viernes, 11 de junio de 2010

Celia y Su


Celia llegó a La Casa más o menos a la vez que yo. De hecho, asistí "de oyente" a la petición de su madre, que se aceptó de inmediato. Su (la llamaré así) es una mujer de apariencia frágil, menuda, dulce, siempre sonriente. Habla poco porque aún no se defiende del todo con el idioma, pero se esfuerza por comprender, por comunicarse y por asumir unas costumbres que, aun pareciéndole extrañas, acepta a la primera y sin cuestionárselas. Su es cariñosa, atenta, encantadora. Trabaja en jornadas maratonianas desde el primer día (muy al contrario que otras usuarias, que buscan cualquier excusa para no doblar el espinazo, para que el Estado las mantenga), ahorra su sueldo con cuidado (frente a casi todas las demás, que esperan ansiosas el día 10 para cobrar el Salario Social y gastárselo en trapos) y procura que su hija siga unas pautas normalizadas de vida, que duerma sus horas, que coma bien (esa Celia zampando pepino crudo es digno de verse, y destaca aún más entre el marasmo de chiquillos alimentados a fritanga y chuche, o correteando por el centro a las dos de la mañana). Sobre todo, se muestra siempre cariñosa con su enana, lo que contrasta absolutamente con los gritos de muchas otras, siempre superadas, siempre deprimidas, siempre estresadas, siempre quejonas.

No todas son así de terribles, por supuesto. Ni pretendo con esto hacer una clasificación de las Mujeres Tristes. No hay perfiles, ni clases, ni tipos. La sociedad se empeña en que sí, pero no es cierto. Esto le puede pasar a cualquiera. Sí que es cierto que no todas las que lo sufren terminan en centros como el nuestro. Porque muchas tienen sus propios apoyos, o los que les brindan familiares y amigos. Así que no es de extrañar que a nosotras nos toque ver a las familias, digamos, menos estables. A las de entornos y realidades más disfuncionales. No se trata entonces del perfil de la mujer maltratada, sino del perfil de nuestra usuaria. Normalmente hablamos de una mujer muy concreta: de escasos o nulos recursos, con poca formación, con habilidades muy pobres. Una superviviente que ha pasado por casi todo y ha aprendido a golpes. Una mujer acostumbrada a la manipulación, el engaño, el victimismo, el teatro, el chantaje, la bronca, la lucha. Una mujer que transmite ese modo de vida a sus cachorros.

Por eso Celia y Su resultan tan chocantes, aunque no sean las únicas (porque hay más, hay mujeres extraordinarias en esta Casa de las Tristes). Son chocantes porque están en el extremo. Y eso a pesar de sus dificultades. Su se casó hace años con un español y dejó su país para venirse con él. Y se vio sola en tierra extraña, desconocedora del idioma y la cultura, aislada, sin amigos, obligada a romper el contacto con los suyos. Cada vez más prisionera del que creía su compañero. Después llegaron las palizas, que ella soportó porque se sentía completamente perdida y abandonada. Cuando nació Celia llegó a creer que las cosas cambiarían, pero no fue así. Su marido se quedó sin trabajo y Su se puso al frente de la familia. Él adoraba a la niña, la cuidaba, la colmaba de cariño. Nada quedaba de todo aquello para Su que, al menos, se consolaba al ver que Celia no padecía las iras de su padre. Un día, Su escapó. Se plantó en una comisaría, con sus cuatro palabras de castellano y pidió ayuda. Hizo falta una intérprete, pero Su no se achantó ante nada. Denunció y se puso a salvo junto a su hija. Y aquí las tenemos.

Celia es un pitufo de dos años, con pelo negrísimo, ojos rasgados y apellido español. Celia es una niña revoltosa, risueña, extrovertida, tanto que cuesta imaginar que haya pasado por una situación tan terrible. No tiene miedo a nada, o no lo deja ver. Abraza a todo el mundo, juega, ríe, alborota y habla por los codos, en chino y en castellano con igual destreza. Lleva apenas tres semanas con nosotras y cada día nos pasma con su inteligencia. Números, colores, formas, nada se le escapa, todo lo entiende, todo nos lo cuenta. Cada fin de semana vuelve a "su otra casa" con papá. La vemos ir contenta, diciéndonos adiós entre carcajadas. Su se queda sola y descansa de sus eternas jornadas laborales. Sonríe tímidamente y confiesa "no sé bien qué hacer sin Celia". El domingo, la niña regresa y se lanza a los brazos de su madre. Seguramente no entiende esta situación extraña, con papá en un lado y mamá en otro, con la casa de siempre y esta otra tan grande y tan rara, llena de mamás, niños y educadoras.

