también estás a la espera de "resultados" era justo lo que me faltaba. Sabes que te quiero y que esto me tendrá en vilo, y no servirá de nada que intentes tranquilizarme. Estoy tranquilísima. Pero, por dentro, cada vez más cabreada con el cosmos.
Y me quedaba el trabajo, el sueño conseguido, la gran noticia, el logro indiscutible que iba a lograr que todo lo demás no pareciera tan gris. La razón para pelear, la estabilidad, el clavo del que agarrarme. Y resulta que se tambalea también. La noticia, ayer, fue como un mazazo para todos. Acabamos de empezar, todo eran ilusiones y ahora estamos con el corazón en un puño. No es justo. Sé que es una frase de quejicas, pero no es justo.
Y estoy harta, joder. Estoy harta de luchar para aprender a ser optimista, harta de dar las gracias a la vida cada vez que consigo un pequeño avance y de ser tratada de agorera cuando doy las gracias en voz baja. Y, por encima de todo, estoy harta de tener razón siempre, de que nunca llegue el puto momento de la tranquilidad, de poder sentarme y decir: "ya está". Un mes así. Sin un sólo tropiezo, sin una preocupación. No creo que sea tanto pedir.
No es tan fácil, Porteño. Lo intento, lo intento, hago los deberes y miro hacia arriba, pero resulta que sigo cayendo, una y otra vez. Y me empeño, ya por pura cabezonería, en repetir: "no me da la gana, no me rindo, la vida es maravillosa, jajaja, qué risa, qué estupendo todo". Y vuelta a lo mismo. No es nada fácil cuando no recibes nada, cuando no tienes una sola prueba de que esté funcionando, cuando no puedes aferrarte a un sólo logro y decir: "mira, aquí está, sí que era posible".
Pues al infierno, ahora no quiero claudicar. Tomé la decisión de no tirar la toalla y no pienso hacerlo, aunque termine machacada, aunque al final no me quede más remedio que chillar: "al carajo vuestras filosofías bonitas. Es mentira, no son infalibles. Con algunos de nosotros no funcionan porque el puto cosmos nos tiene fichados". No quiero que llegue este momento, no quiero tener razón esta vez. Así que me agarro a cualquier estupidez para convencerme de que hoy será diferente. Esta mañana, por ejemplo, he visto a alguien a quien echaba de menos. Hemos charlado un rato y nos hemos puesto al día. También él lleva una mala racha, pero sonríe. Me fijé en esos ojazos azules y pensé: "me alegro de verte, me alegro de que estés bien a pesar de todo, ni te imaginas cómo os echo en falta, cuánto me divertí con vosotros y cómo os agradezco (sobre todo a ti, y a él, por supuesto) que me dejarais ser una de los vuestros, aunque fuera por poco tiempo". Así que decidí que iba a ser un buen día, aunque sólo fuera por ese encuentro fugaz.
Mi cosmos es más cabrón que el tuyo, Porteño, pero no me da la gana de rendirme.

viernes, 25 de enero de 2008

Haciendo los deberes


Es como la vuelta al cole. Todo el mundo me pone tareas. El Porteño se ha empeñado en que vea la vida desde el optimismo y la buena onda (y, como esa está siendo mi lucha particular desde hace meses, he aceptado ser su Padawan) y el Emperador sigue ejerciendo de Pepito Grillo (todo un lujo) encontrando siempre la pregunta precisa, esa que debo responderme a mí, y no a él.

Y las hago, hago las tareas como la niña obediente que soy. Es otra forma de continuar mi autopsia. Ahora estoy descubriendo cuánto se puede querer a una persona que ha salido de tu vida, una persona por la que, en principio, lo lógico sería sentir resentimiento, decepción y rabia. Lo cierto es que siempre me negué. Desde el principio estuve empeñada en seguir sintiendo cosas buenas, en perder únicamente eso que no puede ser mientras conservo el resto. Porque, aunque humanos y completamente comprensibles, los sentimientos negativos pesan, te anclan, son un lastre. Así que cada maldita vez que, por higiene mental, he pensado (o he dicho bien alto) "qué pedazo de cabrón eres", siempre ha sido con una sonrisa. Incluso cuando había lágrimas sabía bien que no era cierto. No deja de ser un mantra. Y de los necesarios. Un simple contrahechizo, pero nada más.

También debo descubrir de dónde viene ese pánico a pedir. Haciendo memoria recordé un montón de escenas de mi infancia, generalmente con mi padre, pegada al escaparate de alguna librería, embobada mirando los cuentos. Y diciendo cosas como "ese de ahí es muy bonito". Mi viejo, encantado con mi fascinación por los libros (herencia directa suya), siempre decía lo mismo: "lo quieres?" Y yo siempre actuaba de la misma manera. Me encogía de hombros y repetía: "es muy bonito". Y de nuevo: "quieres que te lo compre?" Y el ratoncito en sus trece: "es bonito". Y así hasta el infinito. Mi padre se debatía entre morirse de risa y tirarse de los pelos. Insistía: "quieres que te lo compre o no?" Y yo, erre que erre: "es muy bonito, pero a lo mejor es muy caro". Y él: "el dinero no es cosa de los niños, es cosa de los mayores. Y ya sabes que pa tí navego yo" (otra de las frases inmortales del pater). Normalmente, paralela a esta escena, discurría otra cuyo protagonista (el pequeño Godzilla) brincaba como un poseso al grito de: "papi, cómprame un coche, cómprame un dinosaurio, quiero ese muñeco, cómprame cromos, quiero palomitas, cómprame el camión de bomberos..." Casi nunca le compraban nada, porque lo pedía todo, sin medida, sin control. Siempre fue un antojadizo y el viejo se enfermaba. La otra, la tonta, yo, seguía mirando aquel cuento, encogiéndose de hombros y repitiendo "es bonito".

Al final solían comprarme el cuento. Pero de cada cien veces que veía uno que me gustaba, noventa ni lo mencionaba. Las otras diez no resistía la tentación, pero jamás lo pedía. Nunca claramente. Daba rodeos, incluso cuando me hacían una simple pregunta directa. Mi padre llegó a decir cosas como: "si me dices que sí, te lo compro". Y ni por esas. Incluso, alguna vez, llegó a plantarse. "Se ve que no lo quieres, así que nos vamos". Y nos íbamos, y yo no decía nada. Al día siguiente, el pater se ablandaba y aparecía con el cuento.

Por qué ese empeño en no pedir? Quizá porque veía la actitud de mi hermano y cómo molestaba a mi padre? Me pasé yo al otro extremo? De todos modos solía conseguir lo que quería, pero siempre por el camino más largo, por el más retorcido. Fue esa la lección que aprendí? Godzilla pedía sin disimulos y raramente lograba su objetivo. Pedir poco y disimuladamente era más seguro. Sí, esa puede ser la razón. Pero, de todas formas, yo era la mayor. Y ya quería cuentos cuando mi hermano ni siquiera hablaba. Por qué no los pedía, como suelen hacer los niños?

Juguemos al psicoanalista. Mi padre no estaba cuando yo nací. Estaba en Sudáfrica, con el motor del barco hecho pedazos, liado con una reparación que duró más de lo previsto. Cuando al fin me vio, yo tenía tres meses (otro día os contaré la encerrona que le liaron en el aeropuerto). Me escribió la primera carta (que aún conservo) cuando yo tenía 19 días. Crecí con un padre ausente, un padre epistolar, un padre de telegramas, al que le mandaba dibujos, cintas grabadas en las que balbuceaba historietas y canciones aprendidas en la guardería, a quien, más tarde, escribí mis primeras letras. Un padre de llamadas por satélite (muy breves, porque eran carísimas), de fotos en lugares lejanos, un padre de maletas a cuestas al que sólo veía cuatro meses al año. Un padre que era extremadamente generoso, pero que jamás traía regalos en aquellas maletas, porque había visto demasiadas veces cómo los hijos de otros marinos (los niños, esas bestias de pura maldad y egoísmo a las que sólo el incomprendido Herodes supo calar en su justa medida, dice él siempre medio en broma medio en serio) esperaban el regreso del cabeza de familia única y exclusivamente por los juguetes que traía de Estados Unidos, de Japón, de las tierras vikingas. Niños que apenas miraban dos veces a aquellos padres casi desconocidos y, tras un beso desganado, se avalanzaban sobre el equipaje. "No quiero monstruos así en mi casa", decía, "quiero que mis hijos se alegren de verme a mí". Y lo consiguió, desde luego.

