miércoles, 2 de enero de 2008

Recogiendo tus cosas

El cosmos, siempre lo digo, disfruta haciéndonos curiosas señales. Nunca habías dejado tus cosas en mi casa, pero lo hiciste aquel día. Y aquí siguen. Aquel día fue, precisamente, el que el azar escogió para darme el peor de los sustos. Por eso tus cosas se quedaron. Tú no lo sabes, ni lo sabrás, pero me ayudaron mucho en esas tres semanas. Soy fetichista, lo admito, fetichista y atea, así que cada noche le rezaba a uno de tus guantes para que todo saliera bien. El día del quirófano, además (y te aseguro que esto me mata de vergüenza), ese guante me acompañó en mi huida, cuando las paredes se me caían encima por la falta de noticias y la inquietud. Lo guardé en mi inmenso bolso y paseé con él, negándome a soltarlo, tan estúpida y tan patética como una niña de cuatro años que se niega a separarse de su muñeco de la suerte. Y la pequeña magia funcionó (o digamos mejor que el cosmos no estaba particularmente cabrón ese día) y desde entonces ya no pude dormir sin el guante cerca, por las dudas.

Recuerdo aquellas tres semanas como las más largas de mi vida, las más agotadoras. No importaba demasiado. Mil veces cogí el mismo autobús, mil veces perdí el último, mil veces conté los minutos en el trabajo y pensé cómo estarías pasando el día. Mil veces subí en aquel ascensor, me bajé en la planta cuarta y entré en la misma habitación. Aprendí a manejar la maldita silla, discutí con la limpiadora chiflada, vi pasar a tus compañeros de convalecencia, a tu tribu de sangre, a tu tribu de asfalto. Se me caía la ropa porque no tenía tiempo para comer, y tampoco dormía demasiado. Pero jamás en toda mi vida había sentido que tuviera tanta fuerza. Recuerdo tu risa, tu humor, tus ganas, tus bromas, tus cabreos, tus esfuerzos por no dejarme ver tus lágrimas, tu rabia, lo recuerdo todo. Lo recordaré siempre.

Los días en tu casa se me confunden. Noches de insomnio, tardes de series y videojuegos, visitas, contorsionismos en la bañera, saltos de canguro, cigarros, chucherías, siestas, martinis... Está todo ahí mezclado, no sé muy bien en qué orden pasó y tampoco me importa. Pasó, eso es todo. Echabas de menos la moto y la nieve. Montones de cosas. No podía darte nada y siempre odié esa sensación de impotencia. Espero que al menos te sirviera para reírte alguna vez. Con eso basta.

No te enteraste de nada, claro. Al menos intenté que así fuera. Nunca supiste que aquella llamada desde el hospital me puso el mundo patas arriba, que se me escapó todo de las manos y ya no hubo forma de frenarlo, porque iba más deprisa cada vez. Nunca supiste del miedo, de los silencios, del cansancio, de las dudas, de la alegría y el pánico que me provocaban las señales. Yo nunca supe si eran señales. Y si lo eran, qué significaban. Nunca supe si muchas palabras eran bromas o eran en serio. No identifiqué "la cara del ventanal". Ni siquiera las otras veces que te la he visto. Pero, cómo ibas a saber? Cómo iba a decírtelo? Estuve allí con el dolor, con la apatía, con el aburrimiento, con la tristeza, con las crisis, con las sombras del pasado... no era el momento. Nunca llegó el momento.

Esta vez hice un esfuerzo titánico y llegué a creer que podía salir bien. Pero es muy difícil tratar de ser optimista, intentar que me empape un mínimo de coelhismo. El cosmos sigue en sus trece. Y otra vez. Otra vez detrás del error, muriendo y resucitando. Otra vez no tocaba. El dolor debería mitigarse cuando es un viejo conocido. Cuántos palos hay que recibir para que dejen de doler? Debería estar más curtida, pero no lo consigo. Me agota pensar en empezar de nuevo. Vuelvo a estar en el suelo y sin demasiadas fuerzas para levantarme. Sé que lo haré, claro, sé que el tiempo volverá a sanarme. Conozco bien la teoría, todos nos la sabemos. Pero estoy cansada. Estoy cansada de que el caramelo nunca sea para mí. De verdad que intento sonreír, pero a cada rato vuelven las lágrimas. La sensación de fracaso (otra vez) duele demasiado.

