jueves, 2 de agosto de 2007

Soy irritante

Esa es la conclusión a la que he llegado. Seamos honestos, una se conoce. Y se asume. Yo sé que soy borde, vehemente, que tengo mal carácter y que la ira es uno de mis pecados. Lo tengo muy claro. Y, por si alguna vez llegara a dudarlo, sólo tengo que recordar aquella frase de mi padre: "qué pena, hija, con lo guapa que eres y no va a haber dios quien te quiera con lo vinagre que eres". Más razón que un santo, Pater. Soy un erizo, un cactus. Mis rubias también me lo recuerdan, sabiamente, y procuran endulzarme a base de ataques besucones y comandos almibarados. Hacen lo que pueden, pobrecitas mías.
Soy así, pero no me basta. No soy de esas personas que se acomodan y afirman: "al que no le guste, que no mire". Me pregunto, como supongo que hacen muchos, por qué demonios tendría que cambiar. Me pongo chula con el mundo y pienso: "que me acepten, qué demonios". Pero no, no me sirve. Bien, nunca seré Doris Day. No me vestiré de rosa chicle y andaré por el mundo repartiendo abrazos. Esa no sería yo. Pero siempre se puede mejorar. Y sí, es obvio e indiscutible que un carácter alegre, positivo, optimista y risueño es mejor que uno esquivo, huraño y malencarado. Así que intento mejorar en la medida de lo posible, aceptando aquello que creo honestamente que no podré cambiar y puliendo las asperezas que sí pueden ser cambiadas. Creo que es sano intentarlo. Burlarse de los fallos de una. Intentar ser mejor.
Personas muy sabias, cualificadas y estudiadas me han dicho que tengo un carácter melancólico. Será cosa de neurotransmisores o vete a saber. Cosas de esas que quizá no tienen arreglo, salvo con pastillitas de colores. Y, francamente, paso. Prefiero una tristeza honesta a una felicidad artificial. He aprendido a vivir con esa nostalgia permanente, me invita a pasear junto al mar, pensar, hacerme preguntas filosóficas y también me inspira para escribir. Le saco partido. Es más, creo que esos ataques imprevistos de pena injustificada no son más que un mecanismo de mi cerebro, y quizá de mi cuerpo, para descansar, para aflojar un poco, para tomar aliento antes de un nuevo estado de euforia. Porque esa es otra. No tengo término medio. Vivo en una montaña rusa y puedo cambiar de estado de ánimo siete veces en un mismo día. Voy de la risa al llanto. Puedo ser el alma de la fiesta, o el alma en pena. El payaso o el pierrot. Un ganso enloquecido o un cuervo graznando. Y siempre sin motivo, sin explicación. Siempre he sido así. Mi pobre madre se lamenta de tener dos hijas en un sólo cuerpo y de no saber nunca con cuál de ellas está hablando en cada momento. Como digo, lo tengo asumido. No intento luchar contra mi naturaleza, pero sí contra la manera en que la muestro a los demás. Yo no tengo la culpa de ser así. Ellos, menos aún. Así que esa es mi lucha.
Sin embargo, la conclusión a la que estoy llegando es que soy francamente irritante para ciertas personas. Son ya demasiados casos de odio a primera vista. Me gustaría poder decir que todas esas personas siguen un patrón común, pero no seré tan simple. Es cierto que todas ellas se me antojan parecidas entre sí, que todas ellas me suenan muy similares (para más información, leáse una entrada titulada "Síndromes diversos", escrita en vaya usted a saber qué fecha, en este mismo blog, y que describe a todos esos iluminados que repiten la cantinela esa del "yo contra el mundo") Les saco de quicio, les ataco los nervios. Creo que hasta les provoco pesadillas. Es algo de mi manera de ser, o de mi manera de expresarme. No sé si les resulto soberbia, arrogante, pagada de mí misma, sabihonda o todo eso junto. De eso es de lo que suelen acusarme. Me resulta curioso que pueda dar esa imagen, cuando soy una de las personas más inseguras que conozco. Cualquiera que me trate puede atestiguarlo. Todo lo que tengo de borde y cascarrabias en confianza, lo tengo de apocada entre desconocidos. Soy de esa gente que no se atreve a decirle al camarero: "Oye, que te había pedido un café con hielo y me has traído una manzanilla". Soy de esas taradas que no osan espantarse a un moscón y corren a esconderse detrás de una amiga. De las que jamás preguntan por el sueldo cuando las contratan y pasan sudores confiándole una preocupación a una amiga, tras seis meses de darle vueltas a la convenciencia o no de desahogarse. Qué rara soy, joder. Creo que doy una imagen totalmente distinta a cómo soy realmente. Es un gran fallo que debo corregir. Suponiendo que sea eso, claro. Como hago siempre, no afirmo. Dudo. Me hago preguntas. A mí misma y al mundo en general. A lo mejor es ese el fallo. Que me hago preguntas pero parece que las respondo, que intento sentar cátedra. Quizá sea eso.
En cualquier caso, soy irritante. Y, me vais a perdonar, pero en ocasiones me encanta. Cuando se trata de ciertos personajes, no puedo menos que reafirmarme. Y esto sí que lo digo con vanidad, chulería, soberbia y arrogancia. Y hasta con nocturnidad y alevosía. Soy irritante, cariño. No te metas conmigo.