La cuestión es que el primer hombre de mi vida fue Ulises, y yo le esperaba durante meses. Y le esperaba a él. Y tal vez fue eso lo que aprendí. Que aquel hombre, el primero al que quise, venía de vez en cuando, y se iba de nuevo. Y ni siquiera podía pedirle lo que más deseaba, que se quedara a mi lado, porque era imposible para él. Así que supongo que nunca pedí nada. Sólo que volviera y que me quisiera esos cuatro meses (justo cuatro, qué irónico). Porque los otros ocho, no estaba. Y seguramente, para una niña pequeña, cuando papá no está, papá no existe. Desaparece. Con la misma simpleza que cuando te tapas la cara y mamá dice: "dónde está la nena? Uy, la nena se fue!" Mi viejo, que no soporta a los críos, que nunca quiso tenerlos, cruzó los dedos para tener hijas. Nunca quiso varones porque temía que fueran como él, temía que se le parecieran demasiado, que fueran igual de complicados y tercos, no lograr entenderles, ser un nefasto ejemplo. Quería niñas. Porque, según él, las niñas (aunque seductoras por naturaleza, más sibilinas, más inteligentes) queremos más y mejor, incondicionalmente. Porque siempre adoramos a nuestro padre, aunque sea un desastre. En sus cartas, en cada llamada, me repetía lo mismo con insistencia maniática: "recuerda que te quiero". Nunca fui capaz de responderle, y esa es otra de las taras que me queda de la infancia. Siempre me pareció una frase enorme, como una responsabilidad. Si pronunciaba aquella frase, el amor y la necesidad de él se harían reales. Y él estaba lejos. Y todo dolería más.

Mi primer hombre fue Ulises, y crecí esperándole, sin pedirle nada, sin atreverme a decirle que le quería. Que le quiero. Y supongo que eso fue lo que aprendí y que eso es lo que hago con todos mis hombres.

miércoles, 23 de enero de 2008

Amantes-Vampiras y otros perfiles


Parece que no habrá más ataques, y como no puedo permitirme estar ociosa (que ya sabéis lo que se dice de la ociosidad, y yo tengo una tendencia innata al vicio) me dedico a extender la palabra, o, lo que es lo mismo, a enviarle a todo el mundo el maldito test del Eneagrama. Sí, porque esto de hacerse la autopsia uno mismo es de lo más instructivo. Yo, como siempre, eligiendo los caminos difíciles. Desde Septiembre buceándome por dentro, explorando, cortándome en trocitos, analizando y poniendo las miserias al microscopio, así, en plan amateur, y resulta que había libro de instrucciones. Hombre, lo de llegar solita a las mismas conclusiones que los expertos, te sube la autoestima, para qué negarlo. Pero para otra vez, piratilla de mi corazón, avísame antes. No me dejes utilizarme a mí misma de cobaya! (O sí, qué demonios. Así es más interesante)

Total, que tengo a todo el mundo abriéndose en canal y mirándose al espejo. Y hasta hacemos quinielas. De momento voy acertando, salvo con la Guaja, claro. Pero es que ella ha sido la gran sorpresa. Nadie, absolutamente nadie de entre todos los que la conocemos y la queremos le habríamos otorgado ese número. Y ella tampoco. Supongo que, dentro de ese perfil, está absolutamente sana y que jamás se irá a los extremos. Y, con todo y con eso, me encaja mucho más en el 1 o en el 8 incluso. Quizá en el 7. Pero eso sí, siempre en sus versiones más equilibradas. Y resulta que un 3. No es posible. Salvo que te hayas tomado demasiado a pecho lo del 3 de oros, tarada! La Rubia es un 6 fóbico como un campano, claro. El Peque un 6 contrafóbico, con ramalazos de 9 en su versión pérfida. El Porteño no ha hecho el test, pero es un 4 de libro, me juego la vida. Un 4 perfecto, lo mejor del 4. No sé dónde colocar a la Princesa-Xana. Diría que es un 9, aunque no descarto del todo un 6. Al Dalai no sé dónde ubicarla. Esté donde esté, será en perfecto equilibrio, desde luego. Puede que un 5, o un 1. El Bicho es un 7, casi seguro. Y mi Emperador, mi querido Emperador... mucho me temo que es un 2. Bienvenido al club. Y ojalá me equivoque contigo!

Podemos jugar a "encajar" personajes. Reales o ficticios, no importa. Papas, santones, Gurús, Gandhis... esos son un 1. Pero también los inquisidores, claro. Según la medida. Las Cleopatras, las Mujeres Fatales, las Escarlatas, esas son un 2. Seducen, pero no logran lo que quieren: que las quieran. Asustan. Son Vampiras. En el otro lado de la tabla, las Melanias sumisas. Las masocas emocionales. Más allá de las Vampiras, mucho más allá todavía, están las Annie Wilkes. Las que te parten las piernas por amor, para poder cuidarte. Y, además, esperan que les des las gracias. Más allá de Melania, está Wendy. Siempre cuidando a los Niños Perdidos (y a los Hombres Perdidos) Los yuppies, los American Psycho, las divas, Hollywood, la hoguera de las vanidades... por ahí andan los 3. En el 4 estarían los genios trágicos, los artistas, los rompedores. Poe, Woolf, Joplin, Cobain, Morrison, qué sé yo. Einstein, Hawking, Nietzsche, Curie, Sontag, Juan Ramón Jiménez... los genios, equilibrados o paranoicos, en el 5. Me cuesta ubicar al 6. Woody Allen, tal vez? Viggo es un 7 de manual. Da Vinci es un 7 (la esencia del 7 sano). Los cómicos me encajan en el 7. Peter Pan es un 7. En el 8 está el amigo grandote y afable del protagonista. El Pequeño Juan de Robin Hood (que es un 7), esos enormes y adorables guardaespaldas del capo de la mafia, esos que cantan, cocinan pasta y siempre nos caen bien, que son leales, nobles y educados hasta cuando son brutos. No tengo ni idea de cómo ubicar a los 9. Sólo me viene un personaje a la cabeza, y es Hurley, de Perdidos. Supongo que es un 9 adorable, o podría serlo.

No es divertido?? Un día me hartaré y nunca más haré el menor caso al dichoso Eneagrama. Pero de momento me entretiene. Ahora entiendo muchas cosas. Entiendo muchas de mis taras. Entiendo que soy un 2, que tengo ciertas cosas de los 5, que cuando escribo me encanta disfrazarme de 4. Entiendo por qué siempre me empeño en buscar a los 7. Aprenderé la lección esta vez? Me servirá para algo? Llegará otro aventurero y me pondrá el mundo del revés? Seguiré jugando a Escarlata mientras intento que no se note que soy Melania? Me atreveré a pedir lo que quiero? Me fijaré esta vez en otro número, o seguiré empeñada en apostar al de siempre? Podré evitarlo, en todo caso? Cómo escapar a lo que nos enciende la piel y la mirada? Sabré, al menos, cuidarme a mí misma, para variar? O me mantendré en mis 13 siendo un 2, la Amante-Vampira? Siempre se dijo que el amor es física y química... olvidaron decirnos que también es matemática? Al final el amor es de ciencias y por eso siempre suspendo? Qué puede hacer una chica de letras para, por fin, pasar de curso? Yo, que sumo con los dedos, estoy condenada al fracaso escolar? Lograré que me salgan las cuentas?
Encontrará Wendy a su Peter Pan?

lunes, 21 de enero de 2008

Ataques de nervios


Supongo que es inevitable cuando se te acumulan las cosas. Y cuando digo cosas, quiero decir emociones. Yo soy muy de eso. De emociones. Se me juntó un cumpleaños más que en realidad fue un cumpleaños menos (porque no estás, mi amor, porque es otro año que no cumplirás nunca); un trabajo nuevo en el que, de momento, la tensión es mayor que la ilusión (y estoy demasiado baja de ánimo para disfrutarlo, pero todo llegará, y será magnífico), lo que falta es más que lo que tenemos, vamos a carreras, perdemos los papeles, no damos abasto; casi un mes sin dormir una noche entera (nunca más de cinco horas); casi un mes sin ganas de comer; mi cuerpo luchando contra una gripe que, como siempre, no pillaré, porque mis defensas llevan armadura y siempre me libro (pero claro, esa lucha me supone pasar dos días afiebrada, con tirones por todo el cuerpo, frío, los huesos de gelatina, algodón en el cerebro y un cansancio indescriptible. Luego todo eso desaparece solo); una muela molestando; el síndrome premenstrual; la luna llena; montones de personas diciéndome lo que debo hacer, cómo debo sentirme, lo malo que eres, que no me merecías, que jugaste conmigo (y yo, mientras, defendiéndote cabreada, qué sabrán ellos, cómo pretenden entender algo que no han vivido, qué les hace pensar que te conocen, que pueden juzgarte, que pueden decirme qué debo sentir por ti o por qué debería estar enfadada contigo. Y sí, claro, lo hacen con la mejor intención, pero a veces me harto de intentar explicarles que no saben nada, que quiero quererte, que quiero guardar los buenos recuerdos y superar esto y seguir siendo parte de tu vida, que he elegido ese camino, que paso de rencores y reproches, que te entiendo aunque no lo entienda, que lo fácil sería el despecho, pero no me da la gana, que me gusta el camino difícil porque soy así de idiota, o de sabia, que prefiero el cariño al odio porque soy así de buena y de estúpida, que pienso seguir queriéndote de la otra manera, aunque me cueste aprenderla, que seré tu amiga y estaré contigo les guste o no, lo comprendan o no, y que me importa un carajo lo que piensen); montones de cosas ridículas que echo de menos (canciones, silencios, esas historias vergonzantes que me confesabas rojo como un tomate y haciéndome morir de risa, bromas que ya eran sólo nuestras, todos los momentos bajo las sábanas, con sus secretos, nuestras filias, nuestro idioma, ya sabes, todo aquello, todo eso que nos pertenece a nosotros dos y a nadie más y que nunca será igual con otros, porque nunca lo es); tantas y tantas cosas juntas...