Ahora tienes una ilusión nueva. Planes, proyectos, qué sé yo. Y mereces que todo salga bien. Me alegro muchísimo de que te haya llegado este momento. Disfrútalo. Que te dure, que brille al máximo.
Es mi turno de desaparecer. Apartarme del camino, verte marchar. Aprender a caminar otra vez y llenar los huecos que dejes. Ni te imaginas cómo voy a echarte de menos. Pero es la hora.

Recojo tus cosas para devolvértelas, y lloro como una imbécil, como si escupiendo mis lágrimas ahora fueran a gastarse, como si así pudiera verte dentro de unas horas y mantener la compostura. Estoy aterrada. Destrozada por todas estas rutinas del adiós. No volveré a subir a ese autobús, con la sonrisa y las ganas de verte. No volveré a esconder chuches para ti. No volveré a pegar un bote cuando suene Cold Play en el móvil. Pasarán cientos de motos bajo mi ventana, pero no serás tú. No sonará el timbre. No nos reiremos, no haremos planes, no habrá mensajitos nocturnos. No volveremos a dormir juntos. Y ni siquiera tendré tu guante para pedirle que todo salga bien.

Y el caso es que tengo la necesidad de darte las gracias por estos cuatro meses. Por cada segundo de ellos. Por cosas que me diste y ni te imaginas. Y necesito, además, desearte que consigas todo lo que quieres. Todo. Hazlo por mi.
Recojo tus cosas y me despido de ellas. Y en un par de horas, me habré despedido de ti también. Y se habrá acabado. Siento no haber sido capaz de mantener el tipo hasta el final. Supongo que el juego me estaba grande. Me juré que no te querría, pero lo pones muy difícil.

Adiós, Bicho. Suerte.

19 comentarios:

Lenka dijo...

Permitidme que sea yo la que haga el primer comentario. Os doy las gracias a todos de antemano, por los mensajes que siempre me dejáis por aquí, por los que estáis escribiendo en el foro de alatriste (mil veces gracias, Ro, no se me ocurre qué más puedo decirte), por los mps, los sms y las llamadas. Gracias a todos, de verdad, de corazón. Y mil perdones por no responder. No voy a responder, no puedo hacerlo ahora. Leo cada palabra y me emociona cada vez que en el móvil suena la banda sonora de El Señor de los Anillos. Pero no puedo. Ahora no. No os enfadéis ni os sintáis mal por esto. Ya sabéis que sigo por aquí y que os recuerdo siempre.

Gracias a todos. Os quiero.

Anónimo dijo...

Qué decir, Len. Sólo espero que el dor se suavice lo antes posible. Un abrazo y todo mi apoyo. Carlota

Cristina dijo...

Len, no se que decirte. Nos tienes aquí a todos, que vamos a ir levantándonos contigo, cueste lo que cueste, porque no te vamos a dejar sola. Por mucha distancia que nos separe, me tienes ahí para todo lo que quieras.
Es normal que ahora no quieras coger el móvil, ni contestar a los mensajes. Los búhos estaremos aquí esperándote. Muchos besos y abrazos.

Jose dijo...

Len, a estas alturas, cuando uno ha sufrido ya por lo mismo más de lo sufrible, no sé si reconfortarte o reñirte. Pero pensando veo que todo lleva al mismo sendero final. Sabes que te queremos, sabes que te quiero, no podriamos enfadarnos contigo ni queriendo.

Tu me has aguantado largas noches y yo te he aguantado otras pocas, los dos hemos salido de nuestros baches, hemos tardado, pero salimos.

Me hace gracia pensar que hace poco te pedi consejo sobre como salir del mio porque tu habias salido hace poco de uno parecido. Todo se resume en una cosa: tiempo. Ahora se está jodido, pero con el tiempo todo cambiará. Nunca digas nunca porque eso es demasiado tiempo.

Cuando decidas pasar nuevas noches aqui me tienes. Mi Coldplay te esperare si hace falta. Y tengo un cuaderno en blanco deseoso de que escribamos en él nuevos tiempos futuros. Un beso.

Amaranta dijo...

Len, un beso.

Lal dijo...

