lunes, 10 de septiembre de 2012

Madres nefastas

 Supongo que a todos nos gusta alguna película chorra, aunque no queramos reconocerlo. No todo va a ser Ciudadano Kane. Algunos disfrutan con las comedias estúpidas de tetas, pedos y pitos atrapados en cremalleras. Yo no las soporto, pero siento debilidad por algunas chorripelis de amigas. Quizá porque de cría envidiaba esa relación entre chicas que intuía tan mágica y tan especial. Quizá porque, como tardía descubridora de la amistad femenina (y sí, confirmo, es mágica) disfruto ahora recreándome en ella.
 
Por eso, como digo, algunas de esas películas que cuentan el complejo pero muchas veces indestructible lazo que ata a ciertas mujeres y que va más allá de la sangre, me encantan. Algunas, insisto. Otras son un petardo. Entre mis favoritas están las intrépidas abuelas del Clan Ya-Ya (en inglés: Divine Secrets of the Ya-Ya Sisterhood). El hecho de ver juntas a Maggie Smith, Fionnula Flanagan, Ellen Burstyn y Shirley Knight fue suficiente aliciente para mí. Además, estaban Ashley Judd (encarnando la versión joven de Burstyn) y James Garner, interpretando al marido estoico, santo varón que todo lo perdona. Se supone que la protagonista es Sandra Bullock. A mí no me molesta, pero lo cierto es que se me diluye entre los demás. No importa.
 
El Clan Ya-Ya cuenta la historia de cuatro amigas a lo largo y ancho de toda su existencia. Hablamos del Sur de los USA, de ese Sur de niñas vestidas de gala para asistir al estreno de Lo que el viento se llevó, del Sur de la criada negra que ya no era esclava pero servía a la familia hasta su muerte, del Sur de los bailes en los jardines de las mansiones, con músicos "de color" y farolillos, del Sur de jóvenes guapos que se iban a la Segunda Guerra Mundial para no volver, dejando desoladas a sus madres de nombre francés y a sus novias guapas languideciendo y alcoholizándose a toda velocidad. Un Sur muy de contrastes, al menos en el cine. De profundo racismo que ponía a cada cual en "su lugar" pero covertía a las criadas en verdaderas madres para unos críos a los que sus biológicas no prestaban atención. De señoritas bien y buenas familias conviviendo sin mezclarse con "basura blanca" de los pantanos. De apellidos de rancio abolengo y nuevos ricos horteras. De chicas audaces que conducían descapotables amarillos, fumaban, bebían y lucían sus vestidos de pin ups, pero terminaban siendo amas de casa y madres de familia.
 
En ese Sur, está Vivien, con un padre déspota y una madre católica, santurrona y amargada. Con el novio perfecto que desaparece en algún lugar de oriente sin dejar ni un cadáver que enterrar. Está el amigo del novio perfecto, con el que Vivien se casa sin amor, para descubrir ya en la vejez que sí que le quería después de todo. Están las madres que se suicidan cuando los vástagos no vuelven, las mujeres que rompen platos, los hombres que las sacuden, las ignoran o las abandonan, los niños que sobreviven a hogares devastados por las broncas, el ruido de los hielos tintineando en los vasos, los reproches y los correazos. Y, años más tarde, las ya ancianas diosas del Ya-Ya procuran explicar a una Bullock llena de cicatrices que su madre, Vivien, no sólo es una loca egoísta y borrachina con aires de Escarlata, siempre haciendo dramas de todo, sino también una mujer que sufrió lo suyo sabiendo que hacía daño a su familia.
 