... que al final se sumaron y se multiplicaron. Y no pude más. Y me desbordé. Y tuve una crisis nerviosa de llanto incontrolable y risa histérica. Sollozos convulsos y carcajadas. Sentada en mi sofá, bajo la solícita y paciente mirada de mi ex, berreando como una cabra, totalmente lunática. Y lo peor es que ni siquiera se te va la olla. Lo peor es que, todo el tiempo, estás pensando: "pero por favor!!! Estoy teniendo un ataque de nervios!! Y no puedo parar!!! Esto es patético!!! Qué vergüenza!!! Socorro!!! Esto no es propio de mí!!!" Y cuanto más lo piensas, más patética te sientes, así que lloras más. Y más ridícula te ves, así que te mondas de risa. Y al final, qué? Al final te sientes como si alguien te hubiera quitado de encima una losa de diez toneladas. Agotada, pero limpia. Eso es lo bueno. La naturaleza sabe lo que se hace. Hasta aquí, bonita. Basta. Eres muy lista, muy fuerte y muy chula. Pero hasta aquí. O lo sueltas tú, o lo suelto yo. Allá vamos. Abrid las escotillas!!! Y vaya que si lo sueltas.

No sé lo que necesitaré mañana. No sé si estaré animada o depre, si te echaré de menos en plan sonrisa dulce o en plan tristeza amarga. No sé si tocará salir, tomar cafés y divertirse, o quedarse en casa sola y tranquila, arropada en la cama, leyendo o barruntando. Es lo que tiene esta fase. Montaña rusa. Imposible saber si dentro de un minuto estarás arriba o abajo. Tampoco importa mucho, es normal. Me voy adaptando a lo que me pide el cuerpo, sean sonrisas o lágrimas. Es lo que toca y tarde o temprano pasará. Y todo será más estable. Qué tocará mañana? Ya veremos. Lo único que sé es que ahora quiero dormir. Los ataques de nervios tienen esas ventajas. Te dejan para el arrastre. Lo mismo esta noche se me funde el cerebro y consigo descansar por primera vez desde nochevieja, sin pensar en nada. Eso sería genial. Eso haría que el episodio histérico hubiera merecido la pena, sin duda. Para que quede claro que me estoy esforzando en ser optimista.

Buenas noches y mil gracias por vuestra paciencia. Hay café. Cuidadme a los Búhos hasta mañana.

domingo, 20 de enero de 2008

Primera noche

Pasó la primera noche en "El Ñeru". Cinco chavales y el complementario que nos trajo la nacional. Sin orden del fiscal, claro. Lavándose las manitas. Y después de hacernos firmar el "recibí", nos espetan que estemos al loro, que el angelito ya cometió un homicidio en Sevilla. A ver en qué queda la cosa, porque no tiene mucho sentido. Si es cierto, no debería estar allí, en un centro abierto y de transición. Es absurdo. Pero casi todo lo es en esta profesión.
Parecen majos. Llegaron a su hora, cenaron, organizaron solos el comando de limpieza y se fueron a la cama sin que hubiera que pedírselo. Tenemos un enano de 13 y el mayor aparenta unos 20. Veremos cómo van respondiendo.
La casa parecía un horno. Se ve que les hizo tanta ilusión tener calefacción por fin que se emocionaron. Hubo que bajar los termostatos porque era insufrible. No está mal la habitación de educadores. Toda una suite con balcón. Con esas vistas parece que molesta menos madrugar. Pudimos dormir algo más de cinco horas, lo cual no está nada mal para ser el primer finde.
Confieso que fui sin ganas, apática y depre. Agradezco infinitamente al cosmos el haber encontrado trabajo al fin, después de casi nueve años. Pero no tengo ánimo para disfrutarlo ahora. Eso sí, claro, me puse la máscara nada más llegar. Me reí con ellos, hablamos, fumamos y hasta cantamos. Espero que cada noche vaya siendo mejor, que cada vez me apetezca más. Porque esta es mi vida y esto es lo que me gusta. Esto es lo que quería.

viernes, 18 de enero de 2008

Ojos Verdes


Hoy toca estar nostálgica. Toca echarte de menos, mi amor, a ti y a todos esos a los que quise, a los que quiero todavía, a los que fui perdiendo, los que no llegan, los que me quedan por perder. Hoy estás más cerca y más lejos que nunca. Me aterra la sola idea de olvidarte. A veces no consigo recordar tu cara, me faltan detalles. A veces te me desdibujas, y siento rabia, y culpa y un pavor indescriptible. Me niego a perderte en las esquinas de mi memoria, yo, que soy como un archivo; yo, que aún puedo repetir sin un tropiezo la lista completa de mis compañeras de colegio, con nombres y apellidos; yo, que soy capaz de identificar por la calle a los hijos jamás vistos de parientes lejanos por su parecido; yo, mi vida, que tengo recuerdos de la cuna. Cómo es posible que algunas veces me cueste tanto verte al cerrar los ojos? Odio que me ocurra eso. Daría cualquier cosa por una fotografía. Por algo que demostrase que fuiste real y fuiste mío. Porque, al fin y al cabo, pasaste por mi vida como un Ángel. Y sigues siendo un Ángel. Y aunque sólo tengo un puñado de cartas viejas y un par de frases en un diario de adolescente, aunque no me dejaste nada, me lo dejaste todo. Y todo lo llevo dentro hasta que volvamos a encontrarnos y pueda devolvértelo.

Sabes que no te has ido, aunque nunca te pedí que te quedaras. Tú fuiste el primero al que no le pedí nada. El primero en irse, y en irse del todo. Pero puedes estar orgulloso. He tardado mucho en aprender la lección, en mirarme al espejo y descubrir quién era. En comprender que no es una maldición. Ahora lo sé. Y aquí me tienes. Queriéndote todavía y queriendo a otro. Echándote de menos mientras es otro el que me falta. Viviendo. Rota, pero de pie, como tú decías. Qué pensarías hoy de mí? Serías capaz de reconocerme? Me seguirías queriendo? Ya no queda nada de la niña que conociste, y, sin embargo, acabo de convertirme en la mujer que adivinaste la última vez que nos vimos, cuando levanté las cejas y te aseguré cuánto te equivocabas. Cuando te dije que yo nunca sería así. Ahora sé que me conociste mejor que yo misma. Por eso fuiste el primero. Por eso, de alguna manera, siempre serás el único.

Hoy habrías cumplido los 35. Y habría mirado esos ojos verdes tuyos. Habría mirado al hombre que serías. Y te habría querido como entonces. Hace casi doce años que me faltas. Algunas veces, cariño, te me pierdes en la niebla y son otros ojos verdes los que extraño. Pero sigues conmigo.

jueves, 17 de enero de 2008

Más de cien palabras, más de cien motivos

Repetimos en El Gato, repetimos ubicación, repetimos cerveza, y carcajadas, y agujetas, y lagrimones, y focos abrasa-córneas... repetimos Monaguillo. Gracias por las risas, por los besos, por invitarnos al programa, al myspace, por firmar en mi blog y decirme que te había gustado lo que escribí sobre ti. Gracias por las muecas desde el escenario, los chistes de Melendi y las rotondas, por aprenderte el nombre de nuestro "piriódrico". Y, sobre todo, gracias por esa sonrisa y por ese: "Tú eres Lenka!!" Obvio, no tienes idea de lo que significa para mí. No importa. Yo sí lo sé. Gracias, Sergio.

Me perdí el mate y el show del porteño. Se supone que tengo un trabajo ideal, en el que, básicamente, me pagan (mucho) por no hacer nada. O casi nada, que no es lo mismo, pero es igual. Pero el caso es que últimamente no hago más que currar. Y no duermo. Y apenas como. Y parezco un vampiro yonki. No os extrañéis si me meten en una jaula y empiezan a alimentarme con bambú. Ya ni tengo cara de mapache. Soy un panda. Las ojeras me llegan a la cintura.

Ya tenemos calefacción y agua caliente. Ya no será necesario disfrazarse de esquimal para ganarse la soldada. Y, además, podemos respirar tranquilos. Estábamos considerando seriamente darle al de Alicante la extrema unción. Pobrecito mío. Que nota como si tuviera gelatina en lugar de huesos, dice. Que si es normal. Se nos va a poner mustio como un ficus.

