sábado, 4 de junio de 2011

Nadie dijo que fuera fácil

Y quien lo dijera, mentía. Insisto en que no me puedo quejar. Estoy teniendo una preñez idílica. No he sabido lo que es una náusea, ni un mareo, ni un antojo, ni un ataque de mal humor o de tristeza. Todos los pequeños síntomas que me atacaron a mitad del embarazo (pies como globos, jaquecas) desaparecieron sin dejar rastro hace ya tiempo. Es decir, que a punto de cumplir ocho meses en este viaje, lo único que puedo alegar es lo que ya tenía antes de empezar la aventura: cansancio. Total, ninguna diferencia sustancial, salvo, naturalmente, la sensación de llevar una mochila inmensa llena de agua. Pesa. Te vuelve torpe. Te hace caminar como una oca sobrealimentada. Y correr al baño diez veces por noche, si se tercia. Luego están las manías de los enanos, claro (aunque al menos en estas son todos iguales). Tienes que dormir del lado izquierdo. Siempre. Caiga quien caiga. No sirve dormir panza arriba ni del lado derecho (panza abajo se descartó hace meses), o te fríen a patadas. No, el modo en que ellos están cómodos y reciben (al parecer) todo cuanto necesitan sin interrupciones, es que te pongas del lado izquierdo. Y cuando llevas durmiendo así varios meses, toda la pierna de ese lado protesta indignada ante el abuso, de la cadera al pie. Demasiado tonelaje para el pobre e indefenso lado izquierdo.



Y una noche, además, empiezan las contracciones esas de mentirijillas. O eso crees. En todas partes te las definen como molestias breves, de apenas unos segundos, que cursan con endurecimiento súbito de panza. Resulta que las tuyas no son así (tú, para variar, llevando la contraria), son más bien una especie de dolor menstrual de nivel 10 en barriga y riñones, con su endurecimiento pertinente y que duran aproximadamente media hora. Seguida. Nada de ir y venir, no. Tampoco varía la intensidad. Es un dolor fijo de media hora que no te permite estar acostada, así que tienes que levantarte y pasear. Mientras paseas, no duele. Que te tumbas a los cinco minutos? Mal, el dolor sigue ahí. Arriba, bonita. Tienes que esperar media hora, es lo que hay. Cuando al fin se pasa, puedes volver a dormir (si los calambres en la pierna izquierda y la flojera de vejiga te lo permiten). Pero que sepas que las contracciones esas volverán dos o tres veces más cada noche y alguna que otra por el día. Me gusta pensar que, aunque aún nos falte camino, el cuerpo se va preparando para la traca final. Bien. Nadie dijo que fuera fácil, pero aquí estamos. Listos y con la maletita a punto. Quién dijo miedo?

4 comentarios:

Blog A dijo...

yo me sabía que estaba embarazada por que enogoradaba, y tenía sueño eso si, al principio,lo peor parir, pero por lo menos eso no dura 9 meses jajaj también descubrí que no dilato mucho y eso tenía los medicos esperando sin que aquello dilatara y a mi sufriendo, pero de esto hace hoy exactamente 24 años que nacio mi niña.
animo estas en al recta final..

Lenka dijo...

A mí lo que menos me asusta es el parto. Lo que realmente me acojona es cuando me vea con los dos bichos en casa pa siempre!!!!!

XD

Ines dijo...

Para siempre no, Socia... sólo hasta los 20 o así... (Hay que fomentar desde pequeños la idea de la independencia de casa paterna!!!)

Lenka dijo...

Cierto, cierto, que si no luego se acomodan y no hay manera de echarlos!