viernes, 31 de diciembre de 2010

Balance

Para qué liarse con palabras, si ellas supieron cantarlo tan bien?


Feliz Año. Feliz Vida.

viernes, 24 de diciembre de 2010

El manto de Yule


No importa si créeis, en qué creéis, cómo festejáis o qué os inspira. Sólo sentidlo y disfrutad. No olvidéis dar gracias, porque estos días suelen traer algún regalo. Y, los más importantes, no vienen envueltos en papel brillante.

Listo el acebo, las piñas, las velas, los dulces, los deseos, las manzanas, el caldero de cobre y el muérdago. Listos para renacer un año más si los dioses nos dejan.

Feliz Yule.

(Astures del mundo: no me digáis que no es nuestro Busgosu... )

lunes, 20 de diciembre de 2010

Qué os contáis?


Qué os contáis, Güelos, después de tantos años? Después de tantas fatigas, de tantas alegrías? De tantos hijos y tantos momentos? Qué os contáis?
Fijaos en la foto vieja que hay detrás, sobre la repisa. Son ellos, jóvenes, con sus once retoños. Fijaos en las pintas de Güelo. Con el jersey andino que una hija le trajo de algún poblado en alguna selva. El curín. El facha. El santo varón de la eterna sonrisa y el latín siempre dispuesto. El hombre más bueno sobre la faz de la tierra. Fijaos en el porte de Güela. La Reina Madre del Clan. El pelo de plata, la barbilla orgullosa, tan parecida (quizá sin saberlo) a su madre, aquella campesina altiva que no se doblegó ante nada ni ante nadie, a la que jamás vieron verter una lágrima. Tan guapa, tan firme como un árbol. Están viejitos ya, pero están. Estadme mucho.

Esta foto es de mi segunda no-boda (para no haberme casado anda que no ha habido celebraciones, dos a falta de una), con la rama del Pater (ya pondré fotos del evento materno cuando me las envíen. Lo que es yo, no hice ni una. Sí, lo sé, Desastre es mi nombre). Me alegro de haber decidido festejar a mi modo, en familia y sin adornos. Con mis mayores tranquilos, como un domingo cualquiera. Me alegro, sobre todo, por haber logrado desterrar por una tarde esa tristeza resignada que se ha instalado en el alma y los ojos de Mila, esa niebla extraña que ni ella misma logra definir ni comprender, que hace que se encoja de hombros y sonría un: "la edá, fía". Esa pequeña sombra que me pesa un poco por dentro y me recuerda una verdad irrefutable: no siempre tendrás la fortuna de que estén contigo. Has cumplido los 32 y te quedan los cuatro, lúcidos, razonablemente sanos, ejemplares cada cual a su modo. Los primeros eslabones de tu cadena. Tus cuatro raíces, octagenarias, nonagenarias. Da gracias siempre y disfrútalos mientras dure su luz.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

La Circunstancia


Algunas siguen estando, otras han tomado nuevos rumbos. Para bien o para mal. Cuando es para bien no volvemos a verlas (mejor para ellas!!) y cuando es para mal sabes que volverán (peor para nosotras!!)

También las hay nuevas, claro. Caminan despacio, midiendo cada paso, como si aún no se atrevieran a creer que aquí no corren peligro. Sus hijos se encierran en un mutismo triste, no te miran a los ojos y rehuyen el contacto con todo el que no sea mamá. Los observas (a ellas y ellos) sabiendo que poco a poco renacerán de sus cenizas. Y que será digno de ver.

Parece difícil llegar al fondo de una criatura tan lastimada y hermética. Pero dan pistas. Ofrecen mucha información si sabes ver. Sus juegos, su modo de moverse, sus fobias, sus manías, las frases a las que se aferran, sus fantasías. Las primeras veces te sobrecoge, te inquieta. Luego aprendes a traducir esas supuestas vocecitas que oye una niña, el pavor a los ojos que brillan en la oscuridad, por qué aquel choca intencionadamente con las cosas o se deja caer al suelo, los dibujos en los que mamá está a salvo en lo alto de la torre, o lleva un casco que la protege, o papá es un gigante malencarado al que hay que meter en una jaula, a veces con las manos bien atadas.

Están las adictas al teléfono, las que siempre llaman pero no actúan. Esas que se lamentan, te culpan de no ayudarlas, de no salvarlas, pero ni quieren denunciar, ni escapar, ni romper, ni renunciar a ellos. Están también las vividoras, que mienten compulsivamente, que te enredan con lo que quieres oír pero se delatan al preguntarte si podrán salir de noche para ver a algún "amigo". Están las que quieren fonda, mesa puesta y una pensión del estado, no tienen el menor inconveniente en autolesionarse para ello o inventar cargos que no existen. Están las de siempre, en definitiva. Veteranas o novatas, de una especie o de otra, pero están todas.

Y está el gremio. Las compañeras. Con sus filias, sus militancias, sus esquemas propios. Está el sistema, desubicado y no pocas veces absurdo. Contaminado. Anclado en curiosos baremos. Demasiado blando ante la madre negligente (cuántas denuncias hemos puesto a las zorras que desaparecen con sus bebés fines de semana enteros, para retirarlas rápidamente a su regreso, aunque el crío venga famélico y cubierto de roña y piojos?) y demasiado fundamentalista en puntos que no alcanzo a comprender. Una chica joven logró romper por su cuenta una situación aberrante con su novio. Tiempo después, se enamoró de una mujer. Lamentablemente, la nueva pareja empezó pronto a extralimitarse en su "amor". Albricias, pensé. Veamos cómo se enfoca este asunto. Os diré cómo se enfoca. "La demandante refiere estar viviendo una relación con una mujer que mantiene conductas de hombre maltratador". Sí, habéis leído bien. Porque una tipa nunca maltrata. Como mucho, mantiene conductas de hombre. De hombre malo. Se va a intervenir con esta chica. Pero en base al maltrato que sufrió en el pasado. Porque el caso actual, al parecer, es irrelevante.

Tenemos a un crío expulsado varios días del colegio. Al parecer golpeó en el recreo a una compañera menor que él. Hablamos de niños de diez y ocho años. Un empujón violento (y con toda la intención) que provocó contusiones leves en la peque. Me parece bien que se le llame al orden. Sin duda. Me parece bien que se le discipline por sus modos violentos y hasta por abusar de alguien menos fuerte que no podía defenderse. Lo que me deja boquiabierta es que el expediente añada "la circunstancia de género" como agravante. Circunstancia de género. En niños de primaria. Ajá. Demos por sentado que un niño ya sabe lo que es la circunstancia de género, que cuando pega a una niña lo hace por cuestión de sexo (y no por un balón de plástico, motivo por el cual habría pegado también a un varón), que es un maltratador en potencia. Que se le puede hacer responsable de algo que ni entiende. A nadie se le ha ocurrido que quizá pega a las niñas porque para él son iguales que los niños, y, por tanto, arreables. Que el problema es, sin más, pegar. A quien sea. Y tampoco se les ha ocurrido a estos ilustres pedagogos que, en todo caso, al tratarse de un niño que ha sufrido violencia siempre y ha crecido viendo cómo su madre es golpeada por todos los hombres que se le acercan, tal vez no deba considerarse agravante, sino todo lo contrario.

Hace años me hice el propósito de marcar en el calendario el primer día que lograra no ver en la tele una violación, un asesinato, una bofetada o un zarandeo recibido por una mujer. El primer día que no tuviera que oír un "zorra" o un "puta". Ni la ficción del cine ni la gris realidad del telediario me han dejado, por el momento, estrenar el rotulador. Ahora llegan los Reyes, con sus rosas, sus azules y sus etiquetas bien precisas. En medio de todo esto, que alguien me explique cómo un crío va a entender la circunstancia de género. Qué circunstancia? Cuál de ellas?

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Lo que entendí de "Origen"


Atención: en esta entrada se revelan datos importantísimos de la susodicha peli del DiCaprio. Si no la has visto aún (y pretendes tal osadía), no leas lo que viene a continuación. El que avisa no es traidor!

Esto es el rubio del Titanic que se va con sus amigos de excursión a la cabeza un chino. Tienen que robarle los papeles del coche, o no sé qué. Lo malo es que aparece la difunta del rubio y empieza a liarla parda. Y es que resulta que tiempo atrás al rubio y su señora les dio por dormirse una siesta de cincuenta años (mucho sueño pa un adulto) imaginándose un paraíso fiscal-inmobiliario donde no tendrían que enfrentarse a la terrible duda de si vivir en un ático o en un adosao. Iba todo muy bien, y hasta procrearon, pero al final el rubio se aburría y le hizo trampas a su mujer con una peonza trucada. Así que decidieron volver al mundo real tirándose al tren (que se ve que en los mundos de yupy no había estanquera).

O sea, que vuelven. El nota está descansadísimo (normal), pero ella sigue rucada con el asunto de la peonza, y le da el siroco de que hay que volver a Marina D´Or. Como hay huelga de pilotos de Iberia, le parece que lo mejor es tirarse por la ventana, y se agarra un rebote del quince porque al descastao de su marido no le apetece tirarse con ella. Si es que... ya no quedan románticos. A todo esto la policía se cree que ha sido el rubio el que ha defenestrao a la parienta, porque la habitación de hotel está un pelín escomorroñada. A nadie le extraña que la tipa se tirara del edificio de enfrente. Detalles. Si un marido se empeña en defenestrar, defenestra. Igual con hipnosis...

Claro, la suegra no le puede ni ver. El suegro es más majete, pero sospecha que el rubio anda más pallá que pacá. Así que no le dejan ver a los críos, que, total, siempre están de espaldas. Por fin, al rubio, los colegas y el chino se les ocurre hacerse un tour por la cabeza de un pollo pera, a ver si le lían pa que joda la empresa de su padre maluto. Montan un equipo mu pofesional. Hay un transformer que lo mismo es un viejuno que una Barbie Malibú, un camello moruno que les hace de chófer y los tiene tol día endrogaos perdidos y una niñata de 13 años que debe ser superdotada, porque es arquitecta y la leche de lista. A partir de ese momento se producen unos diálogos escalofriantes del tipo:

- Si logramos concatenar el campo cósmico gravitacional con una ensalada de champiñones, accederemos al séptimo nivel de las meninges del fulano.
- Y qué hacemos pa que los zombies del subconsciente onírico no nos tiren de los pelos?
- Nada, tú les dices "dos más dos" y se quedan lelos.
- Cómo salimos luego del cacao mental del pijo este?
- Viene el moro y nos mete una patada.
- En serio?
- No, en realidad nos pone a to meter el "Rien de Rien".
- Entendido.