Mi compi de turno está de los nervios. Me sigue a todas partes, habla como una cotorra, me pregunta miles de cosas. Veintitrés años. Angelito de mi vida. Es un clon del Fran Perea, pero en rubio, con los ojitos azules y acento de La Cuenca. Un show. Menuda noche me espera el sábado. Casi me preocupa más él que los monstruitos. Menos mal que está ahí la play para que se me relaje. O de verdad pensabais que un par de búhos como nosotros íbamos a pasar el primer turno durmiendo? Ah, no. Ni hablar. Por algo nos han puesto juntos. Pasaremos la guardia dándonos piñazos virtuales en moto y haciendo bizcocho para los del relevo matutino. Lo prometido es deuda.

Llegan mañana, cinco de golpe. No había prisa, teníamos todo el tiempo del mundo para hacer las cosas bien. Pero claro, la petarda de Consejería volvió de sus vacaciones. Y ahora todo son carreras. J.C se cachondea vilmente de nosotros. Nos ha puesto mote y todo, así en plan "cariñoso". Pero de eso nada, no se lo vamos a consentir, al custom. Tendremos nuestro propio nombre. Se barajan varias opciones, a cual más Astur. Ya pueden clamar el gallego, el de Alicante, la madrileña y el de Burgos. Y lo mismo nos da que el gran jefe sea cazurro. Yo voto por "El Ñeru". Aunque mucho me temo que los marroquíes nos van a mentar a la madre si les obligamos a pronunciar eso. Pero en fin! Así es la vida. También nosotros nos vamos a hartar de oír salvajadas en perfecto árabe.

El Emperador se ríe en la distancia y eso es bueno. Aunque haya roto con Moderación. Pobre chica... El disgusto que se habrá llevado! Tomé un café con el Dalai-Lama. Como de costumbre, me dio tanta paz que casi me duermo allí mismo. Seguimos hablando del famoso test de la piratilla. La verdad es que estoy absolutamente boquiabierta. No tanto por el resultado del test, que me define a la perfección, sino porque yo misma había llegado a esas conclusiones a lo largo y ancho de este blog en los últimos meses. Seguro que os suenan cosas como "he descubierto que, en realidad, soy sumisa. Sí, yo, la erizo con mala leche"; "la vampira está encerrada y no quiero dejarla salir. Oigo cómo araña la puerta"; "creo que padezco una necesidad enfermiza de que me quieran"; "no te pido nada, pero quédate conmigo"; "no sé hacia dónde voy, está oscuro y temo a los monstruos, pero no me atrevo a encender la luz"... Os invito a leer la entrada del día 4 de Octubre. O la del 22 de Diciembre, o también la del 6 de Enero. Cualquiera de ellas sirve, y seguro que alguna más. Pues bien, todo eso me dijo el test 10 días después de mi última autopsia. Con algunas frases textuales. "Necesidad enfermiza de sentirse amada". "La metáfora del vampiro". No sé si es que la bendita influencia del Lama me ha hecho subir peldaños o si, finalmente, sí que logré aprender algo nuevo con todo esto. Pensaba que no. Que esta lección ya me la sabía. Que el cosmos había sido un cabrón por hacerme repetir curso. Y ya veis. Ya soy tan lista como una legión de psicólogos. Me voy conociendo. Ya no puedo engañarme tan fácilmente.
Así que, pongámonos Coelhistas de nuevo! Seamos como el porteño! Volvamos a creer que las cosas ocurren por algo, que todo tiene un sentido, que venimos a este mundo a aprender! Confiemos en el karma, en las enseñanzas, en subir de nivel y acercarnos al Nirvana!! El dolor no es en vano, es un medio para avanzar! Todo nos enseña! Todo!

Sueno convincente? No del todo, verdad? La Hechicera lo intenta, pero me temo que nunca olvidaré el cinismo lúcido de La Bruja. Los más puros dirán que eso es una traba que yo misma me pongo. Que, en mi próxima vida, seré una serpiente, por pesimista. Yo creo que es realismo y que es sano. De verdad que quiero ser más positiva, pero me niego a levantar los pies del suelo. Así quiero ser. Existe el dolor, y sí, todo puede ir mal. Sólo que ahora estoy dispuesta a creer que también puede ir bien. Si toca. Tal vez no avance más y pierda el billete al paraíso. Pero al menos ya no estoy en el infierno. Y me alegro de haberlo conocido ya. Al menos, si vuelvo a caer en él no me pillará de sopresa. Y si encuentro la entrada al cielo... lo celebraré a lo grande.

Al final, Bicho, tengo un montón de razones para darte las gracias.

martes, 15 de enero de 2008

Lo del cosmos ya es un cachondeo


Pero además, es un cachondeo manifiesto. En fin, vayamos por partes.

Te dije que te llamaría y te llamé. No las tenía todas conmigo, claro. Había que estudiar reacciones, ya sabes cómo odio ser inoportuna. Así que gracias por la respuesta. Todo está bien en el mejor de los mundos... o casi. Me encanta que todo esté saliendo bien, que estés animado, que sigas peleando. Me encanta que hayas disfrutado de tu baño y del vino (por nostálgica que me pusiera imaginarlo) Me encanta que hayamos hablado por primera vez desde la despedida y que todo haya sonado tan normal. Que me preguntes por mi vida y por mis cosas y tu voz suene interesada, y amistosa, y dulce. Gracias, Bicho. Lo pones muy fácil y muy difícil, pero gracias. Porque sé que tu intención es la mejor.

Salgo de trabajar y uno de los coordinadores de uno de los múltiples proyectos de la fundación para la que curro se ofrece a llevarme a casa. Se trata de J.C, compañero de universidad, amigo de Larón y de mi Dalai-Lama, mi primer jefe en esto de lo social, aunque, por azares de la vida, ni recordábamos haber sido compañeros, ni sabíamos de las amistades comunes, ni nada de nada. El mundo es un pañuelo, y esta ciudad, más. Caminábamos hacia su coche cuando observo que cojea. Le pregunto qué le ocurre. Y su respuesta me desencaja la mandíbula: "es que tuve un accidente de moto". Juas. Perdona? Cómo dices? Le expreso mi rotunda sorpresa. "No sabía que tú también eras motero". Me maldigo por ese "también". Qué discreta. No se percata del detalle. Menos mal. "Sí, sí, me encantan las motos desde siempre". Fíjate. Qué cosas. Charlamos de mi infancia motera, de mi viejo, de su tribu, de mi hermano, de mis tíos, mi primo, los colegas, los accidentados... Cuántas cosas en común! "Y cómo fue?" "Pues nada, que soy muy chulo y embestí un coche". Los ojos fuera de las órbitas. No puede ser. Venga ya. Un poquito de seriedad, hombre. Te parecerá gracioso, encima. "Por cierto, era una burra muy grande?" "Una Yamaha 1.200". Dios. Dioses. Santa Rita Hayworth, ten piedad. Sí, ya sé, ya lo sé, es una Custom. Reniego de mi casta. Me oigo a mí misma decir con mi mejor tono macarra: "Eso ni es moto ni es nada, eso es un caldero. Un fierro. Esas no corren". Afortunadamente, la vocecilla sólo ha sonado en mi cabeza esta vez. Loado sea el cielo y el diluvio que nos persigue por la autopista.

Mirá vos. El J.C. Quién iba a imaginarlo? Con esa carita de muñeco rubio, esa melenita y esa barba, esos ojitos claros, esa pinta de no haber roto un plato en su vida... Y resulta que es motero. También. Y me entero tal día como hoy. El cosmos es un cachondo sí o no?

lunes, 14 de enero de 2008

Suerte, Bicho


Mañana, mañana, mañana... Ojalá que te den una buena noticia. Verás entonces lo rápido que habrá pasado. Ya está, se acabó, una cruz menos, tres meses que se han ido, sobreviví al infierno de yeso!!! Ojalá que sea mañana, y que todo siga bien, y que todo esto se te pase en un suspiro. Que sepas que pienso llamarte, y que cruzo los dedos para oírte chillar de alegría al otro lado.


Suerte, ánimo, besos. A por ellos, Machine.

La Corte Imperial


Forzosamente, tiene que ser por la ausencia de tonos. Por la ausencia de gestos. Si no, no se explica. Porque las palabras están ahí, escritas letra por letra, visibles para todos, legibles para todos. Mi pater siempre dice que el problema del mundo es la incomunicación, y que la culpa es sólo nuestra. No hablamos el mismo idioma. Y no se refiere a lo obvio, no habla de las barreras de entendimiento entre un chileno y un senegalés (lengua, cultura, costumbres, religión, historia, usos, modos...) Pretende decir que NADIE habla el mismo idioma. Que es dificilísimo hacerse entender, incluso en las cosas más simples. No digamos cuando nos ponemos a hablar de sentimientos, opiniones, visiones personalísimas. Básicamente, el viejo encuentra dos problemas. Medio mundo no sabe hablar, y el otro medio no sabe escuchar. Parecen cosas sencillísimas de hacer, pero no. Influimos en el mensaje, con nuestras emociones, nuestro estado de ánimo, la intención, lo que decimos, lo que realmente queríamos decir, la expresión de nuestra cara, lo que intentamos callar, mil matices, lo que interpretamos, lo que entendemos, lo que deseamos oír... No sólo se demuestra en la archiconocida dinámica del rumor (varias personas contándose la misma historia de boca a oreja, y cómo al final nada tiene que ver con le idea original) Se demuestra cada día. No nos entendemos.