Su no le dice nada, no llora, no se queja, no dice cosas malas de papá. Cría a una hija que la adora y la desobedece porque no está acostumbrada a que sea ella quien la cuide. Una niña dividida, como tantos otros, que nos encandila con artes de comedianta y nos llena de esperanza con sus muecas y sus risas. Sé que ambas saldrán adelante. Confío en que no debemos preocuparnos en exceso por ellas. Porque Su pelea con ganas y no está dispuesta al desánimo. Porque Celia no lo sabe ahora, pero llegará a saberlo, y contará siempre con lo que su madre le enseña. Ojalá puedas encajar las piezas, seguir tu camino y ser feliz, Celia. Tienes buenas armas y creo que sabrás usarlas.

13 comentarios:

Rogorn dijo...

Nueva mina de historias. Espero que te dé más alegrías que disgustos.

Sí es lo que parece dijo...

Preciosa historia real de lucha y superación como muchas otras que desconocemos.

Creo como tu, que Su podrá salir adelante con su niña, niña que en un futuro espero,sepa reconocer el esfuerzo y dedicación de su madre.

Besos

Lenka dijo...

Buf, mina de historias es poco decir. Desde las más emocionantes a las más surrealistas. Algunas quedarían excesivas hasta en una película (no se la creería nadie, eso es lo paradójico del asunto). Me dan alegrías cuando veo cómo algunas mujeres se superan cada día (y algunos críos también) a pesar de no contar con demasiados apoyos, de andar lastradas de culpas y miedos o de haberse creído que son inútiles e incapaces de tirar solas. Con ellas nuestra única misión es reforzarlas y no permitirles caer en el desánimo, porque algunas están en un estado en el que cualquier revés colma el vaso.

Con otras parece misión imposible, porque su realidad es indescriptible. No encuentras de dónde sacar, la verdad. Nos pasa mucho con las más jovencitas, que generalmente vienen de entornos nefastos y han aprendido las peores maneras de sobrevivir. Nos sacan de quicio, nos ponen de los nervios y nos despiertan instintos despachurrantes, así que tenemos que respirar hondo y recordar quiénes son, cómo han vivido y que, aun madres de familia, son niñas a su vez. Peor, son adolescentes, resabiadas, de vuelta de todo, muy amargadas y detrás de todo eso tan perdidas como cualquier chavala de su edad.

A veces esta casa parece más un centro de menores, con niños pequeños y niñas de 19 años. A veces estás interviniendo ante una conducta de pasotismo de una usuaria que pone en peligro a su hijo sin darse ni cuenta y el resultado es un airado: "no me turres, pava!" Y piensas "aaaarghhhh, lo que voy a hacer es estrellarte contra la pared, petarda!!!"
XD

Pero qué le vamos a hacer, así son las cosas y los milagros no existen. No queda otra que ser realistas. Sabemos que algunas saldrán de esta, aprenderán cosas, toman nota de todo, están receptivas y saben lo que quieren y lo que no (te sabe a triunfo oír cómo una usuaria le asegura a otra: "no, guapa, lo que tengo claro es que no vuelvo a quedar con un tipo que en media hora se calza cinco cervezas en mi cara, eso ya me lo conozco") Con otras confiamos en que simplemente mejoren un poco sus condiciones. Lo que puedan.

Síes, a Su le queda (como a otras muchas) pasar por años amargos de preguntas, de miedos, de reproches de una hija que no entenderá por qué. Que quizá incluso la culpe a ella de todo. Casi todas las mujeres maltratadas pasan por ello, lo saben, lo tienen presente. Debe ser muy duro, porque no hay modo de explicarle eso a un niño pequeño sin hacerle daño, sin romperle esquemas. Y saber que ha de pasarlo, encajarlo y digerirlo. Generalmente, con los años, el niño termina por entender, lo que también le supone sufrimiento. Encajar que papá pegaba a mamá tiene que ser muy jodido. Máxime si papá es bueno y encantador con uno. Cómo entender ese otro lado oscuro? No es fácil. Niños que sienten culpa, rabia, que no quieren ver, que niegan o que justifican, por su propia salud mental. Muy duro. Aprender a vivir con eso, a gestionarlo, a querer a ambos o no, a perdonar o no, a elegir o ser neutral... a Celia le queda mucho camino, seguramente. Ojalá lo consiga y sufra lo menos posible. Porque Su lo está haciendo muy bien, pero ni por esas puedes evitar lo inevitable, el mal trago que le espera a tu enano cuando empiece a entender.

Juan dijo...

Ante los mismos estímulos, en este caso maltrato, hay diferentes formas de reaccionar.

Su es impresionante. Me encanta esta mujer. Su salvación estriba en que ha decidido no reaccionar, sino coger el toro de la vida por los cuernos y dirigirla, en vez de sufrirla. Triunfará, no me queda la menor duda. Le queda mucho, pero está en el camino de su propia salvación: sabe que sólo depende de ella misma. Y sólo quiere depender de sí misma.