Tú qué vas a entender, cretina? Hace dos días estabas diseñando hoteles y en cinco minutos entiendes esta chufa, que no la entiende ni el fumao que la escribió?

Después te pierdes un poco (más). Por lo visto el inconsciente de uno está lleno de marines que van en motos de nieve (yo me niego a tener a esa gentuza dentro de la mollera), si sueñas mucho acabas levitando, también hay seguratas que te persiguen porque no quieren que entres en su mente sin corbata y además hay una furgo que tarda como hora y media en caerse al río. Por suerte todo termina bien, porque el niño de papá encuentra en la caja fuerte un molinillo de papel (que eso es lo que él quería y no acciones de bolsa), la tipa oligofrénica deja de dar por saco y los niños del rubio se dan la vuelta de una perra vez. Y todo es la leche de bonico, salvo por la peonza, que no se cae ni patrás.

Fin. (Por cierto, la cosa deja secuelas. Tras ver la pinícula soñé con Susan Sarandon interpretando un musical de Alicia en el país de las maravillas. No digo más).

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Cenicientas


Hay ciertas etiquetas y roles contra los que se puede luchar. Pero hay que querer. Hay que tener claro que vas a oír hasta aburrirte lo rara que eres, lo pasota, lo chula, lo marimacho incluso. Que eres menos mujer que otras. Vas a cabrear a no pocos tíos (los hay que se indignan cuando una tía piensa, no te digo nada cuando se niega a hacerles de madre/enfermera/secretaria y los saca de una coz de ese egocentrismo infantil tipo "soy el rey del universo porque me lo dijo mi mamá") y seguramente a más tías. Te van a soltar muchas veces esos impagables clásicos tipo: "cuando seas madre ya me lo dirás, lo que pasa es que tú has tenido suerte con tu novio, eso es muy fácil decirlo pero a la hora de la verdad". Es curioso, porque dichos mantras los repiten las que más dicen sufrir. A lo mejor es que necesitan convencerse de que vale la pena. A lo mejor necesitan creerlo, o les hace falta una excusa para no perder los papeles (femeninos) y mandarlo todo al cuerno. No lo sé.

El caso es que pasamos el fin de semana entre parejas de moteros, y yo sabía muy bien cómo iban a discurrir las cosas. Pase que no contaba con el berrinche de un cuarentón al comprobar que una de las invitadas no quería acostarse con él (lo admito, no fui capaz de imaginar algo tan surrelista), pero todo lo demás lo tenía claro. Los tíos se dedicarían a ver la tele, hacer el burro y beber, mientras las tías ponían y quitaban la mesa, cocinaban, fregaban platos, limpiaban, hacían camas y demás lúdicas actividades. Y qué haces? Te apoltronas con ellos y dejas todo el curro a las otras? Montas un cristo? Tragas? Al fin y al cabo, no estás en tu casa. Y, dentro de lo malo, es un alivio descubrir que tu pareja no se cavernicoliza al contacto con ciertos especímenes. Siempre es el único que hace algo. Cortar leña, encender la chimenea y la cocina de carbón, pelar patatas, hinchar colchonetas, lo que toque. Y, por supuesto, escanciar sidra para el sufrido y atareado bello sexo. Por lo visto, para el resto del mundo las cosas cambian poco.

Tras un par de horas en la cocina, una de las chicas pronuncia las palabras mágicas: "a comer!!" y un rebaño de cernícalos baja en tropel las escaleras (menos el Trasto, que estaba terminando de colocar fuentes y bandejas). Ya me calienta el rebuzno de uno de los machos: "joder, toda la mañana cocinando y sólo hacéis una tortilla??" Tiro de mi mejor sonrisa para espetarle (con cariño y respeto): "Si quieres más tortillas la cosa es fácil. Levanta esos huevazos de la silla y haz las que te dé la gana". Risitas, cachondeo, sonrojos y el impepinable "mujer, cómo te pones, era broma". Nos esperaron para empezar a comer? No. Para qué? Por qué? Hago notar el (feo) detalle a mis compañeras y una de ellas suspira: "bueno, pobres..." Y ahí exploto. "Pero me cago en mi vida! Pobres qué? Que se han tirao tol día arando, o qué coño pasa???" No puedo con esto, simplemente.

La suspirosa en cuestión (que ha estado 24 horas en tensión constante, preguntando a cada tío qué quiere o qué necesita, ahuecando cojines, sirviendo cacharros, corriendo de un lado a otro para satisfacer cada antojito y faltándole sólo amamantarles y limpiarles el culo) se me queda ojiplática perdida. "Jolines! Tú eres de las tremendas!", me dice la criatura. Atención: de las tremendas. Luego se me arrima en plan confidencial y suelta muy bajito, para que nadie la oiga: "si es que tienes razón". Acto seguido, sale disparada al comedor y pregunta a los muchachos: "entonces queréis que haga otra tortilla o no hace falta?" Y yo me rindo.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

91


- Dígame.
- A ver... creo que alguien por ahí cumple una jartá de años...
- (Risa socarrona) Oye... cuál de ellas eres? (Se refiere a cuál de las 21 mujeres de su vida)
- La más vieja de las pequeñas.
- Hombre! Hola, mi cielo! Qué tal estáis?
- Muy bien, güelito, muy bien.
- Me alegro, me alegro. La jefa?
- Bien, bien, como siempre.
- El jefe?
- De viaje, creo. Ya sabes, pacá y pallá.
- Ya, ya, como siempre. El pollo? (Mi hermano)
- Currando, que no es poco!
- Bueno, bueno, eso está bien. Tu moreno?
- Sigue de baja, así que echándole cuento.
- Pero está bien, no?
- Sí, sí, perfecto. Esperando, ya sabes.
- Bueno, qué remedio. Estando bien...
- Qué tal vosotros?
- Bien, gracias a Dios.
- Qué se siente?
- Pues fíjate, justo acabo de nacer ahora. Madre siempre contaba que salí más o menos a medio día.
- Míralo que listo, a la hora de comer!
- (Risas) Bueno... mucho de comer no había, pero algo me tocó. Si no no estaría aquí, verdad?
- Eso seguro. Se nota alguna diferencia?
- Bah, no creas. Me puedo sentar y me puedo levantar luego, o sea, que pa esta edad estoy divinamente. (Risas)
- Anda, anda... algo más harás que no nos cuentas.
- Ya sabes que no tengo ningún secreto. Sigo de corredor de bolsa.
- Mande??
- Eso. De corredor de bolsa. Haciendo los recaos.
(Más risas)
- Qué tal la Doña?
- Aquí la tengo. Te la paso.
(...)
- Bueno, mi cielo, un millón de gracias por llamar.
- Sólo faltaba! A ver si pasamos un día con un bizcocho rico, echamos la parrafada y fumamos unos porros (cigarros).
- Cuando queráis. Ya sabes que esta es vuestra casa.
- Vale, güelito. Un beso!
- Un beso, mi sol. A ser feliz.

Contigo cerca, seguro. Qué suerte tenerte. Qué lujo.

martes, 9 de noviembre de 2010

Tantos gilipollas...


... y tan pocas balas. Joder. Hay gente a quien se la suda todo. Especialmente el resto del mundo. No sé si porque son unos cabrones sin civilizar o porque son unos imbéciles sin civilizar. Dudo. Mezquindad o estupidez. La gente molesta y mucho. Lo que no tengo claro es si detrás de ese tocamiento de pelotas hay un insolidario "que les den" o un boquiabierto "ay, no me había dado cuenta". Pero coño... es que tienen que ser muy subnormales pa no darse cuenta de lo evidente. Ejemplos:

Si yo llego a casa a las dos de la mañana y me pongo a charlar con mi pareja sobre los aconteceres del día en el mismo tono que usaría a las tres de la tarde... cómo es posible que no sea consciente de que estoy dando pol culo a medio edificio??? Cómo puede haber personas tan hijas de perra o tan zopencas??? Tan incívicas o tan asnas??? Pase que seais unos voceras (de mierda) y os dediqués durante todo el día a hacernos partícipes de vuestra vida (de mierda), pero nunca habéis notado que en plena noche el ruido molesta? En serio?? Nunca os ha despertado una cisterna, un taconeo inoportuno, un ataque de tos del viejito del cuarto, el llanto de un crío o la puñetera vespino del escape reventao calle arriba? Qué suerte la vuestra.

Mis vecinos son de traca. Si no los sufriera no me los creería. La pareja de carcas con la que comparto rellano, para empezar. Señor Cizañas y Doña Rutina. Cada maldito día hacen exactamente lo mismo, con puntualidad milimétrica. El circo amanece a las ocho. Cada uno desde un baño, a grito pelado, ponen a parir a los compañeros de curro, la gente del barrio, familia, amistades y universo en general. Mientras curran es la paz absoluta, claro. Cuando llegan, el terror. Se hablan todo el rato. No se puede decir que a esta pareja les haga falta diálogo, la verdad. Claro, nunca discuten. Ya tienen bastante con poner verdes a los demás. La zorra esa, el gilipollas aquel, la payasa de Fulana, el enterao de Zutano... Debe ser triste ser tan listo, tan profesional, tan guapo, tan perfecto... en un mundo de lerdos. Mientras ella pasa el aspirador, hablan. Mientras él está sentado en el trono, hablan. Se desgañitan hablando. Los viernes, sin falta, cenan fuera. Vuelven a la una y media o dos, siempre. Se duchan por turnos y hablan. Calculad los berridos que hay que pegar para entender lo que el otro te dice desde fuera cuando tú estás bajo el grifo. Si no salen, te deleitan con su dolbisurraun a toda leche, y juro por dios que nos tiembla la pared del salón. Teniendo en cuenta que está el pasillo de la escalera en medio... calculad otra vez.