Vivien, claro, bebía como un cosaco, porque sus sueños de ser periodista en Nueva York se dieron de narices con la realidad de un matrimonio ensombrecido por el espectro del novio muerto, de la rutina de la casa y de tres hijos hacia los que sentía amor, pero ninguna vocación. Vivien acudía a su confesor para contarle que, sencillamente, no podía soportar su existencia, y que fantaseaba cada día con huir y abandonarlo todo. El buen sacerdote, claro, le aconsejaba la oración y el sometimiento a la voluntad de Dios. Así que Vivien, seguía empinando el codo y escapándose de casa de vez en cuando para, sencillamente, inscribirse en un hotel y dormir durante días. Tras cada una de sus desapariciones, llamaba a casa, anunciaba su regreso y decía a sus hijos cuánto les quería.
 
Bullock termina coincidiendo con las Ya-Ya en que no todo fue horrible. Vivien tenía su lado divertido, era una cómica nata, una compañera de juegos de lo más original que enseñó a sus hijos a no rendirse jamás. Sin embargo, no consigue perdonar cierto episodio oscuro que, finalmente, las Ya-Ya tendrán que aclararle, desvelando esa otra cara de las amas de casa sureñas en las que la lucha contra el alcohol incluía drogas legales (prohibidas actualmente) capaces de hacerte alucinar, licuarte los sesos o convertirte en una bestia dañina. Bullock ve la luz. Al fin y al cabo, desconocía partes de la historia. Y, además, habría sido una escritora de éxito con una infancia fácil? Vivien, por su lado, olvida por un momento su rol de damisela traicionada por la hija ingrata, abandona su pose de Escarlata y admite que, con drogas o sin ellas, fue una madre deplorable. Es lo que me gusta de la peli. Es valiente. Reconoce y enseña que algunas mujeres son malas madres. Que no siempre saben hacerlo bien, que a veces se sienten superadas, que pueden hacer daño a sus hijos y que, con frecuencia, niegan sus errores porque es más fácil tirarse el rollo de: "con todo lo que hice por ti y así me lo pagas". Fui una mala madre. Me equivoqué. Se me daba fatal. Pude hacerlo mucho mejor. Quería ser algo grande y terminé casada con un granjero, haciéndole pagar a él y a todo el mundo mi frustración. No me di cuenta de que, al menos, había algo bueno en mi vida: mis hijos. Sobre todo esa hija mayor que tantas veces tuvo que ocupar mi lugar (haciéndolo mejor que yo) y que hoy es todo lo que yo habría soñado, una escritora de éxito. Yo no supe hacerlo. Al final, tan valiente como me creía, no luché por mi sueño. Me limité a quejarme. Pero tú, mi hija, lo has conseguido, a pesar de mí, y me siento orgullosa.
 
Cuando veo esas escenas en las que Vivien grita a sus críos, rompe platos, se tapa los oídos mientras las lágrimas ruedan por su cara y sueña con escapar, me entra pánico, porque la entiendo. Entiendo el terror a ser la peor de las madres, la tremenda culpa cuando sabes que has perdido los nervios o cuando sabes que, en el fondo, sólo te apetece salir corriendo sin mirar atrás. Precisamente como ella hacía: desaparecer, dormir cuatro días seguidos y regresar recuperada a esos hijos que son lo que más quieres y lo que más te agota. Yo no bebo, pero también necesito mis drogas legales. Y la rabia por esa dependencia, y el miedo a que se me fundan los plomos, camina conmigo. Junto con el terror de, con pastillas o sin ellas, ser, en efecto, la peor de las madres. Demasiadas veces creo que lo soy. Eso es lo que me espanta. Antes de ser madre, veía la película y no podía empatizar con Vivien, la egoísta, la cobarde, la colérica, la melodramática. Me permitía el lujo de juzgarla. "Yo jamás seré así". Ahora la entiendo. No la disculpo, no me disculpo. Pero la entiendo. Y eso es devastador.
 