Cuando la comunicación intenta darse en un medio como este, en un foro de la red, la cosa se complica. Lo cual no deja de ser curioso. En teoría se eliminan muchas interferencias, pero se crean, al mismo tiempo, muchas barreras. Finalmente, el resultado es el mismo. Y, en realidad, todo es de una simplicidad meridiana: somos gente. Cada cual de su padre y de su madre. Y, de nuevo, no nos entendemos.

Llevo más de dos años tecleando en ese foro y he hecho una observación. Jamás en mi vida he ofendido y molestado a tanta gente como allí. Nunca en persona, siendo infinitamente más brusca, más vehemente, más coloquial, he molestado tanto. Lo que me lleva a la conclusión de que, en efecto, son más las barreras en este medio.

Pero, además, resulta un universo curioso. Siempre me pareció divertido analizar las alianzas, las filias y fobias, los roles de cada uno, los grupos, los ascensos y caídas. Un microcosmos. El patio de mi casa. En principio sólo es un espacio virtual en el que gente de todo pelaje se reunió para charlar de una afición común. Luego salieron más aficiones comunes, y luego más temas de charla. Y la interacción. Lo normal. Y de ahí, las relaciones. Al principio (y hablo por mí), cuando no había caras, sólo apodos y dibujitos, todo resultaba tan divertido como un baile de máscaras. Se trataba de un juego, de descubrir quién era quién. Parecía una fiesta en Versalles. Había unas reglas y unos modos que se asumían y se respetaban de una forma natural. Claro, eran los comienzos. No se intimaba, ni se polemizaba.

Llegó la era de las quedadas, virtuales y presenciales. Se afianzaron las cosas, se hicieron amistades incluso. El foro perdió gran parte de su magia al desvelar el misterio, pero, al mismo tiempo, todo se volvió real. Ya no éramos apodos ni dibujitos, éramos personas. Imagino que ocurrió lo inevitable. Reconocimiento, decepción, prejuicios desmontados, sospechas confirmadas. Se ataron algunos lazos, se aflojaron otros. Todo muy previsible. Medio en broma medio en serio se creó una Corte Imperial. Los veteranos, los míticos, los alfa. El Dream Team. Imagino que la intención era buena y jocosa. No se puede negar que han salido amistades de todo esto. Pero, tal y como yo lo veo, yo, la erizo, son pocas. Afirmo tajantemente que tengo amigos en el foro. Muy pocos y muy buenos. Amigos que hace tiempo que traspasaron la pantalla. Luego hay un grupo extenso de personas a las que aprecio enormemente, pero con menor intensidad. Y por último, un grupo mayoritario de gente a la que leo con gusto, y con la que mantengo ese tipo de relación, exclusivamente. Nos leemos. Esto es internet. Es un foro. Entramos y salimos. Puede que termine algún día, o que cada cual vaya alejándose poco a poco, más ocupado en su vida real. Es lo más lógico.

Siempre digo que la gente entra y sale de tu vida. Unos te marcan más, otros apenas te rozan. Algunos me impactan de tal modo que deseo acercarme, conocerme y saltarme cualquier barrera que haya. Incluirlos en mi existencia, si puedo. Con unos me apetece una mayor implicación, una mayor cercanía. Con otros, menos. Y, en cualquier caso, en eso funciono exactamente igual a ambos lados de la pantalla. Yo decido quién y decido hasta dónde. Todos lo hacemos. Hay gente con la que, sencillamente, no te apetece acercarte más. Por lo que sea, por nada en concreto. No porque te caigan peor o porque creas que valen menos. Cuestión de filias, de puro azar, yo qué sé. Y hay mucha gente maravillosa con la que, sin embrago, coloco un límite. Y es por pura salud mental. No puedo querer tanto a tantos. Y el motivo es ese: que la gente entra y sale de tu vida, que no puedes amar tanto ni necesitar tanto a tantos. Que te proteges de todo eso y prefieres ser prescindible, y que sean prescindibles, y que si algún día desaparecen no te afecte. Que todo se quede en un: "qué majo era!! En qué andará? Espero que le vaya todo bien".

Ni siquiera lo entiendo como egoísmo. Aunque puede que mis púas tengan algo que ver. No sé, soy selectiva. Elijo a quien querer si me lo puedo permitir. No significa que elija bien. Y seguro que dejo fuera a personas indescriptibles. Pero es que, francamente, me da igual. Así es como yo entiendo las relaciones. Y, en este caso concreto, flotando en el éter, en el mundo virtual, lo que he aprendido en estos dos años es a no tomármelo demasiado en serio. Sí, tengo a los míos, al grupo pequeño al que quiero de verdad, y al grupo grande al que aprecio de corazón. Incluso a los que sólo son apodos y dibujitos y no me despiertan nada más allá que la simpatía. Y con eso me basta.

Por eso no entiendo que haya gente pendiente de quién habla con quién, de quién prefiere a quién, de los lazos, las broncas, las alianzas, las preferencias de cada cual, de si se vieron, cómo se vieron, de qué hablaron... De verdad que me alucina que haya gente preocupada por qué lugar ocupa, dónde se sienta o cómo debe actuar. La Corte Imperial es un camelo. Es una broma. En el foro no se asciende ni se cae en desgracia, no pesa más la opinión de nadie, ninguno tiene más derechos que otros, no hay que hacerse la pelota, ni siquiera hay que caerse bien. Somos dos mil cuatrocientas personas, unos teclean más, otros sólo leen desde la sombra, unos se implican, otros no, unos quieren conocerse, otros pasan de todo, cada cual con sus intereses, y sí, con sus filias y sus fobias, sus simpatías y sus indiferencias. Exactamente igual que en el barrio de cada uno. No concibo que haya gente que se tome las cosas tan en serio. Dónde está el drama? Por qué hay gente que se empeña en que la conozcas, en que la quieras, en invadirte? Nada se planea aquí, las cosas surgen solas o no surgen, como en la vida misma. En serio, dónde está el drama? Me cabrea la gente así, la gente que parece estudiar cada movimiento, cada palabra, cada gesto, la gente que lo analiza todo y saca conclusiones de todo, la gente que, no contenta con eso, ni siquiera lo hace como entretenimiento, ni siquiera lo contempla como un juego, no se ríe ni disfruta con ello, sino que, para colmo, se lo toma lo bastante en serio como para emitir juicio o reproche de lo que ve. O de lo que cree ver.

A veces tengo la sensación de que esto es un club social en el que muchos miembros andan a la caza de méritos. Jamás lo he visto así, todo es mucho más simple y más complejo. Y sí, para los que arden en deseos de saberlo, de este foro han salido parejas, amigos, amantes, romances platónicos, cuernos, broncas y secretos. Pero sólo porque somos gente. Y cuánto habrá que no sepan estos de aquellos? Y a quién le importa? Lo que realmente importa es lo demás. Es leer atentamente la opinión de una chica de Burgos y pensar: "no puede ser más distinta a mí, pero me encanta lo que ha dicho". Es aprender palabras nuevas de la forera argentina. Es ponerse en la piel del médico de Sevilla y sentir que le entiendes muy bien. Es reírse con las paranoias del gaditano, o pasmarse ante las fotos de la amante de los pájaros, o saltarse hilos porque no interesan. Es el prodigio de que alguien esté triste en Cáceres y le envíen besos desde todos los rincones, desde el otro lado del charco, personas que jamás se han visto entre sí pero se sienten unidas. Es compartir y aprender, y pasarlo bien. Y todo lo demás es baile de máscaras. Y, sinceramente, añoro esos tiempos de Versalles, cuando todo era lo bastante intenso como para enamorarse de un desconocido pero lo bastante razonable como para que diera igual, cuando el cotilleo era divertido e inocente como en un patio de escuela, cuando todos asumíamos que cada cual llevaba su disfraz y decidía si quitárselo o no, cuando todo era más ingenuo, juego, risas, curiosidad y modales exquisitos. Cuando todo era una pantomima inmensa, una broma sin fin. Paradójicamente, de aquella época, de cuando nos lo tomábamos todo a risa, salieron los lazos más fuertes.

Como diría el Jinete: "Éramos tan jóvenes..."

domingo, 13 de enero de 2008

En los extremos


Mi madre siempre dice que tiene dos hijas y que nunca sabe con cuál de ellas está hablando. Una es alegre, divertida, dulce, carismática, activa, inquieta, soñadora, curiosa y parlanchina. La otra es una sombra malhumorada, triste, llena de nostalgias, muda, derrotista, cínica, solitaria, huraña y amarga. Llena de púas, escudos, alarmas y cepos de oso. Mordaz y cáustica. Arisca. Inabordable. Insoportable.

