miércoles, 15 de julio de 2009

Una historia del Bronx



Siempre me han gustado las pelis de gangsters. No sé muy bien por qué, la verdad. No me entusiasma la violencia, los métodos de los clanes me horrorizan, detesto la prepotencia y el abuso al débil, la extorsión y la corrupción me parecen repugnantes, y, básicamente, me asquean el machismo, la horterez manifiesta, la ostentación descarada y la escandalosa hipocresía tan típicas todas ellas de este mundillo. Desapasionadamente, el mafioso (sea matoncete de tres al cuarto o Don) me da un cierto tufo a papagayo presumido, a soberbio insufrible, a cabrón sin entraña, a impenitente avaro, a chulo putas. Y hasta a medio analfabeto, a paletazo con pasta. Un capullo integral, pero con armas y con pasta. Un imbécil con ejército. Un gilipollas peligroso al que se teme y se odia.

Y, sin embargo, el asunto me fascina. Me fascinan sus historias, sus lealtades (o intereses), sus traiciones, sus chanchullos, su curiosísimo sentido del honor (para lo que les conviene, claro), y también, debo confesarlo, su inteligencia. Porque quiero creer que ningún mindundi llega a manejar hilos en semejante guiñol. Se queda de recadero o de matón de tres al cuarto. Mal que me pese, he de admitir que quien manda sabe usar la cabeza. Dónde estaría la mafia si no? En el imaginario, en las pelis, en las novelas. Poco más.

Pero no pretendo hacer una tesis sobre el tema. Por ignorancia y por pereza. Lo poco que sé se me antoja demasiado complejo de explicar. Lo único que pretendía, en realidad, era confesar mi sorpresa ante una pequeña historia del Bronx. Compré el libro no hace mucho (para algo tiene que servir la Semana Negra de las narices. Cuatro puestos de libros, un par de exposiciones fotográficas, charlas con escaso público y diez mil casetas de fritangas, bisutería, cacharros y coches de choque. Pura cultura). Lo dicho, que me hice con el libro. Un guión de Chazz Palminteri. Eso me llamó la atención, así, de repente. He visto la peli varias veces y no se me escapa que el susodicho no sólo interpreta a Sonny, sino que es el culpable del guión. De la historia. Y de repente (no se me había ocurrido hasta hace unos días, justo al terminar el libro) me pregunté si esa C de Chazz no sería de otra cosa. Si Chazz no sería un mote nacido a raíz de otro más escueto. "C". La edad coincidía también. Es decir, era mera imaginación? O era autobiográfico? Y resulta que sí. Calogero Lorenzo Palminteri, más conocido como "C". O Chazz. Ese niño, ese chaval, es Chazz. Ese Lorenzo, ese chofer de autobús honrado, era su padre. Y esa historia del Bronx era la suya.

O no. Quizá hay mucho de invención en ella. Quizá Chazz no vio morir a un hombre a sus nueve años ni encubrió a un mafiosillo de barrio al que interpretaría años más tarde. Quizá no vio morir a sus amigos de la infancia, esos que de repente le parecían tan simples y estúpidos, pero que eran sus amigos, al fin y al cabo. Quizá no protagonizó una imposible historia de amor entre el Romeo italoamericano y la Julieta afroamericana, escandalizando ambos a sendos barrios, a sendos ghettos, a sendas culturas enfrentadas. No lo sé, pero es curioso de todos modos. De alguna manera existió ese Calogero. Existe, de hecho. Se llama Chazz Palminteri. Y, vaya usted a saber, lo mismo fue aspirante a mafioso, dividido entre la honradez de un padre pobre y la fascinación por el capo que le apadrinó. Lo mismo es verdad (o no) que logró sacar lo mejor de ambas escuelas. El instituto y la Universidad de la Avenida Belmont.

6 comentarios:

Nexus dijo...

Una gran película. Con dos grandes actores.

Lenka dijo...

La verdad es que hay verdaderos peliculones sobre la mafia, y todas me gustan. Creo que esta me gusta porque no narra una historia grandilocuente, ni épica, no nos presenta a una saga de super mafiosos con enorme poder, ni viviendo entre lujos, ni siquiera se recrea en la violencia, con las típicas escenas de tiroteos salvajes. Es una pequeña historia, como un cuento. Hasta el mafioso es bastante modesto comparado con otros capos archifamosos. Es una historia de barrio, con un chaval soñador, un padre honrado, un ídolo poco recomendable, esa edad en la que uno puede llegar a avergonzarse de los suyos (y luego avergonzarse por haberse avergonzado), la lucha generacional... mitos que se caen, pero que se ensalzan por motivos nuevos. Perder y recobrar el respeto. La honradez. Ser capaz de aceptar a la gente como es y de extraer lo mejor que cada cual puede ofrecerte. Vamos, una historia muy grande con un envoltorio pequeño, sin aspavientos.

Rogorn dijo...

¿Te lo puedo robar para el Videoergo? Ya te pienso un comentario luego.

Lenka dijo...

Como quieras, Ro, aunque creo que es muy "por encima" como para estar en videoergo. Taba ya medio dormida y tampoco me metí mucho en harina. Pero si te place, pa ti ;)

Rogorn dijo...

Puesto lo he, pero no me cabe todo en un comentario, así que paso de inundarte. Aquí está:

http://videoergoscribo.blogspot.com/2009/07/una-historia-del-bronx-1993.html

Gracias de nuevo ;)

Lenka dijo...

Ya te he invadido yo lo tuyo, majo.

;)