Los de arriba. Estos no hablan, estos se pelean. Pasan la vida con el "imbécil" y el "histérica" en la boca. Lo que no les ha impedido reproducirse, trayendo al mundo a un monstruo insoportable, como no podía ser menos. Porque una cosa está clara: si hay gente perfectamente normal que se vuelve mema al engendrar... imaginaos cómo de memos se vuelven los que ya eran memos. Estos dos tuvieron la genial idea de subir al neno en un tacataca de esos (además de idiota, patizambo os va a quedar) y tenerlo corriendo veinte horas diarias por el piso. Supongo que así no les molesta. A ellos. Un aciago día, el pequeño piojo descubrió lo tronchante que resultaba jugar al trenecito empujando sillas. Y hasta hoy. Llevamos como seis meses tragando bilis ante el festival de arrastrones. Preguntándonos cómo es posible que ni el esmirriao ni la vacaburra sean conscientes de tal estruendo. Va a ser cierto que algunos padres, además de idiotas, se vuelven sordos. Sus cascajos nunca les molestan, ergo es imposible que molesten a nadie.

Hoy me ha dado un ataque. He subido (cosa que debí hacer tiempo atrás) y, esgrimiendo mi mejor sonrisa (lo último que quiero es una guerra abierta entre vecinos, aunque, creedme, sois demasiado gilipollas y yo muy zorra, tenéis las de perder), les he hecho notar que, desde abajo, el ruido molesta. Y tal. La vacaburra ni se ha levantado del sofá, pero el esmirriao se ha puesto de todos los colores, deshaciéndose en disculpas. A ver lo que dura la cosa. De verdad, no me lo explico. En mi casa se hablaba en susurros en cuanto oscurecía. Entrenábamos el oído (muy sano, por cierto) con la tele al mínimo. Mi padre era intransigente con eso. Podía pegarte la bronca del siglo en mímica. Nos educaron de modo que se nos cayera la cara de vergüenza ante la perspectiva de molestar. Supongo que el hecho de que el viejo se criara en un piso habitado por trece personas (once de las cuales eran chiquillos y con unos padres exquisitos) le metió en la cabeza ciertas manías que luego nos transmitió. A día de hoy sigo caminando de puntillas cuando llego tarde a casa. Piso con medio pie fuera de los escalones. De puro cívica un día me mato. Pero, por lo visto, hay peña que nació en una cuadra. Y mira tú por donde, están todos en mi portal.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Los abuelos del mío


Samuel no conserva demasiados recuerdos de su infancia. Al menos hasta que quedó huérfano a los 11 años y tuvo que empezar a ganarse la vida. Tampoco sobre eso nos había contado gran cosa. Ahora, quizá por la edad, empieza a agrietarse su coraza de hombre huraño y van saliendo a la luz lo que para él son pequeñas historias, y, para mí, hilos de Ariadna que tejen el tapiz de los míos. De mí misma. Que me hacen entender muchas cosas, muchas razones. Y consiguen que el amor y respeto hacia los míos se vuelva más devoto (si cabe) al conocer sus grandezas y miserias.

Una de las primeras escenas que guarda en la memoria, le sitúan jugando en el patio de su casa, y viendo acercarse a un hombre joven del pueblo, que le saluda con gesto grave.

- Ánde para to ma? (Dónde está tu madre?)
- N´a casa.
- Y to pa? (Y tu padre?)
- N´a tená. (En la tenada. En el pajar).

El recién llegado se dirige a esta última sin dudar. Samuel le mira mientras interrumpe la faena de su padre, mientras los hombres se saludan y murmuran en voz baja. Y supone que algo malo ha pasado. Después, Silvino, el padre, cruza el patio, le acaricia distraídamente la cabeza y entra en casa. Su siguiente recuerdo es el llanto de Amparo, su madre. Más tarde, ritos de muerte, rezos y velatorio. Los rosarios de las mujeres, los corrillos de los hombres. Quedaba una mina por ahí enterrada. Una de tantas, vestigio de la guerra no tan lejana. Metida justo debajo de la portilla. El paisano fue a cerrar y la tocó con el canto de la puerta. O igual la pisó, a saber. Cuánto llevaría allí, la muy hija de Satanás? Y fue a explotar a estas alturas. Mala suerte.

La historia de la muerte de su abuelo es algo que el mío no ha olvidado. El otro, el paterno, naufragó en el Atlántico volviendo de Argentina, en un barco que ni con las magias modernas logramos rastrear. Lo que Samuel no consigue es recordar sus nombres. A uno porque no le conoció. A otro porque murió siendo él niño. Y morirse era cosa de todos los días, y aquellas historias no volvían a contarse porque no tenían interés. Además, y aunque él no lo imaginara entonces, sus propios padres perderían la vida muy pronto con tres meses de diferencia, echándolo al mundo, sin más infancia, ni más juegos, ni tiempo para rememorar estampas. Yo, que no sé qué es el hambre, ni la miseria, tengo tiempo de sobra. Lástima que me falten los datos. Pero, aun sin ellos, lo contaré. Es un conjuro estúpido contra el olvido, pero me consuela. Me gusta creer (qué ingenuidad) que, incluso sin nombres y sin fechas, cuando evoco a mis ancestros les quito un poco de muerte.

domingo, 24 de octubre de 2010

Locuras??


Algunos relatos breves escritos por personas diagnosticadas de diversos trastornos mentales. Extraídos de Saltando Muros (blog de salud mental de Tenerife). No sé qué pensaréis vosotros, a mí me ha dejado pasmada semejante despliegue de creatividad y talento. Así que tenía que compartirlo.


PERSPECTIVA
"El pequeño pez estaba seguro de que el niño que lo miraba detrás del vidrio, estaba cautivo."

PARADOJA
"Allí está la botella de vino de la que te hablé. Cuando mi abuelo pisó la uva con la que se fabricó, jamás imaginó que su nieto no podría comprarla."

AVISO
"Estimados clientes, he salido un momento a pedir la mano de Rosaura, la hija del sastre. Llevo demasiado tiempo solo. Si acepta, huiremos juntos de la ciudad, nos casaremos en la primera iglesia que encontremos en el camino, y tendremos dos hijos. Al mayor lo llamaremos Anselmo, por mi abuelo. De lo contrario, volveré en cinco minutos. Gracias y disculpen las molestias."

NO TENGO TIEMPO
"No tengo tiempo. Ni lámpara. Mis cuentos los escribo a la luz del relámpago."

MEJOR ASÍ
"Acababa de nacer, lo cual, y dadas las circunstancias, no le hacía ninguna gracia. Por la noche, mientras todos dormían, trepó desde la cuna y volvió a meterse en la barriga de la que había salido. Todo fue marcha atrás durante una temporada.
Transcurridos nueve meses, su padre le dijo a su madre:
¿Tomamos la última copa en mi casa?
Y esta vez, ella le contesto:
No, gracias. Nunca le había gustado aquel tipo".

VINOTERAPIA
"Él llamó a su puerta, con una botella en su mano derecha y un beso en su mano izquierda. Y a ella le huyeron todas sus tragedias".

DECLARACIÓN
"Se me paró el corazón,
en el latido que tú querías ".
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Por asombroso que os resulte, me he quedado sin palabras.

martes, 19 de octubre de 2010

Me pican los dedos



Por qué me pasará esto siempre? Cuando se me acumulan los meses de inactividad, sin trabajo, sin nada especial que hacer, el cerebro se me queda en blanco nuclear (nu-ce-lar... se dice nu-ce-lar). En cuanto me lío cual pata de centurión (oposiciones, curro, pareja, obras en casa de La Mamma... lo que sea) empieza esta sensación tan familiar de hormigueo. Constantemente me asaltan las historias, los nombres, las caras, las escenas, las palabras, los hilos... Intento retener todo ese caos en mi memoria, o tomar crípticas notas en cuadernos que luego desperdigo por la casa u olvido en cualquier cajón. Me sorprendo recreando diálogos en el bus, avistando argumentos en medio de clase, bailando cuentos en la cola del súper. Es un ronroneo incansable en mi cabeza. Flashes, fogonazos, fragmentos, trocitos. Aparecen sin más y luego salen volando. Casi siempre dejan poso, por suerte. Resoplo. Por qué siempre cuando me faltan horas? Por qué en los descansos me vence la hoja vacía y no hay nada que contar? Será que la poca actividad nos arrastra en su letargo? Será que, a más quehacer, la mente lucha e inventa lo que sea para escapar? Por qué me pasará esto siempre?

miércoles, 13 de octubre de 2010

Cuestión de confianza


Lo contaba ya hace tiempo por aquí, y, en realidad, cuántas veces lo habremos comentado? El caso es que esto de la edad del pavo es una cosa dificilísima. Para quien la sufre en primera persona y para quienes campan cerca. El año pasado la polémica giraba en torno a si la prima del Trasto (14 años recién cumplidos) podía o no salir en Nochevieja con sus amiguitas (ya sabéis, las que se habían comprado vestidos de noche y tenían hora en la peluquería, las que jugaban a Bratz de carne y hueso entre los aplausos de sus mamás). El resultado fue de minipunto para el equipo de los carceleros (o sea, los padres). La niña no salió.

Pero sale otras muchas veces. No hasta tarde (salvo que sean las fiestas del pueblo, esas que a todos nos dieron excusas y alegrías), pero sale. Obviamente ella se siente prisionera, acosada, incomprendida, sentenciada a muerte y condenada a perderse los mejores años de su vida de la manera más injusta. Porque, como bien explica, quien a su edad no sale, es un friki. Si empiezas a salir por las noches demasiado tarde (esto es, a los 16, por ejemplo), todo el mundo se reirá de ti. Y, naturalmente, habrás desperdiciado siglos de esa felicidad a la que tienes todo el derecho (digan lo que digan los carrozas) y que, como cualquiera alcanza a comprender, consiste en vestirte de mamarrach@ (tirantes en enero y esas cosas), beber como poses@, vomitar por las esquinas, chillar mucho, darse el lote y probar sustancias variopintas si se tercia. Eso. Exclusivamente. Cada finde. Sin falta.

