lunes, 21 de enero de 2008

Ataques de nervios


Supongo que es inevitable cuando se te acumulan las cosas. Y cuando digo cosas, quiero decir emociones. Yo soy muy de eso. De emociones. Se me juntó un cumpleaños más que en realidad fue un cumpleaños menos (porque no estás, mi amor, porque es otro año que no cumplirás nunca); un trabajo nuevo en el que, de momento, la tensión es mayor que la ilusión (y estoy demasiado baja de ánimo para disfrutarlo, pero todo llegará, y será magnífico), lo que falta es más que lo que tenemos, vamos a carreras, perdemos los papeles, no damos abasto; casi un mes sin dormir una noche entera (nunca más de cinco horas); casi un mes sin ganas de comer; mi cuerpo luchando contra una gripe que, como siempre, no pillaré, porque mis defensas llevan armadura y siempre me libro (pero claro, esa lucha me supone pasar dos días afiebrada, con tirones por todo el cuerpo, frío, los huesos de gelatina, algodón en el cerebro y un cansancio indescriptible. Luego todo eso desaparece solo); una muela molestando; el síndrome premenstrual; la luna llena; montones de personas diciéndome lo que debo hacer, cómo debo sentirme, lo malo que eres, que no me merecías, que jugaste conmigo (y yo, mientras, defendiéndote cabreada, qué sabrán ellos, cómo pretenden entender algo que no han vivido, qué les hace pensar que te conocen, que pueden juzgarte, que pueden decirme qué debo sentir por ti o por qué debería estar enfadada contigo. Y sí, claro, lo hacen con la mejor intención, pero a veces me harto de intentar explicarles que no saben nada, que quiero quererte, que quiero guardar los buenos recuerdos y superar esto y seguir siendo parte de tu vida, que he elegido ese camino, que paso de rencores y reproches, que te entiendo aunque no lo entienda, que lo fácil sería el despecho, pero no me da la gana, que me gusta el camino difícil porque soy así de idiota, o de sabia, que prefiero el cariño al odio porque soy así de buena y de estúpida, que pienso seguir queriéndote de la otra manera, aunque me cueste aprenderla, que seré tu amiga y estaré contigo les guste o no, lo comprendan o no, y que me importa un carajo lo que piensen); montones de cosas ridículas que echo de menos (canciones, silencios, esas historias vergonzantes que me confesabas rojo como un tomate y haciéndome morir de risa, bromas que ya eran sólo nuestras, todos los momentos bajo las sábanas, con sus secretos, nuestras filias, nuestro idioma, ya sabes, todo aquello, todo eso que nos pertenece a nosotros dos y a nadie más y que nunca será igual con otros, porque nunca lo es); tantas y tantas cosas juntas...

... que al final se sumaron y se multiplicaron. Y no pude más. Y me desbordé. Y tuve una crisis nerviosa de llanto incontrolable y risa histérica. Sollozos convulsos y carcajadas. Sentada en mi sofá, bajo la solícita y paciente mirada de mi ex, berreando como una cabra, totalmente lunática. Y lo peor es que ni siquiera se te va la olla. Lo peor es que, todo el tiempo, estás pensando: "pero por favor!!! Estoy teniendo un ataque de nervios!! Y no puedo parar!!! Esto es patético!!! Qué vergüenza!!! Socorro!!! Esto no es propio de mí!!!" Y cuanto más lo piensas, más patética te sientes, así que lloras más. Y más ridícula te ves, así que te mondas de risa. Y al final, qué? Al final te sientes como si alguien te hubiera quitado de encima una losa de diez toneladas. Agotada, pero limpia. Eso es lo bueno. La naturaleza sabe lo que se hace. Hasta aquí, bonita. Basta. Eres muy lista, muy fuerte y muy chula. Pero hasta aquí. O lo sueltas tú, o lo suelto yo. Allá vamos. Abrid las escotillas!!! Y vaya que si lo sueltas.

No sé lo que necesitaré mañana. No sé si estaré animada o depre, si te echaré de menos en plan sonrisa dulce o en plan tristeza amarga. No sé si tocará salir, tomar cafés y divertirse, o quedarse en casa sola y tranquila, arropada en la cama, leyendo o barruntando. Es lo que tiene esta fase. Montaña rusa. Imposible saber si dentro de un minuto estarás arriba o abajo. Tampoco importa mucho, es normal. Me voy adaptando a lo que me pide el cuerpo, sean sonrisas o lágrimas. Es lo que toca y tarde o temprano pasará. Y todo será más estable. Qué tocará mañana? Ya veremos. Lo único que sé es que ahora quiero dormir. Los ataques de nervios tienen esas ventajas. Te dejan para el arrastre. Lo mismo esta noche se me funde el cerebro y consigo descansar por primera vez desde nochevieja, sin pensar en nada. Eso sería genial. Eso haría que el episodio histérico hubiera merecido la pena, sin duda. Para que quede claro que me estoy esforzando en ser optimista.

Buenas noches y mil gracias por vuestra paciencia. Hay café. Cuidadme a los Búhos hasta mañana.

5 comentarios:

Corsaria dijo...

Ufff... si habré tenido de esos... gracias por escribirlo tan bien... de este lado del charco estamos con café también. Querés uno?

Besos

Anónimo dijo...

Esteeeeee..... creo que me suena. ¿Recuerdas mi ataque de ansiedad en el Báltico no?.. pues eso.

Pero lo más importante, ya sabes que aquí estamos. No importa si con ataques de nervios, con risas o con cualquier cosa que esa montaña rusa te haga sentir.

Te queremos Len, ya lo sabes.

Un beso

Marechek

Alberich dijo...

Ánimo,amiga.

Rogorn dijo...

Pues yo te apoyo y comprendo en lo de él, porque yo he hecho y haría lo mismo. ¿Todo lo que pasó queda en nada por una decisión? Ni pensarlo. Fue tiempo tuyo, de tu vida, que elegiste pasar como quisiste tú. Eso no es 'nada'.

Bueno, sean unos o sean otros, siempre parece haber alguien ahí para echarte una mano. Aunque al final las batallas las lucha uno solo, tampoco es poca cosa.

Pero caray, que escribir un CV no es para tomárselo así, jaja.

Anónimo dijo...

Cómo me suena esto, y como dice Cor, qué bien lo has descrito. Espero que después consiguieses dormir como un tronco y que hoy haya sido mejor. Besos. Carlota