miércoles, 5 de septiembre de 2007

Chau, bebé



La luna triste de hoy se la dedico a mi bebé peludo, Lenny, el psicópata, el mini Gardfield. Tras una extraña vida gatuna de caídas, bizqueos, ataques de mal genio, equilibrio precario, pupilas siempre dilatadas y otras rarezas, la sospecha de que algo malo crecía en su cabecita se confirmó. Ayer noche, Lenny se tumbó en su cesta y no quiso volver a moverse. El veterinario confirmó una parálisis debida, seguramente, a una trombosis. Dijo que su sistema nervioso estaba afectado, que por eso no podía caminar, que veía mal y estaba muy débil. Que podía intentar remontarle, pero quedarían secuelas. Pensé que no era muy sensato ni muy humano dejarle más secuelas a las que mi enano ya traía de fábrica. Mi madre salió corriendo hecha un mar de lágrimas y yo me quedé con mi taradito hasta el final. Se portó como un valiente, como siempre, lanzando bufidos de advertencia al respetable, con su chulería habitual, pero dejándome acariciarle por primera y última vez.
Salió el sol. Nos lo llevamos en su cajita a la finca de mi madre, y allí está ahora, montando guardia a los pies del manzano más viejo y más retorcido, tan retorcido como él. Tiene una bonita tumba con rocas y flores. Mi madre me llamó esta tarde para decirme que el otro, el viejito, no quiere salir de la cesta de Lenny. Jamás había entrado en esa cesta. Pero, como le conozco y sé que es el gato más inteligente del mundo, imagino que se está despidiendo de su compadre, de la mala bestia peluda que le sofocó la vejez a base de mordiscos y carreras escupiendo pelos, el monstruito al que, con todo y con eso, él acogió como un hermano sin enfadarse por aquella invasión, por tener que compartir nuestro cariño tras toda una vida siendo el rey de la manada.
Así que nada. Me vais a permitir la frivolidad coelhista, pero calculo que a estas horas Lenny campará a sus anchas por el paraíso gatuno, rodeado de su brava estirpe, de su abuelo César y su abuela Blasa, sus hermanos y primos, Scarface, Makelele, Puskas, DiStefano, Tigrilla, Swarzenegger, Roncón, Carapán y todos los demás gatos que han ido pasando por mi vida y por la suya. Un paraíso lleno de aceitunas, champiñones y quesitos, sin cepillos del pelo ni vacunas, ni gente pelma empeñada en limpiarle la nariz, y, por supuesto, sin tumores. Un sitio donde todos los gatos saben trepar y saltar.
Chau, bebé. Han sido sólo cuatro años, pero espero que te lleves un buen recuerdo de tu clan bípedo. Da lametones a todos. Y mis respetos a Bastet, que tuvo a bien ponerte en mis brazos.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Ahora descansa.Y seguro que sueña contigo.
Besos,Len.

Alb.

Lenka dijo...

Que me haces shorar, Doc!!!!

Gracias, cielo.

Lal dijo...

Con quién iba a haber vivido mejor un gato tarado???
Ahora estarán todos juntos hablando de ti...
A veces la mayor tranquilidad la da el ser capaz de dar tu tranquilidad por la de otro. Ahora él lo está.

Guaja dijo...

Animo Len, has conseguido que sea un gato feliz, y mira que te lo ha puesto dificil. ;)

Cristina dijo...

Seguro que ha sido inmensamente feliz al vivir con una persona como tu, Len.
Ahora estará contento, junto a sus otros compañeros.
Muchos besos.

Anónimo dijo...

Lo importante es que fue feliz, chiflado el pobre pero feliz. Todo gracias a vosotros.

Besitos

Marechek