Los salarios sociales, si bien pueden ser positivos, también pueden ser un enorme lastre,en el sentido de no afrontar responsabilidades, sino dejarse llevar por el victimismo y hacerse cada vez más dependiente. Hay una película, creo recordar que se llama Precious, al respecto.

Y un buen comienzo, aunque no garantiza un buen final, con buenas herramientas, como parece que tiene ella, me hace sospechar que triunfará.

Idea para una entrada, Lenka: una de diccionarios, como los que sabes hacer, sobre las distintas maneras de reaccionar ante el maltrato.

Lenka dijo...

Tomo nota!!

Tienes mucha razón, Juan. En lo de Su y en lo demás. Su llegó a la casa un tanto tímida (seguramente por su dificultad con el idioma) pero sonriente. Es amable, cercana, cariñosa. Respeta a todas las usuarias, a todas las educadoras. Mantiene sus costumbres (en hábitos de alimentación, por ejemplo, o al hablarle a su hija en chino para que no lo olvide; de hecho luego es más bien Celia la que enseña español a su madre!) y acepta con total naturalidad las de aquí. Por ejemplo: ella siempre salía a tirar la basura en pijama. El otro día le dijimos que aquí no era costumbre hacer eso, que parecía chocante. Ella se quedó muy sorprendida. "Mi marido nunca me lo dijo!" Se echó a reír y nos pidió perdón. Le dijimos que no había nada que perdonar, en absoluto, que no tenía nada de malo, simplemente en España no se estilaba. No tardó ni dos minutos en ir a cambiarse. No elude la conversación, la busca. Aunque le cueste entendernos y expresarse. Y por agotada que llegue a casa, siempre la vemos jugar y reírse con su hija que, además, es muy inquieta y la agota seguramente. Pero ella no se queja, la disfruta cada minuto.

Jamás se ha quejado de nada (y eso que algunas de sus compañeras son, como poco, bastante molestas). Ni siquiera la hemos oído quejarse de su situación, ni de su ex marido, ni de nada. Y desde el primer día se tomó muy a pecho el dejarnos claro que ella podía trabajar, que no necesitaba nada, que se iría lo más rápido posible para dejar sitio a otra mujer que nos necesitara más.

Nunca la he visto triste ni enfadada. Siempre sonríe. Da la sensación que se siente muy afortunada por cuanto tiene, sin necesitar más. Y, desde luego, no parece bloqueada ni superada por lo que ha vivido. Es como si hubiera pasado página y listo, adelante. Como si lo de ayer ya no contara. Es un verdadero encanto de mujer con toda la vida por delante (el viernes cumplió 28 años) y espero que las cosas le vayan tan bien como merece.

Realmente no la conozco de nada, sólo hace unos días que la trato y, aunque hablamos cada día, la barrera del lenguaje nos limita a las dos. Pero es que es de esta clase de personas que transmiten muchísimo sin necesidad de palabras. Y claro, no hay más que ver a Celia para hacerse una idea de cómo es su madre.

Respecto al Salario Social y esas cosas... sí, claro, toda la razón. Son cosas que se ven claramente. Tenemos mujeres que curran, que se buscan la vida como leonas, que tienen muy claro su deseo de ser autosuficientes. Y tenemos otras que han aprendido a pedir, pedir, pedir. De hecho tenemos mujeres que se inventan situaciones de maltrato para entrar en el centro y estar mantenidas lo que les dure. Y mujeres que nos utilizan entre hombre y hombre, por mera supervivencia, porque en su mentalidad o sus costumbres no entra trabajar, sino que alguien las sostenga (una pareja o el Estado). Tenemos de todo, y desde luego da para un diccionario, o varios!

Katha dijo...
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Lenka dijo...

Supongo que pasa en todas partes. Al final a cada cual le tira lo suyo y es normal buscar a compatriotas con los que entenderse. Sobre todo en casos en los que hay una barrera tan brutal (idioma, para empezar, yo es que me imagino a mí misma en China y me da un siroco; pero también la cultura, que es que no tiene nada que ver).

Mismamente es que te vas a vivir a Londres (que es país Europeo y menos "raro" a nuestros ojos que Japón, por ejemplo) y fijo que lo primero que haces es buscar Garcías. Fijo. Buscas españoles, y por extensión también argentinos, chilenos, cubanos, o cualquiera con quien compartas algo, el idioma para empezar.