De verdad que la entiendo. Aunque mis 14 hayan quedado en el pleistoceno, aunque por entonces la lucha empezaba más tarde y no se te ocurría plantear según qué cosas (cómo se te iba a ocurrir, si nadie de tu edad las hacía), aunque la finalidad real era bailar y darse el lote (porque con mil pelas, descontando el bus, la entrada a la discoteca y el paquete tabaco a medias, pocas sustancias ibas a probar aparte de las pipas), la guerra era parecida. Y el sentimiento de encierro y opresión, idéntico. Las ganas de volar, exactas. Sí, mi batalla campal empezó a los 18 (por mi lado el argumento potente de "soy mayordedáaaaa" y por el de La Mamma el no menos aplastante de "mientras vivas bajo mi techooooo..."), pero el ansia de hacer el chorras venía de muy atrás. Como un sueño lejano, sí, pero ya estaba.

Ahora que tengo 32 no comprendo el interés que pueda tener maquearse como una diva del pop para ir a pasar frío sentada en un parque mugriento, rodeada de mierda (es curioso lo poco que encaja el look con el escenario!) para amorrarte a una botella de garrafón y al último amor de tu vida. Pero comprendo que en esencia es lo mismito que suponía para mi pintarse el ojo, estrenar una camiseta ajustada (oh-my-god, lo zorrones que éramos, eeeeeh?), liarse a pegar saltos en una gogotera, hacer poses con un cigarro sin que se te notara el mareo y desaparecer con algún galán escuchimizao en los churretosos reservados. Pitillos en lugar de farla, sí, y un cacharro (con suerte) en lugar de doce. 16 años en lugar de 13. En casa a las 22,00 en lugar de a las 5,00. Y, aún así, parecido.

Pero sí creo que en algunas cosas os equivocáis, primos. No dudéis que para ella es una tragedia. No pretendáis que vea y entienda cuánto os lo agradecerá el milenio que viene. No os empeñéis en que tenga 30 años, porque tiene 14 largos. No cometáis la hipocresía de negar que vosotros sentíais lo mismo entonces. No os tapéis los ojos, ni las orejas. No os neguéis a escuchar lo que os cuenta. No le reclaméis la verdad para luego castigarla cuando os la confiesa. No la condenéis a ella por las hazañas de "sus compañías". No os quedéis sólo con lo que os espanta. Agradeced y fomentad el hecho de que vuestra hija adolescente no sólo os vea como al enemigo sino que, de motu propio, se siente a vuestro lado y os narre con los ojos redondos de pasmo cómo su amiga (dos años mayor) dijo en casa que se iba de finde con una compañera al pueblo de al lado y se largó a Madrid con un tipo al que conoció por internet. Valorad esa confianza, porque es muy fácil perderla. Porque con ella se abren montones de puertas, si sabéis manejarla. Y porque, si yo fuera madre, contaría con trastadas, errores, mentiras y secretos, pero por encima de todo desearía la paz mental de saber a ciencia cierta que, ante según qué situaciones, mi adolescente agarrara un teléfono sin dudar para decirme: "mamá, te necesito ahora mismo!!"

lunes, 11 de octubre de 2010

La tribu golfea


Definitivamente, estamos mayores. Mucho. Hace nada un día de moto se pasaba con la gorra y sin mayores consecuencias. Ahora las secuelas nos duran días. No me queda más remedio que admitirlo: me van quedando dos telediarios de vida asfaltera. Aunque no me guste la idea, es así. La espalda me canta el miserere desde los primeros kilómetros, se me duermen los brazos o el cuello me mata. Ya no soy la que era. Normalmente me resigno a quedarme en casa para que el Trasto pueda golfear a su ritmo (aunque él tampoco puede negar que vuelve hecho una piltrafa humana!) Hay días que me resisto a la rendición, como ayer. Esos días en los que se sale "con paquete" y todos juran que iremos "de tranquis". Ja. Al menos hemos acordado un protocolo: la ida por carretera y la vuelta por (auto)pista. Así, al menos, recupero un poco.

Obviamente, lo bonito son las secundarias: menos tráfico, curvas, aventura. Pero quién resiste unas vértebras agonizantes con ese festival de acelerones y frenazos? La autopista es lo que es: recta y aburrida. La ventaja es que incluso una ruina como yo puede aguantarla. Posición de tortuga y a tirar millas. Como si queréis ir hasta Moscú. Y sí, vale, lo reconozco, permite unas velocidades digamos más... interesantes. (No, Rubia, no preguntes, que luego nos pegas la bronca y encima sufres. Además, por aquí no puedo decirlo, nos meterían en la cárcel!!)

En fin, que sí, que fuimos a la cita anual de Colombres. Que vimos auténticas reliquias, comimos bocatas y la liamos, como siempre. Que todo dios se saltó las consignas y aquello fue el desmadre habitual: unos por aquí, otros por allá, tres esperando en una rotonda, dos más echando gasofa, uno gripao, móviles vibrando en las mochilas, dónde coño estais, panda zamarros, pero no íbamos por la vieja, la burra hace ruidos raros, la madre que me parió, si llevo una hora esperándoos en casa, matao, deficiente, venís o qué. Me encantó volver allí tres años después (jo-dó, tres años ya), al sitio donde pasamos juntos nuestra primera tarde (aunque yo iba con mi rollo y tú con tu novia) perdidos del resto y tirándonos de risa por el suelo. Anda que... si nos llegan a decir... Espero que nos dure y nos aguante el cuerpo, Trasto. Con moto o sin ella. Con moto mejor, sin duda. Pero que nos quiten lo rodao.

P.D: Sí, eso que adelantamos en la rotonda aquella era una furgo con el logo de los cazafantasmas. Palabrita.

martes, 5 de octubre de 2010

Aquí una repipi


No me queda más remedio que confesarlo, visto lo visto. Y es que, a veces, en los psicotécnicos de la academia (ya sabéis: opositando que es gerundio) aparecen preguntas de cultura general. La profe nos recomienda no hacerles demasiado caso, ya que en principio no nos entrarían en el examen. Personalmente opino que es una lástima, ya que considero más fácil recordar la capital de Rumanía que cómo resolver una raíz cuadrada, pero en fin. El caso es que mis compañeros (todos) opinan lo contrario, y respiran aliviados al saber que no deberán someter sus neuronas a tamaña tortura.

Porque, como bien señalan ellos: quién se sabe estas cosas? Hombre, por favor. El Vístula, el Vístula... qué cuernos es el Vístula? Y cómo va a recordar nadie quién escribió lo de Fuenteovejuna? Neptuno??? Que es el dios de qué? Venga ya, pero eso es dificilísimo! Que dónde están los Apeninos?? Estarán de broma, estos del tribunal! Renoir, Renoir, no lo he oído en mi vida! El qué??? El Adriático???? Pero cómo vamos a saber cuál era la moneda de Grecia?? Un cefalópodo, dicen. Eso lo sabrá un biólogo, pero una persona normal... cómo va a saber lo que es un cefalópodo???? Vamos, anda, esas cosas sólo se las saben los repipis de "Saber y ganar"!!!

Y allí estaba yo, achicándome en el asiento a velocidades supersónicas. Sintiéndome Lisa Simpson por momentos. Yo, que tampoco es que fuera la empollona de la clase, que iba tirando a sufis y bienes, con algún sobre en inglés y más de un cate en física. Volví a casa ojiplática y patidifusa. Hola, cariño. Muá, muá. Qué tal la mañana? Psché. Oye, a ti te suena de algo el Vístula? Eso es un río, no? De Polonia o de por ahí, creo. Sí, amor, justamente. Ya ves, tú que siempre dices que eres tan burro. Y resulta que eres otro repipi. Eh, ojo, y eso que eres una persona normal, y no un biólogo!!!

sábado, 2 de octubre de 2010

Rastreando al Capitán



En realidad ya me lo había imaginado, pero es peor comprobarlo. Esto de la interné es terrible. En todos los sentidos. Lo mismo te sirve pa encontrar tu reflejo en las antípodas que para resucitar aquella peli que te hechizó en la niñez, echarte unas risas con un completo desconocido, descubrirte empatizando con un alias o fisgonear a qué tipo de gente le interesa lo mismo que a ti. Y eso he hecho, porque la ociosidad... ya se sabe. El comando a buscar era simple "Alatriste". La virgen. Quién me mandará mirar. La buena noticia es que sí, claro, han salido montones de personas que parecen normales. La mala (la horripilante) es que también han salido unos cuantos engendros pelopúnticos. Auténticas reliquias vivas (y coleantes, eso es lo tremendo) que tienen como lemas vitales en este escaparate virtual cosas del tipo: "por Dios y por España", "defensor de la verdadera fe", "defensor de la verdadera España", "jóvenes pro-vida", "cruzada nacional", "el que está harto de los rojos", "antimasónico", "la España de Franco", "moros en Europa", "unidos por el fascio", "plus ultra nacional"...

QUÉ-MIEDO. Pofavó. Pesadillas voy a tener. No es que sean muchos. Es, sencillamente, que son. Y jovencitos, ojo. Y, lo peor: están organizados!!!! Pero no, no quiero pensarlo ahora (como Escarlata, ya lo pensaré mañana). Me quedo con la parte divertida. "Alatriste" también tiene múltiples fans en Países Bajos, por ejemplo. Y unos cuantos cuyos nombres revelan un indudable origen árabe. Más de un nostálgico sufriría un infarto de saberlo. Os aseguro que, para alguna gente "aquellos maravillosos años" no tienen nada que ver con cierta serie sobre un criajo pelín pupas que todos vimos. Lo fascinante del asunto es que la mayoría de quienes suspiran por tales pasados ni habían nacido entonces. O apenas. Debo suponer que lo que les despierta tal morriña es evocar la edad feliz en la que mamá les daba la teta y les limpiaba el culo. Y es que no se puede negar. Qué tiempos!