Todos necesitamos desaparecer en algún momento. Desaparece, tomate tu tiempo, el tuyo, el que necesites. Y renace, como sabes que vas a hacer.
Yo, con tu permiso, me sentaré a los pies de cada torre, hasta que vuelvas.
Y preparándo picadas porque los próximos buhos no van a posarse en las almenas. Van a comer de tu mano.
Besos, todos ellos.

Corsaria dijo...

Besos, abrazos, mimos para el alma. Ojala pudiera hacer más, pero la distancia a veces complica las cosas.
Ánimos, Socia. Acá estamos si nos necesitas para algo.

Rogorn dijo...

Ya os dije que ella lo explicaría mejor.

Dios, qué buena señora si tuviera buen vasallo.

Kaken dijo...

Ya te lo he dicho en el foro y no insisto más, entiendo y respeto tu silencio.
Un bes

Lenka dijo...

Muchísimas gracias a todos. No tenéis ni idea de cuánto valesn estos abrazos, incluso para un erizo como yo. Ahora mismo no puedo parar de llorar, pero en cuanto lo consiga, volveré con vosotros.
Besos.

Guaja dijo...

Nada te puedo decir que no sepas ya. Que estoy aqui, que es cuestion de tiempo o que te voy a abrazar aunque ahora saques todas y cada una de tus puas.

Anónimo dijo...

Len te quiero mucho. Un beso.

Marechek

Alberich dijo...

Todo lo que te pueda decir sobra,ya lo sabes.
Siempre estaré aquí,para ti.
Un oso-abrazo gigante

Wendy Pan dijo...

Lenky...

JR dijo...

ya te lo he dicho en el foro, tira palante y valora la cantidad de gente que te apoya.
que eso no tiene precio.

Celadus dijo...

Besos, achuchones y abrazos, gemela.

Anónimo dijo...

No sé que es lo que te esta haciendo tanto daño pero recuerda esta frase: "esto también pasará". Ojala pasé rápido y el dolor que te esta haciendo derramar tantas lágrimas se acabe desvaneciendo.

Una amiga!

Anónimo dijo...

Se me olvidaba...hace tiempo escuché esta cita. A mi en su momento me ayudó...espero que a tí también!: "el dolor adopta formas diversas, una punzada, una leve molestia... dolor sin más, el dolor con el que convivimos a diario, pero hay dolor que no podemos ignorar, un dolor tan enorme que borra todo lo demás y hace que el mundo se desvanezca hasta que sólo podemos pensar en cuanto daño hemos hecho, o en cuanto daño nos han hecho. Entonces, ¿Como enfrentarnos al dolor? Depende de nosotros. Podemos anestesiarlo, podemos aguantarlo, podemos aceptarlo... también podemos ignorarlo; pero para algunos la mejor manera de enfrentarse a él es seguir viviendo. El dolor, sólo hay que aguantarlo. Esperar a que se vaya por si solo y a que la herida que lo ha causado cicatrice. No hay soluciones ni respuestas sencillas, solo hay que respirar hondo y esperar a que se calme."

Ahora sólo hay que esperar a que pasé....

1 beso Lenka!

Anónimo dijo...

Lo siento mucho, Lenka. Según he ido leyendo he reconocido muchas cosas que te están pasando porque yo las pasé hace poco. No hay un maldito manual de instrucciones para salir de cosas así. Hay que escarbar la salida uno mismo, con las uñas, la rabia, el dolor y los dientes. Ahora está todo muy oscuro y frío, tanto que somos incapaces de imaginar que un poco más arriba, sólo un poco, hay un cielo azul y un sol radiante que calienta el alma. Te duelen los brazos de pelear y estás muy cansada, tanto que cada montón de tierra que arrancas para salir te agota todas las fuerzas. Pero cada vez será más fácil, cada vez irás cogiendo fuerzas, cada vez estarás más cerca de superarlo.
Pero si te detienes a coger aliento, verás que no todo es oscuro. Si prestas atención, hay gente arriba que te llama para abrazarte, y te guía con su voz, hay raíces en esa tierra que te sirven de apoyo para subir. No todo está perdido, querida guerrera. Tu corazón ha sufrido una grave herida, tal vez la mayor que ha conocido, pero tienes un corazón fuerte, y esa herida sólo puede fortalecerlo más. No temas, no mires atrás, llora cuanto necesites. Sigue dando a quien lo merece, a quien está contigo, sigue siendo tú. Cúrate pronto, reina.

Lansquenete