Afortunadamente tengo a mis propias Ya-Ya. Para intentar comprenderme y, sobre todo, para que me suelten verdades como puños. Porque hace falta oírlas. Sólo espero no llegar a vieja negando mis errores y fingiendo no ver las heridas de mis hijos. Sólo espero que no tengan demasiado que reprocharme. Y, si lo tienen (dios no lo quiera), saber asumir y aguantar el chaparrón. Tarde o temprano, a todos nos pasan la cuenta. Ojalá lo bueno pese más que lo malo. Y ojalá entonces sigan mis Ya-Ya cerca, para poder hablarme como sólo se hablan las amigas. Sin pelos en la lengua y desde el corazón. Ojalá sigan por mi vida mis propias Maggie, Fionnula y Shirley, para espetarme que deje de hacerme la mártir y ofrecerme patadas en el culo. Qué sería de nosotras sin las Ya-Ya...

11 comentarios:

Juan dijo...

Lenka, siento decirte que estoy absolutamente seguro que te vas a equivocar con tus hijos. No son probabilidades, es una certeza: te vas a equivocar. 100 200 o 2000 veces.

Y esto es absolutamente normal y nada preocupante pero con una excepción: cuando sepas que te has equivocado, pide perdón y cambia lo que has hecho mal.

Yoda era muy sabio: el camino hacia el lado oscuro empieza con el miedo. Si tienes miedo a equivocarte estás dando los primeros pasos hacia el lado oscuro. Creo que es mucho más sano asumir que te vas a equivocar, aceptarlo y poner toda tu energia, no a temer el error, sino a subsanarlo cuando se produzca.

Lenka dijo...

No, si no es ese el problema, Juan (ojalá!!!) Ya sé que me voy a equivocar. Me equivoco en algo todos los días.

No, el pánico viene esos días en que piensas: "quiero irme. Daría cualquier cosa por salir dando un portazo y no volver en cuatro días. Ojalá hubiera decidido otra cosa. No tendría que haber tenido hijos. No valgo pa esto. No tengo paciencia. No se me da. Ha sido un error. Ojalá volviera a tener mi vida de antes".

Esos son los días en los que peor te sientes. Te sientes mal porque, en ese momento, te frustra no poder tener lo que deseas (el silencio, la paz, la libertad de antes). Y te sientes mal porque sientes culpa por desear esas cosas, por no ser la madre modélica que se supone que tienes que ser, esa que no cambiaría un sólo día con sus hijos ni por unas vacaciones navegando entre los fiordos.

Te das perfecta cuenta de que no eres esa madre ni por el forro. No eres la madre sacrificada, ni la entregada, ni la megafeliz con ultravocación de madre. No eres más que la madre superviviente, la que va tirando sobre la marcha, unos días mejor, otros peor, algunos fatal. No entiendes cómo lo hacen otras, porque si tú, que te lo pensaste tanto, que meditaste tanto, que sopesaste tanto, muchas veces te arrepientes... cómo lo hacen esas que ni se lo pensaron, que les vino solo o que los tuvieron "porque sí"? Al final debe ser que pensárselo o no es lo mismo. O igual la cuestión es que quienes les damos tantas vueltas es por algo: porque en el fondo no queríamos, no teníamos serias dudas sobre si sabríamos. No sé.

Igual sencillamente es que hay días en los que estás tan agotada que lo ves todo negro y dudas de ti misma. O igual esto es una era excusa para intentar justificar el desastre de madre que soy. Ay. No lo sé.

Kaken dijo...

No creo en absoluto que seas un desastre de madre, de sobra has demostrado que eres una luchadora nata en todos los aspectos.
Me gustaría que mis hijos te contaran cuantas veces he gritado a pulmón pealo " os juro que me voy a Honolulú y ni vuelvoooo!!!" .
Y adoro a mis hijos, y me han pesado menos que a otras, me consta. Pero a veces, pesan, como ocurre en cualquier otro tipo de relación, de vínculo.
El agotamiento ante cualquier situación, ya sea laboral, familiar, conyugal, etc, a veces nos salta los plomos.
Estás dentro de la normalidad, de lo que nos sucede a casi todos pero de lo que poco se cuenta, la mayoría pretende dar buena imagen.
Criar a un bebé siendo primeriza es difícil, por mucho amor que se le ponga. Criar a dos y con fibro, ya es de traca.
Espero aportarte que, cuando surjan esos pensamientos de evasión, los interpretes como lo que son, simples aviso y normales de cansancio.
Desastre de madre tu?? Já!