Tendré que renegar de Diego???

jueves, 30 de septiembre de 2010

Ilustres moscones


Relajémonos tras tantas emociones. La entrada de Juan sobre lemas camiseteros me ha recordado algunas de las más penosas frases que algunos interfectos usan para ligar. Mi pregunta es la siguiente: les sirven alguna vez?? Haré memoria, a ver qué sale.

Situación: Un grupo de amigas se toma una copa charlando en un bar.
La Frase: Hola, chicas, qué hacéis tan solitas?

Campeón, somos catorce. Te parece que estamos solas? Supongo que ciertos tíos consideran que los seres sin pene no son tales, así que no cuentan.

Situación: Se te acerca el donjuan de turno y te tira los trastos. Cortésmente le dices que tienes pareja, para que no pierda el tiempo.
La Frase (opción 1): No importa, no soy celoso.
La Frase (opción 2): Y cómo es que ese novio tuyo te deja salir solita?

A ver, chato. Qué te hace pensar que me importa lo más mínimo si eres o no celoso? Qué te hace pensar que en la ecuación "mi novio y yo" tiene la menor relevancia lo que opines tú? No existes en ese binomio. Es más, no existes. Que te pires.
Respecto a la segunda "perla"... pues ya ves. Me deja salir sola si se lo pido amablemente. A veces, incluso, me deja ir solita al baño. Y, no te lo pierdas, por mi cumple hasta me permite elegir el color de mis bragas. Para que veas que salgo con un chico tope guay.
Y bueno, en realidad lo más probable es que ni siquiera tenga novio. Lo malo es que con él o sin él, las ganas que siento de acostarme contigo son nulas. Sólo intentaba ser amable, pero tú ándate jugando. Verás qué risa.

Situación: Charlas con tu gente y se te arrima el guaperas. Con irresistible encanto (o lo que él cree que es tal) te dedica una sonrisa profidén (de esas de "tranquila, nena, sé que ni en tus mejores sueños podías imaginar que este día llegaría, pero intenta no desmayarte aún") y una mirada de esas de follatrón de gimnasio.
La Frase: Hey, nena. Saben en el cielo que se les ha perdido un ángel?

Genial. El poeta de la superpop. Tío, te confundes. Tú no me has visto bien. Has bebido. Mucho. Se te han caído las lentillas. Llevo vaqueros desteñidos, camiseta y cola caballo. Tú has visto faldas de leopardo por aquí? O tacones de aguja? Pintura de guerra? Me ves mascar chicle? La sección de chonilagartas queda más pallá. Las ves? Son las que bailan restregando el pandero contra las paredes y te ponen morritos. Hala, so genio. Vete pallá, que triunfas fijo. Tú suelta por allí lo del angelico perdío y te harán padre. Corre.

Situación: Tu amiga va al baño o está saludando a alguien. Te quedas momentáneamente sola en la barra, sorbiendo cacharro por la pajita y pensando en las musarañas. De repente notas una presencia por el rabillo del ojo.
La Frase: Qué asco de música ponen aquí, no? Yo es que soy más de pop inglés.

Horror. El existencial. El gafapasta. El atormentao. El soso. Cualquiera de sus variantes. Sí, hombre, sí. A mí también me da grima Bustamante, la verdad. Y bueno, qué cosas, aquí, un rato con las colegas. A trasegar un poco y hacer el idiota, que dos veces al año se aguanta y hasta te ríes. Y sí, comparto tu pesimismo vital y también desprecio profundamente la fatuidad del ser humano. Pero ya ves, aquí estamos los dos listos, haciendo esas mongoladas que tan fútiles nos parecen. Un consejo, en un garito no encontrarás a la mujer de tu vida. Por qué no pruebas en la biblioteca la próxima vez? O en un café molón de esos con jazz de fondo? Es que aquí, con el chunda chunda no me sale lo de ponerme profunda. Y déjate de rollos, anda, que si pudieras estarías comiéndole el morro a la siliconada de fucsia, sí, la intelectual esa que está en medio la pista chillando: "Jennyyyyyyyy, vente pacá y deja al camareta, que me chivo al Iván, cacho guarraaaaaaaaaa!".

Y los hay peores. Tenemos al lloroso al que acaban de dejar y está destrozao (arrimando cebolleta a las seis de la mañana), la banda de desataos de la despedida de soltero, los que son de fuera y han venido porque todo el mundo sabe que en (Gijón, Soria, Jaén, Orense, póngase lo que haga falta, como en las giras de los cantantes) están las chicas más guapas, el rey del mambo que, al parecer, pretende marearte con tanto giro pa que te quedes inconsciente, al que está completamente colocao y se te tira encima amargándote la noche, el que directamente te echa mano al culo o a lo que pille y luego te llama borde si le espetas un sonoro "hijolasmilputas"... Fauna hay pa elegir. O pa salir corriendo. Seguro que entre nos, las féminas, tanto o más. Pero claro, cada cual habla de lo que sufre.

martes, 28 de septiembre de 2010

Pequeños enormes milagros


Hace tiempo Silki empezó a encontrarse mal. Le hicieron pruebas de todo tipo y, finalmente, le dieron un diagnóstico que yo me temía muy mucho sin atreverme a decirlo en voz alta. Ciertas enfermedades debieran estar prohibidas, máxime a la gente joven. Lamentablemente no es así, y la palabra "esclerosis" cayó sobre ella como una losa. A nadie le sorprendió que apareciera el desánimo, pero tampoco había ganas de rendirse. Así que sus padres, su marido, su gente, todos cerraron filas y se propusieron pelear, sonreír, celebrar, desahogarse y lo que hiciera falta. Silki tiene momentos mejores y peores, los asume, los comparte, no se queja, vive. Si está cansada, lo está. Al día siguiente tira de nuevo. Y hasta se permite el humor negro en horas bajas, mofándose de sus pasitos cortos mientras su chico la anima a adelantar a las abuelillas del parque. "Vamos, nena. Dale al turbo. Vamos, vamos, con la del andador puedes".

Antes de "la sentencia", Silki empezaba a saborear la idea de ser madre. Después decidió posponerlo. Las cosas habían cambiado y se imponía una reflexión más pausada. Su ginecóloga le dijo: "ponte el DIU y listo. Te quedarás más tranquila". Se lo puso. Un buen día, Silki consultó el calendario y le chocó comprobar que tenía un retraso. "Sólo son dos días", la tranquilizó su pareja. "Ya. Pero yo soy un reloj en esto". Se compró un test de embarazo y recibió con risillas nerviosas el resultado. Acudió al médico. Le confirmaron el positivo. Y, de entrada, la noticia la devastó. "No puede ser, es imposible. Ahora no, no estoy preparada, aún no estoy mentalizada".

Los médicos no daban crédito, pero intentaron tranquilizarla. "Será un embarazo extrauterino, casi con seguridad". Lo comprobaron. Y no, era un embarazo normal y... corriente? "De todos modos -le explicaron-, tenemos que sacarte el DIU de inmediato y es poco probable que el cigoto se mantenga". Pero se mantuvo en su sitio contra todo pronóstico. "Bueno, cariño. Aún tienes margen para decidir". Silki no se lo pensó demasiado. "Me he quedado preñada estando enferma, tomando medicación, llevando el DIU, sin que resultara ectópico y sin perderlo con la extracción. Una criatura tan terca y tan empeñada en nacer se merece que lo intente".

Y allá vas, Silki. Con tu pequeño enorme milagro. Contenta porque no todo es esclerosis. Sin brotes ni malas rachas. Ilusionada por algo nuevo y convencida de que será difícil, pero no imposible. Y que tendrás una buena razón más para no darte por vencida. Me alegro más de lo que puedas imaginar. El clan sigue dando noticias y, afortunadamente, no todas son tristes. Demos gracias (a quien sea) por estas magias.

martes, 21 de septiembre de 2010

Un hombre bueno


Las placas y medallas no están tan cotizadas como hace siglos, pero con todo y con eso una no puede evitar emocionarse cuando se las conceden a un ser querido. Realmente importa poco la frase apresurada, tópica e impersonal que una concejala pueda dedicarle a uno de sus parroquianos. Lo importante es ver allí a todo el clan (41 miembros ya) y a un montón de amigos y vecinos que sí sienten cada aplauso como merecido.

El abuelo Víctor está cerca de cumplir los 91 (o son 92?) y los paisanos de su barrio han decidido rendirle un homenaje. Personalmente me consta que mi abuelo paterno es el hombre más bueno sobre la faz de la tierra. No digo esto por pasión insensata de nieta, no. Es que lo sé. Es absolutamente demostrable e indiscutible. Me tengo por bastante ecuánime en estas cosas, así que no afirmaría tal cosa de no sentirlo. La verdad es que no afirmaría tal cosa de ninguna otra persona que conozco. De él, sí.

Pero una cosa es que lo sepa yo, y su mujer, y sus hijos, y sus otros nietos, y otra muy diferente es oír a tanta gente ajena a la tribu coincidir en ello. Eso es algo que te deja flotando de puro orgullo. Que te demuestra la suerte inmensa que tienes de haber contado con alguien así en tu vida. Ayer tarde se destacaron varias cosas. Amante esposo, padre entregado, trabajador abnegado, cristiano sincero, coherente y ejemplar, honesto sobre todas las cosas, exquisitamente educado, vecino atento y comprometido, tolerante y respetuoso con todos, incapaz de un mal gesto o una palabra dañina, culto, inteligente, sabio, siempre de buen humor, afable, divertido, recto, sincero... Cada asistente hizo hincapié en aquello que más admira en él, para terminar todos enredados en una lista interminable de halagos que se superponían. Hay seres humanos difíciles de definir con una sola palabra. Mi abuelo es una de ellas. Ningún término expresa fielmente todo cuanto es. Nos quedamos cortos. Quizá "bueno" sea el adjetivo que más se aproxima. Y no ese "bueno" de ahora, tan identificado con "tonto", o con "simple", tan denostado en nuestros días. No. Un "bueno" grande y genuino, de bondad. De bondad auténtica.

