
Cuando la conocí pensé que era una zorra egoísta y malencarada. Y probablemente lo sea, la verdad. Pero poca gente es lo que es porque sí. Suele haber razones. Las de NP son de las que pesan. No debe tener más de 21 años, y aparentemente es la típica choni poligonera, mestiza, callejera, sin estudios, bruta, malhablada, pasota y con mal genio. Debajo de todo eso, de los kilos de maquillaje, el pelo hecho rastrojo a base de tintes baratos, de la ropa de fulanona y la actitud chulesca, hay sombras alargadas que le pesan en los párpados.
NP es hija de un par de yonkis, de esos que vivían aquí y allá y sobrevivían con el único objetivo del próximo pico. Servicios Sociales la rescató de la calle y la metió en un centro de acogida. Pasó por varios y creció como suelen crecer esos niños. A los 13 años se fugó y se echó un novio, marido, amante o lo que diablos fuera. Por más datos, otro mestizo callejero, como ella, pero además yonki y esquizofrénico. No tardó en quedarse embarazada y tuvo una niña que actualmente tiene 6 años y vive con sus bisabuelos (abuelos de NP). Después vino el bebé que falleció de muerte súbita. Y luego vino Ze, que tiene ahora 1 añito. Como el padre de las criaturas empezó a usar a NP de saco de boxeo, ella cogió a su enano y se vino a La Casa de las Mujeres Tristes (donde, para más narices, se encontró con la segunda mujer de su padre, también maltratada, y con los hijos de esta, a la sazón sus propios hermanos). Y quedó muy claro desde el principio que era una superviviente más, pero de esas que caminan por el peor lado del camino.
NP, como muchas otras, no tiene más habilidades que las que le permiten aguantar un día más. Sabe mentir, llorar sin lágrimas, manipular y eludir cualquier responsabilidad. Luce una fachada de tipa dura que, seguramente, tiene parte de verdad y parte de espejismo. Está, al mismo tiempo, de vuelta de todo y en pañales. Anda perdida en su propia vida, a caballo entre la adulta que debiera ser (por sus circunstancias) y la adolescente gilipollas y despreocupada que debiera ser (por su edad). Trabajar con ella resulta insoportable, porque sus maneras déspotas son la mezcla de todo eso: de lo mucho que sabe (en las peores asignaturas) y de lo poco que sabe (de las que merecen la pena). Tienes que cambiar el chip. Porque no tratas con una mujer "normal", por mucho que sea madre o por años de tralla que arrastre. Tú quieres que sea una madre al uso, responsable y madura. Y te tiras de los pelos al comprobar que es una petarda en plena edad del pavo. Con el agravante de que no es una petarda al uso tampoco. No es una cría a la que puedas mandar a su cuarto, o soltarle una sentencia demoledora sobre lo que es la vida. Es una cría que sabe mejor que tú lo perra que la vida puede ser. Así que tienes que conseguir (como sea) que entienda que la entiendes, y que, aún así, no le compensa ir por ahí. Y que no le compensa porque lo dices tú, que lo sabes. Y lo sabes porque eres así de lista.
Ze es un enano de esos de anuncio. Blanquísimo, rubísimo y de ojos azulísimos. Siempre está sucio, come cuando su madre se acuerda de alimentarlo, duerme cuando a su madre se le ocurre que quizá deba dormir. Se pasa la vida en la calle, cubierto de ropa en plena solanera o medio desnudo bajo el temporal. NP se ha buscado un hombre (porque es de esas que no conciben la vida de manera independiente, trabajando; necesita un tío que la mantenga y la "cuide", aunque sea a hostias). Sabe que debiera tener cuidado, porque las iras del primero si descubre que a "su hembra" se la calza otro, constituyen un peligro absolutamente real. Supongo que asume ese riesgo, o prefiere no tenerlo en cuenta. Las mujeres como ella no denuncian, no piden protección policial. De algún modo se acostumbran a vivir en constante amenaza, mirando por encima del hombro para descubir si las sigue cualquiera de sus verdugos: el padre, los hermanos, la ex pareja, el clan de la ex pareja... cualquiera que considere que ellas pertenecen a alguien y que si abandonan el redil precisan un escarmiento. O una reparación por la ofensa. Por la honra mancillada.
El caso es que NP prefiere ignorar tales riesgos (o los asume de la peor manera posible) y opta por acudir puntualmente a su cita diaria con su nuevo enamorado en la chabola de turno, agarrarse algún que otro colocón con él y pegarle unos polvos mientras Ze gatea entre basura, botellas rotas, jeringas usadas o mierda de perro. Servicios Sociales la tiene avisada. Sabe que está bajo estricto escrutinio. Sabe que observamos sus pasos, sus hábitos, las condiciones en que mantiene el apartamento que el Centro (papá Estado) le ha proporcionado, sabe que olisqueamos a Ze, que registramos cada llanto, cada sarpullido, cada resfriado que pasa sin que se le lleve al médico, cada vez que llega a casa de madrugada, cada comida que se salta, cada boquete en su ropa. Sabe que anotamos cada vez que ella no se presenta en una entrevista de trabajo, en una cita con la Trabajadora Social, cada vez que se gasta la pensión en trapos mientras mendiga leche a las compañeras para los biberones. Sabe todo eso, pero parece no importarle demasiado.
Supongo que ha decidido que somos el enemigo (nosotras, la Sociedad entera), así que para qué molestarse. Ha elegido el camino de la indiferencia y la rendición. Pasiva agresiva. Sabe que queremos quitarle a Ze, pero nunca admitirá que lo queremos por el bien del niño y no porque encontremos divertido joderla a ella. Me revienta cuando no asumen, cuando no luchan, cuando se limitan a culpar al mundo de todo lo que les pasa (incluidos sus propios errores). Aunque procuro recordar que hay detalles de una vida que caben en una ficha, en un informe, y que explican muchas cosas. No las justifican, quizá. Pero ayudan a entenderlas. NP es una zorra egoísta y malencarada. Y también una niña perdida, asustada y rabiosa. Es ambas cosas y no sé si podemos salvarla. Pero debemos salvar a Ze. Cuanto antes.