Lenka dijo...

Eres un encanto, Kaken. Te aseguro que con esta entrada no pretendía que nadie me dorara la píldora, ni de lejos. Contaba realmente lo que siento muchas veces, y lo que siento no me gusta, carajo. No me gusta, porque se supone que no es lo que debo sentir. Sí, ya sé que lo malo no se cuenta, que en los anuncios de Nenuco todas parecen madres modélicas y que está muy mal visto que alguien (sobre todo nosotras, las mujeres) ose decir cosas del tipo: "a veces los borraría con una varita! Aunque sólo fuera por un par de horas!!!" Pero supongo que todas lo hemos sentido a veces, supongo que no seré yo la peor de las madres. Eso espero, al menos.

No quiero acomodarme en el diagnóstico de la fibro, por miedo a eso: a luego disculpármelo todo. No quiero. Es decir, me comprendo, sí, asumo lo que hay, pero me aterra la idea de echarle jeta. Ya sabes lo fácil que nos resulta a veces tirar de etiqueta y lavarnos las manos (el ser humano, siempre tan comodón y dado a justificarse. No, no soy yo, es la fibro!) Pero incluso no queriendo "arroncharme" es que lo veo, leñe. Quiero decir que VEO perfectamente que "odio" a mis niños por las mañanas, cuando mi cuerpo no responde. Y, en cambio, según avanza el día les adoro más y más, reacciono diferente, río lo que antes resoplaba, juego, no pongo los ojos en blanco, no pierdo la paciencia. Así que no me queda más remedio que asumir que la fibro está ahí, es muy real y me afecta.

Lo que no quita para que sepa que tengo que esforzarme, porque ellos no tienen la culpa de que su madre amanezca cada día en el puto infierno. Tengo que intentarlo como sea. Porque crecerán, serán conscientes, y no es justo que les reciba cada mañana como un ogro!!!!

Argh. Qué ascazo de enfermedad. Tengo que aprender a convivir con ella. Curioso, antes que no sabía que la tenía ya me había acostumbrado al dolor, pero claro... me aguantaba ya sola. Fibro y niños se conjuga regular. Tengo que encontrar la manera.

En cualquier caso, Kaken... GRACIAS. De corazón. A veces hay que oírlo. Eso de que no todas son mamás-Nenuco menos una. O no todo el rato.

Maldita maternidad engañosa!!!!!
;)

Juan dijo...

Yo me refería a cualquier error Lenka, incluyendo la culpabilidad que se siente por no ser la madre perfecta, que siempre adora a sus hijos y que jamás se siente mal ni le dan ganas de irse a Kabul antes de seguir aguantando a los mocosos.

Y creo que ese precisamente es el error más común.

Mucha gente intenta transmitir la mejor imagen posible de sí misma, aunque muchas veces esa imagen nada tenga que ver con la realidad. Y si se trata de madre, entonces se distorsiona mucho más la realidad. Como nos han vendido que las madres son siempre perfectas, aquella mujer que quiera tener una buena imagen de cara a los demás, venderá que ella también es madre perfecta, que jamás está hasta el moño de los hijos. Pero la única diferencia entre esas mujeres y tú es que tú dices la verdad de lo que sienten y ellas lo ocultan.

Que la falsedad de las demás no te culpabilicen. Eres una madre excelente, que no perfecta y, como tal, de vez en cuando te tirarás de los pelos por habérsete ocurrido traer al mundo a ese par de pillastres.

Lenka dijo...