El abuelo, cómo no, hizo su discurso agradeciendo tanto cariño y tantos dones recibidos. Habló de su vida, de su fe, de su convicción absoluta en "El Jefe", de su familia (que lo es todo) y, especialmente, de la abuela. No perdió ocasión de soltar las elevadas sentencias ajenas que se apropió como lemas de vida, de reclamar el epíteto "viejo" como honorable, de contar sus famosos chistes de gallegos (Dalai, pa morirse, "un ferro doblado, un jancho", tenías que haber visto a la concejala partiéndose el eje), y de dedicar a su mujer unos versos de Manrique confesándole por enésima vez que ha sido la luz y el sentido de su vida. Concluyó aconsejándonos a todos que nos empeñáramos en ser felices a toda costa. Lo que quizá no alcance a imaginar es cómo y cuánto ha contribuido él a la felicidad de tantos.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Cuando el hijo vuelva


El clan sufre un claro caso de explosión de natalidad. La cuarta generación va llegando, sin prisa y sin pausa. Ya teníamos una bisnieta por cada lado, y en pocos meses nos alegrábamos con la noticia de próximas llegadas: otra por la tribu materna y dos más por la tribu paterna. Ley de vida, claro. La tercera generación camina en torno a la treintena (año arriba, año abajo), así que a nadie sorprende que la cadena siga.

Tristemente no todas las nuevas son buenas. Y es que, de esos tres seres que anunciaban su venida, hemos perdido a uno. Supongo que siempre se cuenta con tal posibilidad, pero no por ello dolerá menos.

Lin, prima, créeme que lo siento. Siento que te haya tocado y que haya sido ahora, cuando Kurt y tú lo habíais visto creciendo, cuando ya os tomabais el pelo mutuamente con los posibles parecidos. Cuando lo dabais por hecho y teníais planes e ilusiones. Lo siento porque ambos estáis lejos de casa y os falta el clan para los abrazos. Aunque nos tenéis, no os quepa duda. Siempre nos tenéis.

Qué puedo decirte? Que este dolor pasará. Que no es culpa tuya, ni de nadie. Que seguramente sea puro azar, mala suerte, casualidad. Que ocurre a veces. Que saldrás de esto, volverás a ilusionarte y lo conseguirás. Seguro. En realidad poco importa lo que yo diga, lo que diga nadie. Me consuela saber que estáis juntos en esto y que La Capitana vuela ahora mismo hacia allí para sostener a su primogénita.

Hace años una amiga me confesaba la misma pena que tú sientes ahora. Y yo, que casi siempre tengo una palabra medianamente oportuna que decir en tiempos grises, me salí por filosofadas baratas a falta de ocurrencia mejor. Sé que no eres creyente y tú sabes que tampoco yo lo soy. Pero sí admito que me gusta creer (lo intento!) que todo tiene un sentido. Algún sentido, aunque no siempre lo vemos. Por si de algo sirviera, permíteme que te suelte la misma estupidez que en su día le solté a ella:

No lo has perdido. Procura creerlo así si piensas que puede ayudarte. Por alguna razón no debía ser ahora. Por algún motivo que hoy se nos escapa y quizá nunca termine de encajar. Así que, simplemente, el momento se ha aplazado. Y cuando deba ser (y será pronto) ese niño volverá a crecerte dentro. Y será el mismo que habrá vuelto contigo, donde debía estar. Será tu hijo. Este que hoy añoras tanto y cuya marcha te deja desconsolada. Volverá. Sólo tenemos que esperarle un poco más.

Arriba, Lin. Esperemos. Y, entre tanto, todos mis besos son tuyos.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Al hilo de lo anterior


Y nunca mejor dicho lo de "hilo". Muchos de vosotros entenderéis por qué. Al grano: paseando por la red topo con una página en la que se invita a la gente a compartir cómo conoció a su pareja. Por pura curiosidad paso a leer las diferentes historias, convencida de que encontraré un abanico casi infinito: casualidad, compañeros de trabajo, la ex de un amigo, el vecino nuevo, el colega de alguien, un concierto, un viaje, aquel chaval que no tragabas, la que se mató de risa con tu chiste en aquella fiesta... qué sé yo. De todo un poco. Y sí, también esperaba encontrar la influencia de los nuevos tiempos. Pero confieso que no en semejante medida. De todas las respuestas (y son unas cuantas) muy pocas escapan a las nuevas tecnologías. Una de ellas es de traca, por cierto. Relata una señora cómo conoció a su marido (ya ex marido)... en el funeral de su primera esposa. Y concluye que, con semejante mal fario, estaba claro que la cosa no iría bien.

El resto? En el messenger. Me comentó una foto del facebook. En un foro de debate. Jugando en línea al rol. Nos dimos los números de móvil. Charlábamos por el Skype. Peleábamos en un chat porque no estábamos de acuerdo en nada. Me entraba en el blog.

Sí que han cambiado las cosas, sí. Ahora me parecen divertidísimos mis tiempos de quinceañera por los bares. Del clásico "te invito a algo", al oportuno "bailas?" (cuando sonaban las lentas), pasando por el siempre directo "tía, qué buena estás" y llegando al surrealista "quieres rollo?" (No os hagáis las suecas, niñas, que todas las de mi quinta sabéis de qué hablo). Cómo va el tema ahora? "Tienes cam? Me das tu correo? Me agregas al messenger? Búscame en el facebook y nos mandamos cosas pa la granja". Tela. Llamadme ñoña, pero tenía más enjundia lo de antes. Pero claro, eso lo digo porque lo de antes era lo mío. Cómo ligarán mis nietos? No, deja, prefiero no preguntármelo. Será más interesante que me lo expliquen ellos. Así podré echarme las manos a la cabeza y soltar alguna cebolletada para que se maten de risa y meneen la cabeza pensando que la vieja chochea, que vive en la prehistoria y que, sin duda, aquella juventud tuvo que ser muy triste, gris y sólo en tres dimensiones.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Todos los nombres


Siempre he padecido una auténtica obsesión por los nombres, las caras y las raíces. Siempre he sentido la necesidad de mantener vivos, tanto como sea posible, a esos fantasmas de mi sangre que no llegué a conocer pero que tanto interés me despiertan desde niña. Me pasa con los viejos retratos. Incluso si nada tienen que ver conmigo. Dejad en mis manos una caja llena de ajadas fotos e inventaré su historia, su genealogía, sus secretos, sus pasiones, sus vidas y sus muertes. Sospecho que no hay nada que me fascine más. Cada rostro es una invitación a soñar sobre el papel. Regaladme fotos viejas. Algo inventaré con ellas.

Y hoy, tras meses de dar el álbum verde por perdido, resignada a que tantas mudanzas se hubieran cobrado el más querido de mis tesoros, lo he encontrado. Allí estaba, enterrado entre cientos de papeles, en mi viejo escritorio de niña, en casa de mi madre. Parece ser que en alguno de los intermedios entre alquiler y alquiler decidí ponerle a salvo en mi primera casa, la que nunca cambia. Ahora que también yo tengo un refugio que parece estable, me lo he traído conmigo.

Aquí los tengo. A Sabina y José, los tatarabuelos, que fumaban por las noches los cigarros que ella liaba con extraordinaria habilidad. Grises y viejísimos (quizá tenían cincuenta años a lo sumo cuando les retrataron) con sus arrugas profundas, sus ropas de campesinos y su pobreza. Victoria, otra tatarabuela, de negro riguroso y sentada en una silla desvencijada, al pie del camino, rumiando sabe Dios qué pensamientos. Otra más, Prudencia, con la mirada baja y desconfiada, sujetando una cesta que parece llena de flores. La bisabuela Mercedes, sin pañuelo y con dengue. Su marido, Rafael, el que no resistió y se quitó la vida,  y del que quizá sólo quede esta foto en la que posa joven, serio y con bigote. La bisabuela María, con su vestido, su moño, la espalda recta, posando con el garbo que siempre tuvo, como una condesa en el porche de su casa, despampanante como una muñeca rusa. Su marido, Julián, con sus ojos tristes y hermosos, mezclando de manera insólita el traje de los domingos con una boina curiosamente colocada a estilo guerrillero. Puede que esta sea también su única imagen, porque lo mataron muy joven y no hay ni tumba para llorarlo.

Mi abuelo en el seminario, con sus gafas de montura gruesa, rodeado de otros jovencitos. Una bandada de cuervos serios, envarados algunos, asustados otros, caras de hambre y de infancia corta. Mi abuela Mila, la Barbuda, despeinada y ceñuda con no más de cuatro años, rodeada por su madre y sus hermanos, Lolo, Maruja, El Ruan, El Hostio, Julio y mis adorados Rafa y Ángel (este último con la misma cara de golfo que tuvo siempre). Mis abuelos el día de su boda, él clavado a Sazatornil, ella como una mezcla de tía Memé y tía Bebe, sonriendo tímida, con sus ojeras eternas, perlas que quizá sean falsas y un broche que tal vez fue prestado.