De un sólo salto viajo de la luz a la oscuridad o viceversa. De pronto me arrastra una energía que no sé de dónde sale, y todo es música y risas y el mundo es maravilloso. De pronto la vela empieza a apagarse y me invade una melancolía de origen desconocido que (esto me lo dicen mucho), me pone guapísima. Me quedo hipnotizada, hablo bajito, se me pierde la mirada y ando por la vida lánguida y etérea con una sonrisa triste de amores perdidos, de heroína trágica. Hasta suenan violines. Luego se me pasa. Y hay dos opciones. O que vuelvan los cascabeles o que, directamente, me traguen las tinieblas. Y no hay nada de poético en eso. Se trata de un estado lamentable, de animal herido, de miedo, de desesperanza, de rabia, de apatía feroz, de renuncia.

Ningún problema con el entusiasmo, obviamente. Es la mejor fase, la más agradecida, esa en la que la gente te dice que te brillan los ojos y que contagias a todo el mundo.
Ningún problema con el romanticismo, está bajo control. Es la fase creativa, de aporrear teclados, de hacerse preguntas, desnudar el alma, aprender lecciones y avanzar. Y, además, es necesaria. Es mi fase de recargar las baterías cuando la fase pletórica me agota.
Qué hacer con la fase de las cenizas? Esa es la que quisiera desterrar de mi vida, la que intento exorcizar, la que trato de extirparme como si fuera un tumor maligno. Esa es la fase que procuro esconder de quienes quiero, para no hacerles daño, para no pagar con ellos esta suerte de ciclotimia infernal que los despista, que me hace adorable y odiosa, que me convierte en hada buena y en bruja malvada.

En los últimos meses, la Bruja se había ido. Todo era luz y la vida resultaba hermosa. Un cuento de Coelho. Y mis ojos parecían el faro de Alejandría y me atreví a creer que lo había conseguido. Que, a partir de ahora, todo iría bien. Pero volví a perder y la Bruja me amenaza. Intento no dejarla salir. Porque no quiero, no quiero abandonarme de nuevo a ese dolor aunque todo me señale a él. La Bruja tiene una vocecita sarcástica y repugnante que me dice: "Lo ves? De nuevo ha salido mal. Hagas lo que hagas, saldrá mal. Siempre te sale mal, pero no aprendes. Asúmelo, la vida no es bonita, no para ti. Nunca serás coelhista porque la realidad se impondrá, y la tuya es fea, cariño, muy, muy fea. Quizá consigas pequeñas cosas, pero no te confíes. Cuando te atrevas a creer que lo tienes, se esfumará, como ha hecho siempre. Lo único que deseas es que te quieran. Lo único que te falta es que te quieran. Pero no te querrán. Nunca te querrán. Así que no te esfuerces. No luches. Ríndete y quédate en un rincón, amargada y furiosa. Ese es tu sitio".

Pero la he calado. Me dejé convencer demasiadas veces, y ahora no me da la gana. Ya sé qué pretende. Ella es la Bruja y quiere seguir siéndolo. Ha estado en el trono demasiados años y se niega a claudicar. De hecho, llegó a hacerme creer que éramos la misma cosa, que yo sólo podía ser Bruja. Y no era cierto. Puedo ser más cosas. Puedo ser lo que quiera. Porque estos meses atrás, no había Bruja. Estaba la otra, la Hechicera, con la mirada llena de sol. Y me encantaba cómo era, cómo reía, cómo disfrutaba, cómo caminaba sin enganchar sus púas en el camino, cómo se dejaba abrazar, cómo peleaba, cómo se atrevía a creer. Y sí, finalmente perdió la guerra, pero esta vez no es "como siempre". Porque ha sido la primera batalla de la Hechicera. Las derrotas anteriores no fueron suyas, fueron de la Bruja. No quieras hacerme creer que es la misma historia. No lo es. No lo fue. La Hechicera es novata y quizá por eso no ha vencido, pero lo hará. Pasó tu momento. Ella es mejor. La quiero a Ella. Tú nunca me harás feliz. Ella sí, incluso aunque pierda.

Elegí a la Hechicera porque estoy harta de creer en maldiciones, de llevar estigmas, porque no saldré del pozo mientras siga pensando que ese es mi sitio, que estoy condenada a vivir en él. Me niego. Ya es suficiente. Lo malo es que no me manejo con este nuevo optimismo forzoso. Y me voy al extremo (criatura empecinada y lunática, siempre, siempre viviendo en los extremos) Ayer me desperté eufórica. Todo se va a arreglar. Saldrá bien. Por qué demonios no iba a ocurrir? Por qué les pasa a otros y a mí no? Por qué no iba a ser posible por una vez? Siempre hay una primera vez! Y será esta. Saldrá bien, estoy segura. Porque es lo justo. Porque lo merezco tanto como el que más. Porque no lo soñé, no lo imaginé, pasó, fue real. Cada palabra y cada mirada. Fue tan real que hasta yo misma lo vi. Por primera vez lo vi y me atreví a creerlo. Y eso ya demuestra que ocurrió. Eso ya prueba que no fue la historia de siempre. Saldrá bien.

Espera. Mi Bruja es un alma en pena y mi Hechicera una tarada. Qué dices? Te elegí porque estaba harta de los lamentos de la otra, de su negatividad. Te elegí porque vi cómo la gente te prefiere, como yo misma te prefiero. Pero no te pases. Seamos optimistas, no ilusos. La Bruja era una amargada pero tenía su punto de lucidez. Claro que lo mereces. Claro que podría salir bien, quién puede afirmar lo contrario? Pero podría no salir bien. Y si caemos al pozo, querida mía, tendré que volver a escuchar a esa mala bestia decirme: "te lo advertí". Y no quiero darle la razón. Pero cómo podré evitarlo? Si volvemos a caer no servirá de nada que te pongas tus mejores galas, que te pintes tu mejor sonrisa. Ella me atrapará otra vez, porque me demostrará que tiene razón, que el estigma existe. Me niego a caer otra vez. Entiéndeme, si no existe el estigma, tampoco existe la magia. Si no existe la maldición, tampoco la bendición. Comprendes? Lo lamento, me asusta el exceso de optimismo. Nunca seré Coelhista. Pero al menos lo intenté.

Está bien, mantengamos encerrada a la Bruja. Quédate conmigo. Si algo tengo claro es que es esa mi elección. Eso sí lo he aprendido. Eres más sabia, más guapa, más dulce, más interesante, más divertida, más inteligente. Y serás más feliz. Pero modérate. Que el entusiasmo no te nuble la lucidez. No te excedas con los mantras. Todo lo que tenga que salir bien, saldrá bien. Qué te parece? Creo que no está mal para empezar.

sábado, 12 de enero de 2008

Mate, filosofía, taquicardias y una caricia

La Guaja pasó la noche mateando con el Porteño, y ya, de paso, haciendo autopsias existenciales. No dudo de la sabiduría del flaco (cualquiera se atrevería a dudar escuchando tal convicción y viendo el brillo de esos ojos) pero también tengo claro que la fe no se puede transmitir. La sientes o no la sientes. Con este intento de metamorfosis que ando viviendo (o muriendo) me esfuerzo en creer. Nótese el matiz. "Me esfuerzo en creer", ergo, en el fondo, es evidente que no creo. Y que sé que no creo. Quizá por eso no me sirve. El Porteño dice que hay que creer de verdad, convencerse de que todo saldrá bien, desear las cosas sabiendo que ocurrirán. Y entonces ocurren. Podría darle la razón, podría decirle que, en efecto, seguramente mis historias acaban mal porque siempre estoy segura de que acabarán mal. Tan segura que me anticipo, que se me adelanta el miedo y la sospecha, que veo las sombras antes de que lleguen. Y terminan llegando. Los fatalistas no solemos equivocarnos.

Pero esta vez, lo juro, estaba siendo distinto. Esta vez me atreví a creer que era posible. No del todo, claro. Quizá me falló el porcentaje. Quizá no sirve con creerlo al ochenta por ciento. A lo mejor esta filosofía sólo funciona si crees ciegamente, sin el menor atisbo de duda. Pero cómo se consigue eso? Cómo se evita esa pequeña desconfianza? El Porteño está convencido de que su magia es infalible y funciona sencillamente alimentándose de su actitud positiva. No le permite un sólo resquicio a la derrota. Pero es así realmente? O es que él aprendió tal teoría a fuerza de que las cosas le salieran bien? Tiene suerte porque cree, o cree porque tiene suerte? Cómo se hace para creer que todo irá bien cuando nunca te pasó antes? En qué puñetas te puedes basar para creerlo? En que les funciona a los demás? De qué te sirve eso, realmente? Es una buena filosofía, es hermosa. Y estoy convencida de que al Porteño le resulta. Lo malo de las filosofías es que a cada uno sólo le sirve la suya.