14 comentarios:

Celadus dijo...

¿Y que esperabas? Eres géminis ;) A mi es que, qué quieres que te diga, me cuesta mucho aceptar que nadie sea tal o cual cosa. Me parece un simplificación tremenda. Mira que te conozco poco, pero te peudo asegurar desde ya que no eres irritante. La prueba es que a mi no me irritas. Tendrás tus momentos en que resultes insoportable para alguien, como los tenemos todos. Pero ese rasgo de tu caracter no determina lo que eres.
Lo curioso es que siendo ciclotímica te definas como melancólica, olvidando la otra cara de la moneda. Quizá es porque Mr. Hyde pueda con el Dr. Jekyll pero eso puede ser algo circunstancial. No se, tú te conoces mejor que nadie.

Lenka dijo...

Es que esa es la parte esencial, sin duda. Pero recuerda que he mencionado los extremos, los ataques de euforia, las gansadas... esa también soy yo. No olvido la otra cara de la moneda, es sólo que creo que la melancolía es mi estado natural, salpicado de mútiples momentos de estallido.
;-)

Y no, no es que me considere irritante en general y sin remedio. Es que me sorprende lo irritante que puedo llegar a ser para ciertas personas, la imagen tan terrorífica y extrema que les doy. Ya sabes a qué me refiero (y no dudes que esta última entrada no está exenta de cierta ironía morbosa, jejejeje...)

Gracias, Gemelo!

Celadus dijo...

Je, je, je. Lástima que esas personas precisamente no te van a leer. :))

Lenka dijo...

Tampoco lo escribo para ellas...

Sería como echar perlas a los cerdos...

(Arrogante insufrible modo on)

;-)

Lal dijo...

No se puede caer bien a todo el mundo. Además, irritar a determinadas personas es una virtud ;)
Besiños!

Lenka dijo...

Jajajajajajaja!! Gracias, Lal!!! Besines!

Cristina dijo...

No quiero que cambies Len. Lo importante es que eres tu. A todos nos ha pasado que un día estamos mal, pero al siguiente nos levantamos estupendamente. Pero eso es normal. La vida no es lisa, sino que está llena de baches, y son esos baches los que hacen que cambiemos de humor.
Y como te dice Lal, el irritar a determinadas personas es una virtud.
Muchos besos.

Eli dijo...

Yo te conozco, Len, al menos tan bien cómo el medio informático y las largas noches de vigilia compartidas nos lo permitieron.
Te conozco, digo. Y sé cuánto te gusta reir, ser amada, bien recibida...
Quizá eso que tu llamas irritación sea la envidia que provocas en algunas personas que no han sido capaces de reconocer a la verdadera Lenka que hay en tu interior.
La furia, la ira, son la otra cara de tu forma apasionada de ser.
Y si eso irrita a algunos, con su pan se lo coman.

Anónimo dijo...

Pues sólo puedo decir que quien no te aprecie no sabe lo que se pierde.

Ro

Anónimo dijo...

Así se habla Ro!!

Alberich.

Lenka dijo...

Si Cris me dice que no cambie, lo lamento por los que se irriten, pero... es lo que hay, señores.

;-)

Lenka dijo...

Anda, cuántos amigos!!! Pasad, pasad, tomaos algo, no os había visto!!!

Mil gracias, Eli, Doc y Ro. Así es más fácil ser irritante.

Se os quiere!!!!

Anónimo dijo...

Sí, ciertamente a veces no hay quien te aguante pa que vamos a discutirlo, pero todos tenemos algo, no somos perfectos qué le vamos a hacer.

Pero lo bueno de la amistad es que aceptamos a la gente por cómo es, y tú eres consciente del caracter que tienes y a veces intentas controlarte, que es lo bueno. No eres de esas personas que ni siquiera se paran a pensar en que a veces pueden hacer daño con lo que dicen o hacen.

Tienes muy buen fondo querida y por eso te queremos tanto.

Para endulzarte seguiremos con nuestros ataques de amor y mimos.

Un beso erizo.

Marechek

Lenka dijo...

Lo bueno es que, a veces, a ti tampoco hay quien te aguante, cacho secretaria!!!!

(Juaaaaaaaaas...) ;-)

Encantada de volver a leerte por aquí!!!!