Y faltan todavía. Aún tengo que bucear mucho en los cajones de los míos, para que me cuenten quién es ella, quién es él, cuaderno en mano para que nada se olvide. Aún tengo que reunir a Papín y Mamina, y saber qué barco fue el que se hundió en el Atlántico acabando con la vida del padre de Silvino, en qué pozo terminó la vida del propio Silvino, cuándo explotó aquella mina olvidada bajo los pies del padre de Amparo, en qué boda se pusieron negros los huevos cocidos, quiénes eran "los ricos" que daban nabos forrajeros a Samuel cuando era niño, y cómo se los iba comiendo crudos del saco volviendo a casa, dónde estaban operando a Carmina cuando cayó la bomba y todos salieron corriendo dejándola abierta como un sapo en la mesa de quirófano, lo bien que lloraba Gene para dar pena y conseguir limosna, los tiros de la Revolución pescando a Sabina en un autobús destartalado camino a la plantación de su padre, cómo planchaba Luisa las camisas del señorito, cuántas veces terminaron a navajazos los parroquianos en el bar de los abuelos... Aún quedan muchos nombres, muchos rostros... muchas vidas.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Desmoronada


De nuevo en fase de absoluto agotamiento. Me observo a mí misma y me sigo sorprendiendo. Me pasma mi decrepitud. De dónde salen estos ochenta años que tanto pesan? Han vuelto las migrañas, aunque siempre hay químicas para mantenerlas a raya. Levantarse por las mañanas vuelve a ser un suplicio, pero si te tiras de la cama lo consigues. Se me quita el hambre, y eso bien mirado es una ventaja. Bajar un tramo de escaleras exige que me agarre bien a la barandilla, porque las piernas flaquean como si acabara de correr la maratón (ida y vuelta). Acumulo contracturas en la espalda, el cuello, los hombros... Me pesan los brazos. Las manos andan tan torpes que todo se me cae. El estómago hierve a ratos sin causa aparente. Noto hormigueos y calambres. Raro es el día en que no tengo hinchada y dolorida alguna articulación. Puede ser una rodilla, un codo, los nudillos o el pulgar del pie izquierdo, ese que se me "encasquilla". Tengo un sueño mortífero, pero doy vueltas en la cama con la columna cantándome un miserere. Me coloco debajo un cojín enorme para arquear mi cuerpo lo más posible y, curiosamente, así estoy mucho más cómoda. Luego descubro que prácticamente levito sobre el colchón, que todo mi ser está en tensión. Cómo voy a dormirme así? Me obligo a relajarme poco a poco, cada parte, cada miembro, repitiéndome una cantinela digna de un CD de esos new age para meditar. Sueños agitados, inquietantes. Despierto más cansada que la noche anterior, y siempre con los brazos muertos de puro dormidos. No los siento. Intento moverme y aparece la punzada en el costado. Ay, uy, menudo show. Parezco una tatarabuela desperezándose. Cómo amaneceré mañana? Puede ser un tic en la ceja, el meñique distendido, una bola en el gemelo que me haga cojear, pinchazos en los riñones, la muñeca abierta o la planta del pie, según. Siempre hay algo. Y el muestrario es amplio y variado. El otro día, por ejemplo, batí mi propio record en originalidad. La nariz. Me dolía la nariz. Concretamente una fosa nasal. Cuál era? La izquierda, creo. Durante un día entero sentí punzadas por ahí dentro, como si alguien me estuviera metiendo un tubo. El dolor subía hasta el ojo, luego lo notaba "en el cerebro" y desaparecía. Algunos días (no es broma) me duele incluso el pelo. O las uñas.

Me observo y tomo nota, aunque no digo nada. Para qué? Me aburriría yo misma de oírme tantas quejas. Se lo cuento a ella, que de dolor sabe un rato largo. Mucho más que yo. Tengo claro que es la que mejor puede entenderme. Sólo que ella tiene cosas. Hay motivos para su dolor, al menos para parte de él. Yo, en cambio no tengo nada. Nada que justifique tanta molestia y tanto cansancio. Nada que explique por qué levantarme, caminar hasta la parada del bus, hacer la compra o pasar la aspiradora me exige ratos de mentalización, organizarme bien, calcular el tiempo a invertir, medir mis fuerzas y, casi siempre, descartar cosas para otro día. Y terminar reventada. "Pero qué vaga eres, hija mía", suspira la Mamma, asombrada. "Y eso que no haces nada. Anda que si llegas a tener que currar en el campo..." Juas, madre. Moriría, fijo. "Mira cómo tienes las ventanas. Cuándo las piensas limpiar?" No lo sé. Igual mañana. "Desde luego, vaya generación la vuestra. Pasáis de todo. Pues no será porque yo no te enseñara a hacer las cosas". Si supieras la de cosas que dejo de hacer, madre. Montones. Porque no llego. O a lo mejor es cierto que soy vaga. Estoy tan acostumbrada ya que ni siquiera me importan las ventanas. Que les den.

Es curioso, porque cuando logro arrancar no tengo medida. Puedo hacerte una mudanza en unas horas, y eso incluye que te dejo los muebles montados, todas tus cosas colocadas en su sitio (de la vajilla a los libros pasando por la ropa, el ordenador y las figuritas), ni una caja sin deshacer y la nevera llena. Ya he hecho cosas así. Puedo hacer eso, y amasar doscientos kilos de picadillo, y corchar un llagar entero, o hacerme la Ruta del Cares. Y pasarlo bien con todo eso. Ignorar a mi propio cuerpo. No escucharle. Es como un ataque de rebeldía. Una proeza que luego pago con doce horas inconsciente bajo las sábanas y múltiples secuelas. Al final no me importa demasiado, porque el resultado es prácticamente el mismo que si me paso el día entero tirada en el sofá, así que... Lo malo es que, sencillamente, a veces no puedo arrancar. Busco fuerzas, pero no las encuentro. Y, por más que una se acostumbre, al final te cansas de estar cansada.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Dónde están los niños?


No sé qué pasa, pero en mi pequeño mundo sólo nacen niñas. Familiares, amigos, miembras del akelarre... todos engendran chiquillas!! Hay que irse pelín más lejos en la esfera para ver algún crío. A los vecinos de arriba, por ejemplo, cuyo churumbel nos está amargando la existencia con un correpasillos intempestivo y una afición preocupante por el arrastramiento de sillas. A Ele, la amiga de mi tía, que tras su tercera cola ha decidido rendirse y no seguir soñando en rosa. O a la Socia, que al otro lado del charco nos ha hecho un mochilero de quitarse el sombrero (de ala ancha, se entiende). Y oiga, poco más.

Como tengo asumido que mi hermano no esparcirá su semilla (nunca se sabe, pero lo veo poco factible), no me queda otra que ser tía postiza. Así que, por todo el morro, me considero tía de las niñas de mis amigas y, por supuesto, de las de mis primos. Y es que eso de ser prima segunda... pues no luce igual. Para estrenarme en el título me cayó una sobri del lado materno. Luego otra del paterno. Y ahora se nos viene encima una flamante hermana de la primera. Ya tiene incluso nombre. Sus padres, gente seria, no han dudado en contradecir los deseos expresos de su creativa primogénita en cuestiones onomásticas. Así que no, la criatura no se va a llamar "Pollo".

Enhorabuena, Gran Chu, Pequeña Chu y Mini Chu. Que llegue bien esa Mini-mini Chu. Y respira tranquilo, primo. Es nena, como tú querías. Los dioses han escuchado tu plegaria. "Qué queréis? Que me salga un guaje como era yo para volverme loco??" Pues va a ser que no. Pero ya te volverán loco igual, ya. Ya me lo dirás!

martes, 27 de julio de 2010

Gilis y Gilitos


"Yo estoy en paro cobrando 426 euros, ni para el fin de semana", dice un nota en el facebook. Y se queda tan ancho. Y yo me pregunto cómo me las ingenié para sobrevivir un año cobrando 600 euros que me dieron para comer, vestirme, pagar el alquiler, tener móvil, internet, canales de pago, cenar fuera de vez en cuando, tomar cafés y hasta comprarme algún que otro vaquero, varias camisetas, reponer bragas y darme el capricho de hacerme con varios libros. No sólo eso, sino que ahorré lo suficiente como para sobrevivir otro año más cuando me quedé en el paro (sin cobrar). O soy de un rata que mete miedo o vivo en un planeta que no tiene nada que ver con el de otra mucha gente.

No dudo que haya a quien 426 euros no le den pa un fin de semana. No dudo que, si te empeñas, puedes gastarte eso y más de viernes a lunes. Fijo. Yo no sabría cómo, pero seguro que se puede. Lo que se me escapa es qué sueldo necesita esta peña entonces para vivir. Para vivir como a ellos les parece lo mínimamente aceptable, me refiero. La gente está insufrible con la puta crisis. O a mí me lo parece, en todo caso. Igual es que yo llevo once años jodida y no noto la diferencia, no lo sé. Igual es que me he acostumbrado a los curros eventuales, mal pagados, sin contrato y sin paro y ya estoy esclavizada sin remedio. Igual la rara soy yo por tener la osadía de considerarme feliz y afortunada de tener techo, comida y hasta ciertos vicios. Igual soy un alien por asumir que si no puedo pagarme mi ansiado viaje a Praga (tampoco este año), pues me iré una semana al pueblo tan ricamente. Que si no puedo cenar fuera todos los findes, se cena en casa. Y hasta por sostener (sin rubor alguno) que las marcas blancas no matan y que puede uno ponerse sandalias del chino sin que sobrevenga una hecatombe.

Ya lo dice mi viejo: mentalidad de pobre. Incluso cuando he tenido trabajo estable (al menos yo lo creía estable!) y he ganado (atención) 1.200 eurazos al mes (mi sueldo más desorbitado) he sido lo bastante tafuña como para pagar 20 si podía evitar pagar 30. Porque soy así de lerda. Porque sé en qué mundo vivo, cómo está el patio y lo poco que dura lo bueno. Porque hasta de hacer malabares se puede hacer un oficio. Porque nunca he currado más de un año seguido en el mismo sitio y tengo la estúpida manía de no vivir por encima de mis posibilidades. Más bien opto por apartar siempre algo pal calcetín. Porsiaca. Novayaser.

Lo que muchos no pueden creer es que, además, soy feliz así. Claro, sueño con viajes, con montones de libros que no puedo comprarme, con papeos magníficos (comería fuera cada día de mi vida!!!), con montones de cosas. Pero no las necesito. Para nada, en realidad. Cuando se pueden pagar, se pagan. Cuando no, soy la leche de feliz con un bocata en la mano y un Asterix manoseado en la otra. Mis vecinos no paran de llorar por la pérfida crisis y el perro de Zp. Son los mismos que (cajeras del super, chispas, camareros, peluqueras, o sea, clase media, como casi todos nosotros) cambiaban de coche cada dos o tres años, no perdonaban un sólo sábado de cenorra y copas, estrenaban teles de plasma y móviles con batidora, TENÍAN que veranear en Punta Cana (qué menos, por dios, acaso somos del tercer mundo?) y pedían créditos para las tetas de goma, el quad para ir los domingos a hacer el imbécil al monte y la comunión megaferolítica con bugre pa la Jessy. Entonces nos miraban a los demás arrugando la nariz, porque les molestaba tela el hedor a mercadillo. Ahora estamos jodidos todos. La diferencia es que yo no debo un duro a nadie. Y vivo más o menos como siempre. Incluyendo el grado de felicidá.