Claramente eso es lo peor de todo, lo que peor te hace sentir. Esa idea que te asalta a veces en plan: "pero diooooos, qué bien estaba sin ellos, pero cómo se me ocurre, pero por qué los tuve, pero si yo vivía como una pachá, pero por qué???"

Mientras piensas eso, oyes a las demás asegurar muy serias que no cambiarían ni el peor de los días con sus hijos por dos horas de paz absoluta, sin responsabilidad, abracadabra, no están, no existen. Y flipas.

Flipas porque no puedes ser peor madre, claro.
Flipas porque eres la única.
Flipas porque debes ser un monstruo sin entrañas, mínimo.
Lo flipas.

Y sí, que conste (lo digo siempre) que hay gente alucinante. Gente que nunca o casi casi nunca pierde los nervios. Gente con una vocación de madre/padre pa quitarse el sombrero. Gente con una paciencia infinita, siempre sonriendo, gente que se lo pasa en grande casi cada minuto. Conozco gente así, les he visto en su salsa. Son admirables. Son de otra pasta. Son unos padres de los pies a la cabeza, padres Cum Laude. Los hay, afortunadamente. Y me parece perfecto que, además, lo cuenten. Por qué no iban a poder ser sinceros??? Si no les supone ningún esfuerzo una paternidad tan ideal, esa suerte que tienen. Y si sí se lo supone, joder.... entonces más mérito todavía que elijan la sonrisa y la mantengan. Bravo. Me pongo a sus pies.

Pero no, todos no. Todos? Ni hablar. Ojalá supiéramos!!!! Y es que, además, las nuevas pedagogías que todo lo miran con lupa, que en todo ven una probable causa de trauma, que condenan absolutamente cualquier grito, castigo, no digamos cachete (que sí, que se puede evitar, que ese fallo es sólo nuestro, pero tampoco es plan de criminalizar), todo eso pone las expectativas por las nubes y te hace sentir (aún) más miserable.

Ojo, aunque te conozcas bien la trampa. Aunque sepas que muchas veces tanta teoría no es más que palabrería barata, que muchas veces se apunta a la tontuna y se obvia lo importante, que al final es curiosísimo que tantos tratados y manuales hayan guiado la educación de una generación que luego ha resultado (salvo excepciones) abandonada a la mediocridad, el consumo imbécil, la nada, la gilipollez, el desencanto, la frustración, la ira, el no concebir un "no". Aunque sepas todo eso, a veces se te va la olla.

Sabes que eres imperfecto, que harás cosas más, que habrá errores nimios y otros graves, que alguno de tus fallos puede marcar y mucho a tus hijos, pero otros, afortunadamente, no dejarán huella o incluso provocarán carcajadas en el futuro. Sabes que no son de piedra ni tampoco algodón de azúcar, que se les puede dañar por exceso y por defecto, que posiblemente sea menos dañino el cachete que se te escapó un día y te tuvo la noche entera a moco tendido (a ti, porque al crío se le olvidó dos minutos después) que el consentirles todo y el tenerlos en una burbuja. Sabes todo eso, pero te vuelves gagá y te miras al microscopio. Y eres el peor juez que puedas imaginarte.

Así que, de nuevo, gracias. A los dos.

Juan dijo...

Claro que hay padres estupendos y superpacientes, pero no hay padres perfectos.

Cuando alguien intenta darme una imagen de perfección, desconfío mucho de esa persona. Lo mismo que cuando alguna madre me intenta hacer ver lo perfecta que es, sé que no está contando toda la verdad.

Lenka dijo...

Sin duda. Pero conste en acta que esos ante los que yo me quito el sombrero jamás se han vendido como perfectos. Muy al contrario. Yo les veo absolutamente grandiosos, pero ellos nunca presumen de nada. Si lo hicieran me pasaría lo que comentas, no me lo creería.