Ayer tuve una reacción completamente estúpida y desmedida. Por un encuentro que duró apenas cinco segundos. Por puro azar. El cosmos (me canso de decirlo) tiene un sentido del humor peculiar, el hijoputa. Por qué sigues con esa cara? Por qué no te brillan los ojos, como me brillaban a mí? Por cosas así es por las que siento que no es justo. Pero claro, qué voy a decir yo? Deberías ir por la calle sonriendo y dando brincos. Yo lo hacía.

Hoy tocó un día de perros, me calé hasta los huesos, pasé más frío del que recordaba en mucho tiempo, me sentí agotada pero no logré descansar. Algo en mi cabeza se niega a dejar de dar vueltas. Pasé tres horas encerrada a cal y canto en el Torreón, calentita y a salvo en mi cama, con los ojos cerrados, pero sin que el sueño viniera.

Sigo echándote de menos, incluso en los detalles más idiotas. Ellas soportan mis silencios y mis caras, y me arrancan risas. Son lo mejor que tengo, sin duda. El Emperador está siempre cerca aunque esté lejos. Tengo la sensación de que nadie me entiende como él. Y hoy, un compañero de trabajo, un chico que me conoce hace apenas un mes, me hizo una caricia y me preguntó si tenía un mal día. "Estás muy callada, pareces triste". Me dejó boquiabierta por muchas razones. En primer lugar no me explico cómo alguien que sabe de mí poco más que mi nombre ha podido darse cuenta tan fácilmente de mi estado de ánimo. Para todos los demás no es raro. Acaban de conocerme, me toman por una chica silenciosa y nada más. Pero lo más insólito fue el gesto. Y la confianza, la sinceridad. Hacerme esa pregunta delante de los otros, sin que sonase a intromisión, ni a cotilleo, ni siquiera a indiscreción. Con una naturalidad pasmosa, sin ningún miedo, ningún disimulo. Yo sería incapaz de algo así, me resultaría violento, incómodo. De alguna manera envidio a la gente que no siente la necesidad de esconderse. Supongo que por eso ni se imaginó que podría resultarme desagradable responder a semejante pregunta en presencia de otros. Porque, seguramente, a él no le importaría lo más mínimo responder. Salí del paso aparentando despreocupación. No duermo bien últimamente (y, además, es cierto) La misma escena me habría indignado de ser otra persona. Estoy segura. Se me habrían erizado las púas, me habría sentido invadida, expuesta en la plaza mayor. Pero no fue otra persona, fue este chico, que transmite esa sensación de absoluta sinceridad, de ternura, de genuino interés por todo lo que le rodea. No hice justicia a su detalle contándole una mentira piadosa (ya me irás conociendo mejor, un erizo siempre es un erizo, te aseguro que no soy así por fastidiar), pero, aunque él no lo sepa, ni lo sabrá, le doy mil veces las gracias por esa caricia, por esa pregunta y por el tono de su voz. Sé cómo soy, lo asumo y me acepto. Cambio lo que no me gusta y no cedo en lo que creo que no debo ceder. Pero dios, qué bonito debe ser ir por la vida con esa franqueza, con esa bondad. Qué preciosa es esa gente (y qué rápido se les ve) que cuando pregunta "cómo estás?" es porque verdaderamente quiere saberlo.

Lo dicho. Que sigo echándote de menos. Y no por saber que es normal me jode menos.

jueves, 10 de enero de 2008

Primer Bebé del Akelarre


En efecto, estamos embarazadas. Todas. Las brujas al completo. Cierto, hubo bebés antes, pero ninguno que perteneciera estricta y rigurosamente al akelarre. Este sí.
La valiente es nuestra Xana, nuestra Princesa (sé que no te gusta que te llamemos así, pero lo eres, preciosa, lo eres y no puedes evitarlo. Nuestra Grace Kelly!!!)
Sólo puedo desearte que todo salga bien, el resto sé que lo pondrás tú (y sabrás ponerlo, sin duda) Está bien, no quiero ser injusta, lo pondrá también el Rizos. Enhorabuena a los dos, muchísima suerte y gracias por el regalo del primer enano. Las tías brujas estamos entusiasmadas. Sobre todo porque (y esto es secreto profesional, así que no preguntéis), aunque sólo estás de un mes, ya sabemos que es niño. Tendremos macho cabrío. El primer Xanín.
No te preocupes por lo de "robarme" el nombre. Si algún día tengo un cachorro, será todo un honor que comparta patronímico con el tuyo. Me encantaría estar más ocurrente para escribirte algo bonito, pero todo llegará. Tenemos ocho meses por delante y después la vida entera.

Sí, Hereje, sí, hay razones para seguir viva. Aunque las razones sean de otras. Esta razón es un poco mía también. Soy así de osada.

lunes, 7 de enero de 2008

Para El Monaguillo


Pasa, pasa. Cuidado con los escalones, que están un poco regular. No, no te sientes ahí, que justo hay una gotera. Tengo el Torreón que se me cae encima. Si fuera un Hórreo pediría una subvención, pero claro... no es plan. Como no se la pida a la Rowling... No, por los Búhos no te preocupes, que no hay peligro. Ellos van a lo suyo. Entran, salen, algunos se quedan, la mayoría se van cuando les apetece y cuando menos te lo esperas. Animales imprevisibles, los Búhos.

Siento que hayas llegado en mal momento. Entiéndeme, no es mal momento para que estés aquí, al contrario, me encanta tu visita. Pero digamos que la anfitriona no está muy allá de ánimo. Aunque, pensándolo bien, en cuestiones de levantar el ánimo, quién mejor que tú? Ahora mismo estoy sonriendo, recordando a las leopardas de aquella noche en El Gato Tuerto, recordando aquel cigarro, las carcajadas que nos regalaste, y todas las noches en que me has hecho asfixiarme entre las almohadas para no despertar a los vecinos con mis ataques de risa. Sonrío porque recuerdo a la niña del Exorcista, a los Gremlins, a Carlos Moñi, el tarcoy y todo lo demás. Así que gracias. Por la visita y por todo lo demás, tantas veces, tantas noches, en momentos buenos y en momentos malos.

Tómate algo. Y saluda a Salas de mi parte. Por cierto, me informan de que la próxima semana, el miércoles 16, si no me equivoco, andarás de nuevo por Gijón. Iremos a verte al Gato. Sé bueno y fúmate uno con nosotras. Besos.

domingo, 6 de enero de 2008

Conclusiones


Y al final resulta que hago un insólito descubrimiento. Charlaba con mi Emperador y de pronto vi la luz. Caigo en la cuenta de que mi problema es que soy sumisa. Yo. Soy sumisa. Yo, Lenka, el erizo, la de la sangre caliente y la lengua viperina, la retorcida, la colérica, la que siempre se pregunta el por qué de las cosas, la que lo cuestiona todo y nunca acepta un "porque sí", la que siente urticaria por las normas y los convencionalismos, la que disfruta retando a la autoridad, la que no se doblega, no cede, la gata que saca las uñas y se empeña en caer de pie. Soy sumisa.

Siempre entendí que el sexo y el amor eran independientes, aunque no se me escapa que, cuando se dan la mano, llega el prodigio. Siempre entendí cada relación dentro de sus límites, supe respetar las fronteras, los espacios del otro, sus parcelas inviolables, sus secretos sagrados. Y entendí todo eso porque defendí sin tregua mi propio torreón. Y me sentía bien por gozar de esa capacidad, por saber dar lo que se esperaba de mí. Pero no pedía nada. Nunca pedí nada. Nunca tuve el valor de pedir. Acabo de descubrir que padezco una necesidad casi enfermiza de ser querida. Y esa necesidad provoca mi maldición. No es que cometa la insensatez de amar a quien no debo, de quedarme atrapada por amantes ocasionales que no desean nada más. Es que, incluso cuando son algo más que amantes, cuando son compañeros, y amigos, cuando las cosas empiezan a transformarse, a anudarse con otra fuerza, cuando debería ser el momento de hablar, no lo hago. Al final siempre llego a la misma encrucijada, aquella en la que debería decir: "todo lo que has visto es cierto. Así soy. Así voy a ser. Siempre. No hay nada más, salvo que te quiero".

Jamás lo dije. El terror a la pérdida paralizaba mi lengua. Me aferraba a los mantras y esperaba. Será suficiente con lo que he mostrado para que todo avance? Me obligaba a esperar. Jamás fui yo la que intenté el cambio. Sumisa y muerta de miedo. Cediendo siempre. Si esto es lo que deseas, esto es lo que te daré, sin esperar nada a cambio, casi sin atreverme a soñar que me darás algo, convencida de que, seguramente, no lo merezco. No pido nada, pero no porque no lo quiera, sino porque no tengo valor para pedirlo. Y quizá esa sea la maldición. La auténtica. Quizá es eso lo que he estado provocando, una y otra vez, en cada una de mis historias. Eres un encanto. Eres la mejor. Eres maravillosa. Pero no me has pedido que te quiera. Supongo que no lo necesitas. Así que no te querré.

