
Cuando La Mamma dejó de comprarlas yo dejé de desayunar. Tal cual. Ya no tenía sentido ingerir alimento por las mañanas. Para qué? No había nada que se les pudiera comparar en este mundo. Parece ser que en el super no las tenían (así, de repente, sin avisar ni nada). La Mamma probó con otras marcas, pero nanay. No era lo mismo. Ni Príncipe ni gaitas. A Godzilla le daba igual, claro, engullía cualquier cosa. Pero servidora siempre ha sido muy suya en el tema galletil. No me gusta el dulce, a excepción del chocolate. Y NO puede ser cualquier chocolate. Tenía que ser AQUEL.
Años después, de pura chiripa, descubrimos que Elgorriaga estaba haciendo galletas en plan marca blanca de supermercado. Albricias. Las mismas, pero más baratas. Las había en varios sitios: paquete rojo o paquete marrón. Empezamos a comerlas por kilos. Los desayunos volvían a mí. Pero el destino es cruel y esquivo, así que de nuevo fueron desapareciendo. Tras numerosas pesquisas, les dimos caza por enésima vez. Tal super, marca blanca, paquete azul. Me pegué mis buenos descansos por aquello de la línea y tal. Cometí el sacrilegio de pasarme a los cereales (sí, ese alpiste inmundo con trazas de serrín) y ellas no me lo perdonaron. El otro día me las tropecé, creía yo, en su último refugio conocido. Al tres por uno. Y pensé "qué demonios". Estaba deseando que llegara el día siguiente, por el mero placer de desayunar. Ríete tú de los nervios en noche de Reyes.
Casi madrugué, no digo más. Me preparé un batido de chocolate fresquito (siempre de la nevera, sí, Mamma, y sin dolor de tripa, deja de sufrir) y agarré el preciado cilindro galletoso. Rasgué el envoltorio... y... ops. Aquí pasa algo. Este NO es el dibujo de mis galletas. Calma, calma, lo mismo han cambiado el logo, total, es marca blanca, a saber... pero no, espera. Este NO es el color de mis galletas. Y, maldita sea, este NO es el olor de mis galletas. Aferrándome a la esperanza con uñas y dientes (sobre todo con dientes) me decidí a mordisquear aquella oblea impostora. Efectivamente. Mil millones de mil diablos. NO son mis galletas. Son como todas esas galletas parecidas que NO son iguales y que detesto. Duras, secas, avainilladas, demasiado dulces. Puaj. Atragantada de indignación (y de asquito) compruebo la letra pequeña. "Fabricado por..." Ein?? Y quién puñetas sois vosotros???? Cómo osáis????
En fin, las azules tampoco son ya Elgorriaga. Horror de los horrores. Busco por la red (lo juro) y compruebo que no lo he soñado todo. La firma existe. Hay pruebas. Fotos. Una bonita historia de pequeño negocio familiar, expansión y posteriores tejemanejes empresariales. Que si la compran unos gabachos... que si la recompra el loco ese de la abeja y su señora la futbolera de los flanes... Anda, mira, yo las recordaba rojas... pero son amarillas. Eran amarillas entonces?? Será que recuerdo más las de tapadillo que las reales, todas aquellas galletas de contrabando que se disfrazaban de tonos extraños pero llevaban en un rinconcito la rúbrica delatora, esa que confirmaba las conclusiones de mis insuperables papilas gustativas?? Sea como fuere, bien, respiro tranquila. Existen aún. Pero dónde, en nombre de Triki, dónde puñetas las venden?? Cómo las consigo?? Cuánto hay que pagar?? Por qué me las arrancan de entre los dedos y las esconden?? Yo os maldigo, bellacos!!!!
Posiblemente esta sea, de largo, la entrada más imbécil en la historia de este blog. Pero, qué queréis? Es el sabor de mi infancia. Cuál es el vuestro??