Les admiro porque les he visto actuar. Son de esos que en las situaciones más estresantes le dan la espalda al crío para hacer muecas desesperadas o vocalizar un clarísimo cagamento mudo, pero al momento se giran hacia el monstruito y le hablan con absoluta calma, sin perder ni la firmeza ni la dulzura. Me fascina ver cómo lo encajan todo con humor y sin alterarse. Ellos sí que son juncos!

Sí es lo que parece dijo...

Hola Lenka,

la peli pinta muy bien, normalmente por ñoñas o absurdas que parezcan algunas películas nos llaman más la atención que otras porque en ellas nos sentimos reflejadas de algún modo, ya sea por uno de sus personajes o porque el argumento se parece enormemente a a nuestras vidas o a algún episodio de las mismas.

Yo no soy madre, pero eso que dices sentir tu, las ganas de huir, se las he notado a mi madre, la pobre se casó muy joven, y toda su vida la ha dedicado a nosotros (mi padre, mi hermano y yo) Y antes de más jovencita no entendía sus ataques de genio, sus típicos me voy y no me busquéis....la criticaba para mis adentros, me decía una y mil veces que yo no sería así con mis hijos y sabes?... ahora y como ya he dicho (sin ser madre) la entiendo, la disculpo y me reprocho a mi misma no haberla sabido entender antes.

Como madre se habrá equivocado en muchas cosas, pero yo también como hija. No somos perfectos Lenka, y solo con el tiempo aprendes a entender que querer huir y desconectar de tus seres queridos no es malo, es natural (antes que madre, esposa, hija,...eres persona y en tu caso se ve que una muy buena ;)

Un beso y cuídate mucho

Lenka dijo...

Cuánto tiempo!!! Encantadísima de leerte!

Ah, pero no te reproches el no haber entendido a tu madre. Cómo ibas a hacerlo? Esas cosas nos superan, sobre todo de niños. Yo recuerdo perfectamente el momento en el que fui consciente (así, en plan "revelación mística") de que mis padres no eran un ente único puesto en el mundo para cuidarme. No! Eran dos personas distintas que habían tenido vida, sueños, planes, frustraciones, su propia infancia... también habían bailado en las discotecas, se habían enamorado como yo, habían tomado su primera copa, fumado su primer pitillo, discutido con sus propios padres... vamos, que eran como yo! Personas, y no sólo mis padres. Fue todo un alucine caer en la cuenta de eso, la idea me llegó sola de golpe y porrazo, y te aseguro que lo menos tenía ya 15 o 16 años (antes ni lo había pensado realmente. Sí, sabes que fueron niños y jóvenes, pero lo sabes sin meditarlo, lo sabes porque hay por ahí fotos color sepia, sin más). Años después de entenderlo, seguía masticándolo y analizándolo.

Qué va, no te culpes, hay cosas que tardamos en entender, simplemente. A mis hijos les pasará lo mismo conmigo, y a los tuyos (si decides tenerlos) lo mismo. Por eso creo que casi todos nos llevamos mucho mejor con nuestros padres cuando somos adultos, tras toda esa etapa de luchas, reafirmaciones y líos generacionales. A mis padres los valoro y aprecio mucho más desde que soy adulta, desde que los entiendo. Nos pasa a todos.

Gracias por la visita, besos también para ti!!!

Lenka dijo...

Hoy he vuelto a ver esta peli con el Trasto (quería verla, sí, es un tío así de raro) y, qué cosas... he sentido un enorme alivio cuando me ha asegurado que entiende a Vivian y que, por supuesto, también los padres sienten a veces esas ganas de echar a correr y pasarse dos días durmiendo. Y que, por mal visto que esté, es lógico que las madres nos sintamos así, y que lo digamos sin miedo a que nos juzguen.

Total, que a veces sí que hace falta una chorri peli.
Y lo que se ha reído con las abuelas beodas y taradas del Yaya, no ha tenido desperdicio!!!!