Me temo que siempre lo pongo demasiado fácil. Me temo que confundo las cosas. No temo que me pidan, lo considero lícito y hermoso. Pero me aterroriza pedir. No me quieren porque de alguna manera estoy convencida de no merecerlo. Así que me aferro a lo que me ofrecen, sea suficiente o no. No hace falta que me quieras, sólo permíteme seguir a tu lado. Yo te quiero y eso es bastante. Acéptame, no pido más que eso. Quédate conmigo, de la manera que sea. Pon tú las condiciones. Habla tú. Decide tú. Sea lo que sea, me servirá. Finalmente no soy tan brava. Sólo soy una gata asustada que se desangra por una caricia. Pero he descubierto a mi dragón. Ahora sólo tengo que encontrar el modo de vencerlo.

Lloré en el cine cuando vi la marcha de los Rohirrim. Siempre lloro con esa escena. Hoy he vuelto a llorar al verla, como hago siempre. Pero esta vez el llanto es distinto. Porque la última vez que lo hice, tú estabas conmigo, sonriendo a mi lado, burlón ante mi sensiblería y mi fanatismo. Así que lloré, por los Jinetes de Rohan y por tu recuerdo. Por cada minuto que me diste. Y por mi cobardía cuando no quise pedirte ni un minuto más.

sábado, 5 de enero de 2008

Un siglo

Dios, sólo hace dos días. Dos putos días y tengo la sensación de que llevo un siglo sin verte, un siglo sin oírte, un siglo echándote de menos. Sé que a estas horas se hace más difícil, lo sé, sé que mañana parecerá mejor. Pero saberlo no me consuela. Subidas y bajadas. Nada nuevo.
Ojalá estés bien. Seguro que lo estás. Eso sí me consuela.

viernes, 4 de enero de 2008

Frío

A lo mejor es sólo porque estoy agotada, porque llevo varias noches sin dormir, porque no consigo comer y por el lío del trabajo, montando una casa para 12 inquilinos, pero el caso es que me siento un poco más triste, más apagada que ayer. Ayer estaba sorprendida. Hablaba del tema sonriendo, pensaba en el tema sonriendo, el sarcasmo me salía sólo, no suponía un esfuerzo ponerme en su piel para entenderle, para que le entendieran otros. Estaba animada y convencida de haber cerrado la puerta, incluso aunque seguía manteniendo ciertas dudas. Pero de repente me sentía tan harta del misterio, de las preguntas sin respuesta, que me daba igual. Caso cerrado.
Hoy lo veo igual de cerrado, pero me parece más triste. No tanto como el primer día, eso no. Triste y gris, en cualquier caso. No me asusta porque conozco el proceso. Sé que habrá días tranquilos, días de euforia, días de melancolía. Sé que aún quedan lágrimas por salir y que, finalmente, un día no saldrán más. Ya cuento con todo eso. Pero en días como el que toca, no sirve demasiado el saberlo. Sigo sin ganas de llorar, y no es porque no esté disgustada. Es, sencillamente, porque es tal el cansancio que no me veo capaz ni de eso. Estoy helada por dentro, como muerta. Me duele todo el cuerpo y no pienso con claridad. Seguramente necesito descansar. Mañana dormiré hasta hartarme. Mañana será distinto. Tocará otra fase, quién sabe.
Apática, nostálgica, pero no hundida. Eso no. Tampoco entusiasmada, desde luego. Es como no estar. Por eso ni siquiera me apetece el masoquismo de las canciones deprimentes. Ni siquiera tengo ganas de autocompadecerme, ni de hacer terapia para obligarme a llorar. Es un curioso estado de "nada". Ni fracaso ni triunfo. No estoy derrotada, pero tampoco curada. Es raro. Quizá por eso mismo no hay U2, ni R.E.M, ni nada que me recuerde a ti, a lo que he perdido. Obvio, tampoco hay Mika, no hay nada que me haga saltar. Podría ser Nelly, contándome lo que ocurre cuando pasamos de las llamas al polvo, de amantes a amigos, pero hace tiempo que me adelanté. Al final va a ser cierto que tengo poderes. Me anticipo a mis pérdidas. No, hoy es otra cosa. Es otra canción que hacía años que no escuchaba y que se coló en mi cabeza de repente. No es alegre, ni triste. Simplemente encaja. Y, además, nunca fue parte de esta historia. Eso lo pone más fácil.


Yo soy yo y mis amigos

La buena noticia es que ayer se acababa el mundo, pero yo ya sabía que no era cierto. No lloré hoy, y quizá no llore mañana. No lloré, incluso aunque pasaron varias motos, aunque en la hora del café me cantó Pereza, y Cold Play, y Fito, todos seguidos (el cosmos, para variar, es un cachondo) Trabajé como una bestia, me reí con mis compañeros, un antiguo alumno me regaló una sonrisa y la sorpresa de que recordaba mi nombre, recordé al Dalai Lama, que cumple años (y a la que veré mañana, y me consolará, y me hará reír, y hasta puede que me regale un par de maldiciones), me pegué un buen trote con la Guaja y la Xana a la caza de regalos, debatí con ellas y con el Emperador, y fui capaz de sonreír, y de pensar en Él mientras sonreía, y me descubrí fuerte y animada, y con ganas de estar curada para poder acercarme de nuevo, si me deja, y estar ahí en este año difícil que se le presenta, y pasmé a mi pobre madre por darle una mala noticia con buena voz, y por defenderle como un puma de su sentimiento de "ofensa maternal" (lógico, por otra parte) y, para terminar, aprendí una lección nueva. En realidad ya la sabía, con esa clase de sabiduría que nunca has necesitado meditar, pero que, de repente, sale sola y puedes explicar sin un tropiezo, como una tabla de multiplicar memorizada hace años.

Somos lo que somos por lo que fuimos, por nuestra historia, nuestras tragedias, nuestros sueños, por los besos que nos dieron o nos negaron, por los castigos, por los juguetes, porque mamá no nos dejaba comer chocolate, porque llevamos los genes de aquel tío abuelo tan cabezota, porque aquí llueve mucho, porque optamos por estudiar letras, por los amantes, por los libros que leímos, por las películas que hemos visto, porque fumamos y no comemos naranjas, porque odiamos madrugar, porque nos gusta U2, o Silvio, o Viggo Mortensen, o la luna.

Pero, sobre todo, cuando llevando todo eso en la maleta salimos al mundo, cuando elegimos a nuestra gente y somos elegidos por ellos, somos más nosotros que nunca. Ha sido un año curioso, lleno de lágrimas, de sustos, de risas, de desmadres, de gabinetes de crisis, de puertas que se cerraban y ventanas que se abrían, de dudas, de certezas. Y aquí estamos. Aquí estáis. Sois la gente que elegí, la gente que me eligió. Los de este lado de la pantalla y los del otro lado. De algunos me conozco hasta las entrañas, de otros sólo sé un mote con el que llamarlos. Muchos ni siquiera tenéis cara. No importa. Compartimos las risas y compartimos lo más amargo. Nos enviamos abrazos de un extremo al otro del mundo, o nos reunimos en el salón de alguien y ponemos el mundo boca abajo. Da igual. Quiero dar miles de gracias a los que me acompañan en la distancia, tanto a los que quiero y me quieren porque ya nos conocemos, como a los que jamás me han visto y aún así están ahí, al otro lado de la pantalla, leyendo y mandando besos a una extraña. Tiene mucho mérito que nos leamos, que nos dediquemos un pensamiento. Habrá quienes no entiendan este tipo de amistad, pero es hermosa. Quizá nunca lleguemos a vernos, quizá desaparezcamos un día cada uno de la vida de los otros, y no pasará nada, quizá hasta nos olvidemos. Pero tiene mucho de mágico y de sincero que alguien que no te conoce de nada te escriba palabras de aliento. Nada le obliga. Por eso es tan valioso. Gracias.

Y sobre los de este lado, mi aquelarre, mi absurda pandilla de rojos y fachas, ateos y creyentes, macarras y pijos, formales y pendones, heteros, gays y milanesas de soja, revertianos y coelhistas, no sé qué podría decir. Que no me explico cómo podemos ser tan distintos y ser una sola cosa. Que no sé cómo logramos querernos sin invadirnos, sin pretender cambiar nada de los demás, cómo hacemos para salir corriendo cada vez que alguien se rompe en pedazos, cómo nos agarramos y apretamos los nudos, cómo demonios nos las ingeniamos para llorar de risa y reír de pena y de asco, y nos espetamos en la cara verdades como puños, y nos aceptamos. A veces no me sorprende nada que la gente que mira desde fuera nos pregunte cosas como: "Pero sois amigos porque queréis??" Somos mucho más que eso. Si no somos hermanos, no sé qué carajo somos.
Todo esto para daros las gracias. Y para deciros que os quiero. Y sí, a ti también, tarado.