
Es curioso que tantas veces la culpa y la alegría caminen de la mano. Te alegras cuando la vida te concede un deseo y, automáticamente, te duele que no se lo conceda a otros.
Me tiré meses y meses conjurando a los dioses, al cosmos, a las estrellas fugaces de agosto, a Cebri y la corte celestial de sabios, a mis ancestros en el más allá y a todo aquello que me mueve los entresijos. Poniendo en cada ruego toda la espiritualidad pagana, absurda y mestiza de mi alma pecadora. Incluso visité la ermita (la suya) y escribí a sus santos en esos cuadernos cuajados de súplicas. No pedía para mí, por cierto. Pedía para ella y por ella. Porque sentía que ella lo deseaba mucho, quizá más que yo. O no, quién sabe? El caso es que yo dudaba a veces. Sigo dudando, de hecho!! Dudo de todo, como siempre. Dudo de si podré, de si sabré, de si estaré a la altura. Jamás dudaría sobre ella. Sé que ella puede, sabe y sobrepasa cualquier altura.
Esto no es falsa modestia, ni significa que me infravalore. No. Sólo que dudo. Es humano dudar, lo sé. Es sano. Es normal. No te hace peor. Y, como ella es humana, seguro que también dudaría. Pero no importa. En cualquier caso, yo pedía para ella, soñaba para ella, visualizaba por ella. Deseaba esto para ella. Y lo sigo deseando con cada fibra de mi ser. Así que me alegro infinito por mí y sé que ella se alegra infinito también. Pero no dejo de pedirlo.
Porque quiero que tengas esto, Dalai. De verdad que sí. Y no pienso dejar de incordiar al cosmos. Así que no le quedará más opción que dártelo. De un modo o de otro, pero tendrá que hacerlo. O se las verá conmigo.
Y tú, mi preciosa Rubia chiflada. Sabía que eras secretaria, reina de la pista, perfecta anfitriona, planificadora, marujilla eventual, pijafashion militante, modelo de fotografía, morritos lanuit, campeona de hojas Excel, novia amantísima y amiga con mayúsculas. Resulta que también eres una guerrera. Yo ya lo sabía. Espero que tú también lo sepas.
Besos a ambas dos y que Santa Rita nos cuide!