Cada vez estoy más convencida de que algunos, cuando tienen la opción de probar el caviar, se olvidan del salchichón. El caviar mola. Si puedes. Cuando puedes. Cuando no, una bolsa pipas y al parque. Pero claro, eso es de cutres. De pobres. De mierdas. Vale. A lo mejor es que también hay muchos que comían mortadela y eructaban ibérico. O de repente alguien les dijo que esto era jauja y que todos podíamos ser ricos. Y lo creyeron. Qué cojones, todos podemos aspirar a darnos la vida padre. Pues sí, adelante. Pero al menos no demos luego el coñazo. (Es más, puedo ser mala? Citaré a Nelson: JA-JÁ!)

jueves, 22 de julio de 2010

Una de mantras


Mi bisabuela no tenía estudios, pero era una mujer muy sabia. Siempre tuvo el convencimiento de que leer era muy importante y, aunque por sus pocos recursos y su entorno sólo pudo acceder a vidas de santos y poco más, los devoraba con avidez, deseosa de aprender lo que fuera. Miraba asombrada cómo desde muy niña yo no me despegaba de los libros, hasta el punto que fui de esas que, antes de conocer las letras, ya los hojeaba inventándome sus historias. "Esta niña será listímisa", vaticinaba ella con enorme optimismo. Luego me insistía: "Lee mucho, Tili, lee mucho" (jamás logró aprenderse mi nombre, que le parecía rarísimo, así que me llamaba Tilicia. Poco se reiría ahora de saber que una tocaya mía será algún día reina...)

Otra curiosidad de Mamina eran sus refranes. Tenía uno para cada ocasión, por insólita que esta fuera. Hasta el punto de que, prácticamente, hablaba en dichos. Algunos eran populares y conocidos, otros los inventaba ella misma a partir de lo que observaba. Creo que es un signo más de lo lista que era. Mi madre recuerda bien muchas de aquellas sentencias, y entre las dos procuramos que no caigan en el olvido. Personalmente considero que son la herencia de la única bisabuela que llegué a conocer. Y es que, además, me descubro cada vez más aficionada a enarbolar mis propios lemas, así que va a ser verdad eso que dicen de que "el que a los suyos se parece, honra merece". Dejo por aquí algunos de esos mantras (heredados, adoptados de otras personas o directamente salidos de mí) por aquello de que al karma le gusta que compartamos.

- Por mi tendencia pesimista elegí estos:
Nunca es una fecha que no existe.
Esto también pasará.
Nunca llovió que no parara.
A las doce ya es mañana.
Sigue nadando!! (A que os suena??)

- Para recordarme lo mal que me sientan ciertas relaciones sentimentales:
No puedo ser la mujer de tu vida, porque soy la mujer de la mía.
Recuerda que, con certeza, sólo tú estarás contigo hasta el final.
Si me engañan una vez, culpa suya. Si me engañan dos veces, culpa mía.

- Para dominar la ira y transformarla en algo mejor:
Soy un junco!!!!! (Tiene, además, su toque humorístico, que siempre viene bien!)

- Para no caer en la tentación de quejarme y aprender, aprender, aprender:
En la vida el dolor es inevitable. No permitas que, además, sea inútil.
No olvides que la vida no te debe nada.
Si el problema eres tú, alégrate. Porque sólo depende de ti.
Pase lo que pase, encájalo con arte.

En fin, podría seguir. Ya me conocéis, empiezo y no paro. También dicen eso de que lo bueno si breve... obviamente nunca le di mucho crédito a tal afirmación, pero seré buena y trataré de moderarme. Un poco. Y sin que sirva de precedente.

martes, 20 de julio de 2010

La vida de Rom


La historia de Rom es de esas tan absolutamente demoledoras que, de verla retratada en una película, tildaríamos al guionista de exagerado. Nació en un país de sudamérica, en el seno de una familia en la que ya existía el maltrato. Su padre es, para qué andarnos con eufemismos, uno de esos cabrones demoledores, déspotas, machistas y cobardes que nunca han servido para nada y pagan sus frustraciones con quienes tienen más cerca. Rom creció en medio de esa realidad, sufriendo los rigores de aquel ogro violento y de una madre sometida, llorosa, infeliz y devastada que, a pesar de todo, siempre se ha negado a romper con su verdugo. Se independizó en cuanto pudo (o, mejor dicho, salió huyendo) y, como suele suceder, unió su vida a un tipo que era un calco de su padre. Tuvo con él dos hijas y soportó lo insoportable hasta que un buen día se le terminó la paciencia de la peor manera posible. La última vez que su marido intentó pegarle, Rom le apuntó con un arma y disparó. Como resultado de aquel episodio, ella fue a prisión, las niñas se fueron con los abuelos y él se quedó sentado en una silla de ruedas, impotente y a merced de unas bolsas que le vaciarán vejiga e intestinos por el resto de su vida.

Cumplida la pena, Rom re-deshizo su vida con otro elemento de parecidas características, aunque esta vez no mediaron pistolas en sus conflictos. Llegaron dos hijas más y un día Rom abandonó a su nuevo verdugo. Decidió poner oceáno entre ambos y se vino a España. Su familia la siguió en su aventura, con las ventajas y lastres que eso suponía. El patriarca no perdió sus arraigadas costumbres: siguió bebiendo, gritando y golpeando a su mujer, a Rom y a su hermano adolescente. Pero un día tuvo la ocurrencia de pegar a la mayor de sus nietas, y aquello fue la gota que colmó el vaso. Rom agarró a su prole y se plantó en la Casa de las Mujeres Tristes. Su caso es de los imprevisibles. Hablamos de una mujer que ha pasado por varios infiernos pero que, al mismo tiempo, es capaz, voluntariosa, trabajadora. Una mujer que pelea sin descanso por alcanzar la normalidad, la paz. Lo complejo del asunto es que vive inmersa en un mar de contradicciones. Cuenta con la cercanía de su familia, pero esto no le sirve de ayuda, al contrario. Papá fue su primer verdugo, mamá la primera consentidora. Y Rom está agotada de esa guerra. Tanto que, secretamente, nos suplicó que si su madre solicitaba ingresar en la Casa, la enviáramos a otra parte. Porque Rom ya no soporta ese peso, esa responsabilidad, ni la certeza de que a los pocos días su padre aparecerá duchado, afeitado y con una rosa mugrienta y se llevará del brazo a su mujer, sonriendo bobalicona como una novia.

También están las cuatro enanas, su otra contradicción. Porque son su mayor tesoro, su fuerza, lo que le impulsa a resistir, pero también su mayor carga. Rom es más joven que yo. La mayor de sus niñas tiene 11 años. La menor, 6. Una no puede soltar todo y largarse o vivir despreocupada cuando tiene cuatro hijas. Una ni siquiera puede sentarse a llorar, deprimirse, cansarse o largar un trabajo de mierda. Que esa es otra. Rom, como tantas compatriotas suyas, trabaja doce horas diarias limpiando una casa, cocinando y cuidando a una anciana, a cambio de un sueldo miserable y teniendo que soportar cómo la "señora" (la hija de la viejita, por más datos una jodida maruja ociosa) la persigue constantemente para chillarle cómo debe sacar brillo a los muebles, cómo debe preparar la comida, cómo debe bañar a la pobrecita inválida, cómo de mal lo hace todo y lo agradecida que debiera estarle a ella, tan buena cristiana, por haberle hecho el inmenso favor de darle un trabajo digno pese a ser una extranjera. Rom traga saliva, dice "sí, señora" y colma de mimos a la abuelita indefensa, porque pertenece a una cultura que venera a los mayores.

Las niñas de Rom son una piña sin fisuras. Adoran a su madre, que las educa con ternura y firmeza. No las consiente, pero tampoco se permite una mala cara hacia ellas, por reventada que esté. Es todo un icono de amor maternal sin ñoñerías, muy consciente de su responsabilidad y muy ajena a histerismos y victimizaciones. Rom asume su vida como mejor puede. Por mi parte jamás había conocido niñas más difíciles de conquistar. Malencaradas, esquivas, desafiantes, con una malicia muy adulta y la picardía suficiente como para plantarse justo en el límite de la grosería sin atravesarlo. No las culpo. Para ellas, cualquier adulto que no sea su madre es, sencillamente, un hijo de puta potencial dispuesto a hacerles daño. No te quieren, no te aceptan, no te necesitan, no van a dejarte entrar en su pequeño mundo de cinco, y así te lo hacen saber. No intentes ganártelas con dulzuras ni con regalitos. Automáticamente te clavarán sus ojos oscuros llenos de desconfianza y, por deseosas que estén de aceptar el obsequio, te lo despreciarán con frialdad.

El otro día el barrio atronaba de sirenas. Cuando llegué a trabajar supe la razón. Tras un día particularmente insufrible en el trabajo y la noticia de que su hermano de 15 años había tenido que ir al hospital tras la enésima (y especialmente violenta) paliza de papá, Rom preparaba la cena de sus crías y, sin pensárselo dos veces, se rajó el vientre con el cuchillo que tenía en la mano. Se cubrió con un trapo, mandó a las niñas al apartamento de otra usuaria, pidió ayuda y fue llevada a urgencias, donde le dieron unos puntos y un calmante. Oficialmente, y de cara a las nenas, se cortó de modo accidental. Regresó esa misma noche, serena y sorprendida. "Te juro, no sé ni qué hice. Jamás me pasó algo así, y mira que hasta estuve en prisión. Cómo me volví así de loca de repente, si me han pasado cosas peores?" Le dije que, simplemente, un día a cualquiera se nos salta la tapa. Suspiró, fue a por sus niñas y se acostó. "Mañana tengo trabajo", dijo. "Pero, mujer, cómo vas a ir a trabajar con la barriga recién cosida?" Se echó a reír. "Y que me despida esa bruja? No, no, yo mañana me voy al trabajo con mi viejita. Además, qué remedio me queda?" No lo sé, Rom. Ojalá lo supiera.