Es cierto que los chinos parecen (y seguramente son) los inmigrantes que menos se relacionan. Quizá porque tienen (aparentemente) la mentalidad y las costumbres tremendamente distintas a las nuestras. Para nosotros el ocio es vital: el vermutito, el café, la terracita, cenar fuera... ellos trabajan y trabajan y nunca se les ve alternando. Ni siquiera entre ellos. Yo nunca en la vida he visto un grupo de chinos tomándose un café!! Lo más que he llegado a ver es a algunos (varones siempre) jugando un rato a las maquinitas (parece que tienen mucha afición con ellas), pero nada más.

También es verdad que hay algo que empieza a cambiar eso poco a poco: los niños. Los niños van al cole, hablan español perfectamente, hacen amigos... creo que los niños pueden ser el nexo que consiga que españoles y chinos nos terminemos acercando.

Katha dijo...

Te cuento.
Los chinos fuman, fuman muchísimo. Juegan a las maquinitas porque siempre sacan el premio. No me preguntes cuál es el truco, pero siempre sacan el premio gordo.

Me da la sensación de que los varones pasan bastante de los niños. Es una sensación, lo reconozco, pero es que sólo veía a los niños con chinas, o al cuidado de otros niños chinos. Podríamos pensar: los padres están trabajando. Sus madres también trabajan, no sólo lo hacen los padres.
A los chinos les chiflan los coches de lujo, en concreto los 4x4 de lujo (Mercedes, Audi, BMW). Si son chinas jóvenes los minis. Digo que les chiflan porque muchos los tienen. Supongo que no todos, obviamente. :-)

Las pocas veces que entran a una tienda que no sea de algún compatriota, se empeñan en querer tocar toda la comida.

Los carteles de "sus" tiendas, aquellas que no sean de ropa, todo a cien o semejantes, los ponen en chino. Lo cuál deja al resto fuera.

La verdad es que lo que te cuento es producto de la observación, distraida, porque durante una temporada pasaba cerca de un sitio donde vivían unos cuantos. Tal vez esté equivocada, porque no conozco personalmente a ninguno. Y no es que yo sea una cerrada que no hable con nadie. Más bien adolezco de todo lo contrario.

Un saludo

Katha dijo...

Rectifico, rectifico.
Ayer vi a un señor chino con sus dos niños.

CHAO

Lenka dijo...

Jajajaja!!! Por aquí or mi tierra hay un montón, y es cierto que normalmente trabajan mucho y no se les ve en ratos de ocio. Ya te digo que no es ya que no veas pandillas de españoles y chinos mezclados, es que tampoco les ves a ellos alternando juntos. Intuyo (no lo sé) que son muy frugales y no tienen esa cultura del ocio que tenemos en España.

Sí que veo a algunos hombres jóvenes en alguna cafetería, charlando y dándole a la maquinita. Pero también empiezo a ver madres con los niños en el parque, y empiezan a relacionarse con más gente. Parece que vaya todo despacito, es cierto. Su, por ejemplo, ya se plantea dejar a su hija algún ratito en la ludoteca del barrio mientras ella trabaja. Y aunque es muy tímida, se esfuerza un montón por superar la barrera del idioma y charlar con la gente.

Es cierto que nos parecen cerrados y seguramente lo sean, no digo que no. Aunque no sé si lo son más de lo que lo seríamos nosotros en Japón o en Australia. También he observado que a mucha gente de aquí el chino le parece inferior. Tal cual. No se le odia, pero se le invisibiliza. El chino es un ser raro que habla de modo gracioso y vende cosas baratas o atiende un restaurante. El chino es como un marciano. Y da mucha risa. Y hay que hablarle despacio y a gritos, porque es un poco tonto y no se cosca (lo he visto muchas veces y me pone de los nervios)

Creo que tenemos una barrera por ambas partes, cultural, idiomática y también con prejuicios mutuos. Estoy aprendiendo muchas cosas ahora que he conocido a Su, la verdad. No tengo más tiempo, ya seguiremos!!

Katha dijo...
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Luna dijo...

Buenas Lenka.
Otra invasion de tu casa!
Otra historia dificil, pero con un futuro prometedor, tanto para la madre como para la niña.
Duro trabajo el tuyo, pero seguro que tiene sus recompensas, cuando ves a esas mujeres luchar... por ellas mismas y por sus hijos.
Por un hijo se puede llegar a dar la vida, yo se que lo haria!
Besos
Rosa

Lenka dijo...

Su es de esa clase de mujeres que de repente se encuentran con una situación absolutamente absurda, inesperada, injusta y demencial. Algo que le puede pasar a cualquiera y que te parte la vida. Sólo necesitan sentirse a salvo un momento mientras recomponen las cosas. Nada más. No son casos difíciles. Son mujeres como tú o como yo pasando un episodio terrible del que quieren salir cuanto antes. Sé que Su podrá hacerlo (ya lo está haciendo, de hecho) y que logrará darle a Celia un mundo mucho mejor del que les esperaba a ambas.