
Algunas siguen estando, otras han tomado nuevos rumbos. Para bien o para mal. Cuando es para bien no volvemos a verlas (mejor para ellas!!) y cuando es para mal sabes que volverán (peor para nosotras!!)
También las hay nuevas, claro. Caminan despacio, midiendo cada paso, como si aún no se atrevieran a creer que aquí no corren peligro. Sus hijos se encierran en un mutismo triste, no te miran a los ojos y rehuyen el contacto con todo el que no sea mamá. Los observas (a ellas y ellos) sabiendo que poco a poco renacerán de sus cenizas. Y que será digno de ver.
Parece difícil llegar al fondo de una criatura tan lastimada y hermética. Pero dan pistas. Ofrecen mucha información si sabes ver. Sus juegos, su modo de moverse, sus fobias, sus manías, las frases a las que se aferran, sus fantasías. Las primeras veces te sobrecoge, te inquieta. Luego aprendes a traducir esas supuestas vocecitas que oye una niña, el pavor a los ojos que brillan en la oscuridad, por qué aquel choca intencionadamente con las cosas o se deja caer al suelo, los dibujos en los que mamá está a salvo en lo alto de la torre, o lleva un casco que la protege, o papá es un gigante malencarado al que hay que meter en una jaula, a veces con las manos bien atadas.
Están las adictas al teléfono, las que siempre llaman pero no actúan. Esas que se lamentan, te culpan de no ayudarlas, de no salvarlas, pero ni quieren denunciar, ni escapar, ni romper, ni renunciar a ellos. Están también las vividoras, que mienten compulsivamente, que te enredan con lo que quieres oír pero se delatan al preguntarte si podrán salir de noche para ver a algún "amigo". Están las que quieren fonda, mesa puesta y una pensión del estado, no tienen el menor inconveniente en autolesionarse para ello o inventar cargos que no existen. Están las de siempre, en definitiva. Veteranas o novatas, de una especie o de otra, pero están todas.
Y está el gremio. Las compañeras. Con sus filias, sus militancias, sus esquemas propios. Está el sistema, desubicado y no pocas veces absurdo. Contaminado. Anclado en curiosos baremos. Demasiado blando ante la madre negligente (cuántas denuncias hemos puesto a las zorras que desaparecen con sus bebés fines de semana enteros, para retirarlas rápidamente a su regreso, aunque el crío venga famélico y cubierto de roña y piojos?) y demasiado fundamentalista en puntos que no alcanzo a comprender. Una chica joven logró romper por su cuenta una situación aberrante con su novio. Tiempo después, se enamoró de una mujer. Lamentablemente, la nueva pareja empezó pronto a extralimitarse en su "amor". Albricias, pensé. Veamos cómo se enfoca este asunto. Os diré cómo se enfoca. "La demandante refiere estar viviendo una relación con una mujer que mantiene conductas de hombre maltratador". Sí, habéis leído bien. Porque una tipa nunca maltrata. Como mucho, mantiene conductas de hombre. De hombre malo. Se va a intervenir con esta chica. Pero en base al maltrato que sufrió en el pasado. Porque el caso actual, al parecer, es irrelevante.
Tenemos a un crío expulsado varios días del colegio. Al parecer golpeó en el recreo a una compañera menor que él. Hablamos de niños de diez y ocho años. Un empujón violento (y con toda la intención) que provocó contusiones leves en la peque. Me parece bien que se le llame al orden. Sin duda. Me parece bien que se le discipline por sus modos violentos y hasta por abusar de alguien menos fuerte que no podía defenderse. Lo que me deja boquiabierta es que el expediente añada "la circunstancia de género" como agravante. Circunstancia de género. En niños de primaria. Ajá. Demos por sentado que un niño ya sabe lo que es la circunstancia de género, que cuando pega a una niña lo hace por cuestión de sexo (y no por un balón de plástico, motivo por el cual habría pegado también a un varón), que es un maltratador en potencia. Que se le puede hacer responsable de algo que ni entiende. A nadie se le ha ocurrido que quizá pega a las niñas porque para él son iguales que los niños, y, por tanto, arreables. Que el problema es, sin más, pegar. A quien sea. Y tampoco se les ha ocurrido a estos ilustres pedagogos que, en todo caso, al tratarse de un niño que ha sufrido violencia siempre y ha crecido viendo cómo su madre es golpeada por todos los hombres que se le acercan, tal vez no deba considerarse agravante, sino todo lo contrario.
Hace años me hice el propósito de marcar en el calendario el primer día que lograra no ver en la tele una violación, un asesinato, una bofetada o un zarandeo recibido por una mujer. El primer día que no tuviera que oír un "zorra" o un "puta". Ni la ficción del cine ni la gris realidad del telediario me han dejado, por el momento, estrenar el rotulador. Ahora llegan los Reyes, con sus rosas, sus azules y sus etiquetas bien precisas. En medio de todo esto, que alguien me explique cómo un crío va a entender la circunstancia de género. Qué circunstancia? Cuál de ellas?