sábado, 26 de enero de 2008

Días para olvidar

Ayer fue un día como para borrar del calendario.
De mi vida amorosa, mejor ni hablemos. Ya sabéis todos cómo le va últimamente (habitualmente, debería decir)
El tema de la salud lo dejo entre interrogantes, al menos hasta el lunes. Me habia hecho el firme propósito de no preocuparme demasiado, pero la racha que llevo me está agotando el ánimo. Y el saber que tú también estás a la espera de "resultados" era justo lo que me faltaba. Sabes que te quiero y que esto me tendrá en vilo, y no servirá de nada que intentes tranquilizarme. Estoy tranquilísima. Pero, por dentro, cada vez más cabreada con el cosmos.
Y me quedaba el trabajo, el sueño conseguido, la gran noticia, el logro indiscutible que iba a lograr que todo lo demás no pareciera tan gris. La razón para pelear, la estabilidad, el clavo del que agarrarme. Y resulta que se tambalea también. La noticia, ayer, fue como un mazazo para todos. Acabamos de empezar, todo eran ilusiones y ahora estamos con el corazón en un puño. No es justo. Sé que es una frase de quejicas, pero no es justo.
Y estoy harta, joder. Estoy harta de luchar para aprender a ser optimista, harta de dar las gracias a la vida cada vez que consigo un pequeño avance y de ser tratada de agorera cuando doy las gracias en voz baja. Y, por encima de todo, estoy harta de tener razón siempre, de que nunca llegue el puto momento de la tranquilidad, de poder sentarme y decir: "ya está". Un mes así. Sin un sólo tropiezo, sin una preocupación. No creo que sea tanto pedir.
No es tan fácil, Porteño. Lo intento, lo intento, hago los deberes y miro hacia arriba, pero resulta que sigo cayendo, una y otra vez. Y me empeño, ya por pura cabezonería, en repetir: "no me da la gana, no me rindo, la vida es maravillosa, jajaja, qué risa, qué estupendo todo". Y vuelta a lo mismo. No es nada fácil cuando no recibes nada, cuando no tienes una sola prueba de que esté funcionando, cuando no puedes aferrarte a un sólo logro y decir: "mira, aquí está, sí que era posible".
Pues al infierno, ahora no quiero claudicar. Tomé la decisión de no tirar la toalla y no pienso hacerlo, aunque termine machacada, aunque al final no me quede más remedio que chillar: "al carajo vuestras filosofías bonitas. Es mentira, no son infalibles. Con algunos de nosotros no funcionan porque el puto cosmos nos tiene fichados". No quiero que llegue este momento, no quiero tener razón esta vez. Así que me agarro a cualquier estupidez para convencerme de que hoy será diferente. Esta mañana, por ejemplo, he visto a alguien a quien echaba de menos. Hemos charlado un rato y nos hemos puesto al día. También él lleva una mala racha, pero sonríe. Me fijé en esos ojazos azules y pensé: "me alegro de verte, me alegro de que estés bien a pesar de todo, ni te imaginas cómo os echo en falta, cuánto me divertí con vosotros y cómo os agradezco (sobre todo a ti, y a él, por supuesto) que me dejarais ser una de los vuestros, aunque fuera por poco tiempo". Así que decidí que iba a ser un buen día, aunque sólo fuera por ese encuentro fugaz.
Mi cosmos es más cabrón que el tuyo, Porteño, pero no me da la gana de rendirme.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Joder, Lenka. A comprarse un impermeable y un paraguas tocan. Y a esperar que escampe a ese lado del espejo. Si lo ves mu chungo silba, que se va.. Si no, medidas drásticas(en un sentido o en el contrario) y píllate el comodín del derecho al pataleo. Que llevas razón, no es justo un carajo.

jack

COrsaria dijo...

No te rindas, Socia. Si ves que flaqueas, acá nos tenés, para lo que haga falta!

Un beso enorme!

Anónimo dijo...

Mucha suerte y que mañana vaya todo bien. Espero que amaine pronto el temporal, y recuerda que tienes todo el derecho al pataleo y la blasfemia, porque por supuesto que no es justo. Un coelhismo forzoso -porque no somos coelhistas de pro, sólo lo intentamos y suele salir más que regular- puede provocar úlcera de estómago si nos tragamos la rabia hacia adentro, te lo digo yo...
Aquí nos tienes para lo que sea. Un abrazo. Carlota.